Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “¿No era yo Pablito Ruiz?”

Italo Costa Gómez

 

 

 

Cuando yo estaba en tercero de media llegó a mi colegio un profesor de canto. Era gordito y bonachón. Desde la primera clase me amó y fue el educador que mintió de forma más descarada en la historia de mi vida.

El coro del colegio lo conformábamos veinte chicos aproximadamente. Yo me defendía más o menos y, como en tierra de ciegos el tuerto es rey, yo era la voz de las actuaciones del Día de la Madre, el Día del Padre, el día del estudiante, el día de la flor, en todos los días. Me buscaba y me daba mi letra y me sentía el Cristian Castro del grupo. El profesor decía que yo era tenor. Pobrecito el profesor y pobrecito yo también, porque a esa edad cándida tú te crees todo lo que te dicen y, según yo, mi voz estaba destinada a calmar las aguas y a devolverle la vida a los perritos muertos.

En una actuación vi llorar al Padre Bruno (que era el Director) cuando interpretamos “Mama son tanto felice” de Luciano Pavarotti. Ahora estoy seguro que no era de la emoción sino de angustia. La cosa es que cuando salí del colegio con el título de tenor (no te vayas a huevear) empecé a estudiar actuación, mientras me preparaba para dar mi examen de admisión para entrar a estudiar Periodismo; y, en una de las audiciones frente a la Escuela Nacional de Bellas Artes, me preguntaron qué talentos tenía y yo respondí bien seguro de mí mismo que era cantante.

– ¡Ah caramba! Eres cantante. Por favor deléitanos un poco con tu voz. ¿Qué te gustaría cantarnos?
– “Lo que gusten, ustedes elijan el ritmo” – que conchudo era, panudo encima.
– “¿Te sabes La Flor de la Canela?” – me preguntaron. Por favor, la duda me ofende. 

Aclaré la garganta, tomé un poco de agua y grántico pálmani zum: “Déjame que te cueeeeeente limeñaaaa…” según yo nacía una estrella, se iluminaba el firmamento.

Cuando terminé de “cantar” nadie aplaudió. Que fea es la envidia, pensaba. Los coach ya me habían visto actuar y el que hacía las audiciones me dijo: Flaquito, quédate un rato.

¿Contrato a la vista? ¿Quería ser mi manager? Acepté esperarlo.

Cuando ya estábamos solos me dijo: “Tienes una vena natural para la comedia y podrías hacer un estupendo stand up comedy si te lo propusieras. Tienes pasta para actuar, solo que no tienes técnica, aunque eso se aprende con el tiempo y las experiencias. Escucha bien el consejo que te voy a dar: por nada del mundo cantes. Si tu mamá te dijo que cantabas bonito, te estaba mintiendo. No vas a llegar a ninguna parte cantando.”

Me lo decía de corazón, me lo decía por mi bien. Y yo pensaba: “¡Pero si yo soy tenor! Mamma son tanto felice, broder…”. Resulta que doy asco cantando y que mi profesor de coro me mintió; o en todo caso yo le causaba menos arcadas que mis compañeros. Y nunca más lo volví a intentar públicamente.

Y así fue como se murió mi sueño de ser el nuevo Pablito Ruiz peruano. No llegaría a ser nunca un Locomía. Cosas del Orinoco.

Italo Costa Gómez. Comunicador y periodista.

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