“Canadá”, de Richard Ford

Germán Cáceres

 

 

Canadá no es una primicia bibliográfica, pero el hecho de estar considerada como “…una de las primeras grandes novelas del siglo XXI” (Johan Banville), justifica una nota.

La deslumbrante prosa se luce en los párrafos extensos que enumeran múltiples detalles acerca del aspecto físico de los personajes. Sus descripciones de ambientes y ciudades son prodigiosas por su minuciosidad. Es profundo el análisis psicológico de los protagonistas: “…tomando decisiones equivocadas que le parecieron buenas de verdad en su momento, pero finalmente malentendiendo el mundo al que había regresado y convirtiendo tal malentendido en su vida misma.” En cierta forma, Ford considera que ellos no comprenden los que les pasa ni a la realidad que los rodea (“Es un misterio cómo somos. Un misterio.”)

Dell Parsons, un profesor sexagenario, narra la historia de su familia (de la cual él es uno de los mellizos –el otro es su hermana Berner-), a la cual le aguarda un final aciago y, desde el comienzo del libro, cuando él solo contaba quince años, crea un tenso suspenso sobre ese futuro tormentoso. Asombra la adaptación de la escritura al punto de vista adolescente del protagonista.

Está excelentemente abordada la evolución del carácter y de las acciones de sus padres (Bev y Neeva), ambos comunes y decentes, que se encaminan imperceptiblemente, sin advertirlo, hacia la delincuencia. La pareja se comporta como si los actos no tuvieran consecuencias. Estas traumáticas y trágicas circunstancias resultan opresivas y, a la vez, humanas, porque aunque su padre sea un torpe perdedor, Dell tiene una mirada cándida y benevolente hacia él.

En la segunda parte (hay tres) Dell ingresa a Canadá en su frontera con los Estados Unidos y debe adaptarse a la vida rural y a las múltiples tareas que la misma le requiere (se podría decir que Richard Ford presenta a tranche de vie). Allí intuye que una nueva amenaza encarnada en un extraño personajes (Arthur Remlinger) se cierne sobre su ya castigada existencia.

Pese a estar ante una novela patética y con desenlaces fatales, el autor opta por una visión optimista, pues en la tercera parte Dell ya es profesor y está casado: su firme voluntad le ha posibilitado seguir adelante, superar las desgracias y acceder a una vida madura.

Ya se ha señalado en oportunidad de comentar los relatos de Francamente, Frank, la extensa bibliografía de Richard Ford (Jackson, Mississippi, 1944) y los valiosos premios que obtuvo. Solo resta agregar que él ha superado un grave problema de dislexia, que recibió el premio Princesa de Asturias de las Letras 2016, que escribir la novela reseñada le llevó unos veinte años y que por ella mereció en 2013 la Medalla Andrew Carnegie y el Premio Femina Extranjero, y que fue considerado nada menos que por Raymond Carver como “El mejor escritor en activo de este país”.

Correcta la traducción de Jesús Zulaika.

Canadá”, de Richard Ford. (Editorial Anagrama, Buenos Aires, 2014. 512 páginas)

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