174 minutos

José Luis Barrera

 

 

Los reclamos quedaron fuera del pacto. Además, él no tiene razones para quejarse porque ella es cariñosa, acepta su torpeza y solo responde a las riñas con besos. Tolera incluso las maratones de películas checas que su buen gusto impone.

Pero los problemas siempre empiezan el viernes en la mañana y van in crescendo hasta derivar en una erupción incontenible que solo termina el domingo en la mañana cuando ella vuelve para desayunar con él y La Dolce Vita.

Durante esos 174 minutos del domingo el silencio reina. Solo la voz sedosa de Mastroianni impide que la calma se convierta en muerte.

No se trata de celos corrientes. El hombre tiene un vacío terrible y ella, en vez de llenarlo, prefiere cubrir su propio vacío con el de mujeres, adolescentes y acaso hasta hipogrifos y centauros.

“¡Orgías, seguro hay orgías!”

Cuando la película está a punto de terminar, él mira a su amante y le hace con las manos el mismo gesto, entre resignado y ridículo, que Mastroianni, dentro de la pantalla, le muestra a la niña rubia mientras yace de rodillas en una playa italiana.

La mujer sonríe igual que la niña. Su expresión parece decir: “es culpa de tu cuerpo”. Luego, se pone de pie y lleva los platos del desayuno a la cocina. Ambos saben que él no puede ayudar.

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Este relato forma parte del libro “Cadáver exquisito”(en preparación)

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