“El otro lado”, de Alfred Kubin

Germán Cáceres

 

 

 

Kubin describe una comarca utópica situada en Asia Central y llamada el Reino Soñado: “Vida normal y mundo soñado son, quizá, opuestos, y es esta diferencia la que dificulta tanto la explicación.” El autor posee el arte de narrar, sobro todo cuando al principio articula una fábula a la manera de Tolkien, provocando que la lectura de El otro lado sea tan placentera y encantadora que puede entenderse como un cuento de hadas: “Hablé de bosques azules de nomeolvides, de millones de relucientes gotas de rocío sobre las que se asomaba el sol. Hablé del trino de los pájaros, del sonido festivo de trombones de plata”. La historia es narrada por un ilustrador que recorre el Reino. Precisamente, Kubin era grabador y dibujante: las bellas imágenes en blanco y negro del libro le pertenecen; sus trazos funcionan como si fueran apuntes para un posterior trabajo al óleo. Estéticamente se aproxima al expresionismo.

Pero la historia comienza a encaminarse hacia el absurdo. Por ejemplo, la actividad económica casi no existe porque no produce consecuencias: ni se gana ni se pierde dinero (“Es que aquí, simplemente, las fantasías eran realidad”). Sucede que los actos y razonamientos de los soñadores –así se denomina a los habitantes– carecen de sentido y sus diálogos solo exponen vaguedades. Su comportamiento remite a los Hermanos Marx y también a Franz Kafka: hay un palacio cuyas salan conforman un laberinto El narrador “No lograba entender absolutamente nada”. Tampoco falta el humor y el animismo que afecta tanto a la Naturaleza como a los objetos.

Hacia la mitad la novela cambia de tono y se encamina hacia el terror. Ahora se está más cerca de Lovecraft, y todo el Reino se transforma en una pesadilla opresiva en la que imperan la locura y el espanto.

Está muy lograda la descripción de la insólita somnolencia que padecen los pobladores mientras la región es invadida por toda clase de animales. Y finalmente ocurre el esperado caos total, el alucinante desmoronamiento de la comarca dentro de una ambientación fantástica y enrarecida que Kubin desarrolla de manera magistral.

La escritura de Kubin es elegante, exquisita, propia de un orfebre de las letras. Impecable la traducción de Gabriela Adamo, cuya calidad y profesionalismo permiten percibir el esplendor de esta visión onírica.

El otro lado fue publicado en 1908 y recibió elogios de Franz Kafka y de Herman Hesse. Además, Kubin ilustró obras de la Biblia, Hoffman, Poe, Balzac, Dostoievski y otras celebridades. Nació el 10/4/1877 en Leitmeritz, una ciudad de Bohemia que en ese entonces formaba parte del Imperio austrohúngaro, y falleció el 20/8/1959 en el castillo de Zwickledt. Recibió el Premio del Gran Estado Austríaco en 1951 y la Condecoración Austríaca de las Ciencias y las Artes en 1957. Es autor de Historias burlescas y grotescas, El gabinete de curiosidades y De mi vida: Desde la mesa del dibujante y otros escritos.

El otro lado”, de Alfred Kubin. (La Bestia Equilátera, Buenos Aires, 2017, 280 páginas)

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