La ociosa degradación de la intelectualidad sumergida

Estefanía Farias Martínez

I Saw Three Cities (1944)-Kay Sage

 

 

—Una bañera vacía. Es como las que hay en cualquier casa, pero con moho en los bordes. Aparece un hombre de traje y corbata, con gafas sin cristales. El traje del hombre es de terciopelo, color verde botella. Y la corbata, amarilla, ancha, corta, a rayas. Lleva un libro rojo de pasta dura en la mano derecha. El hombre se mete en la bañera y se tumba boca arriba. Abre el libro y al pasar las páginas el polvo se levanta como nube de mosquitos en invierno. Se le oye toser, a ratos se ahoga y luego ya no se oye nada y todo se queda a oscuras. Dura dos horas y media, más o menos; sin embargo, merece la pena. Es candidata a los oscars. El protagonista es Di Caprio y el director, el mismo de Titanic. Toda la critica está fascinada por el giro que ha dado a su carrera. Dicen que es un peliculón, además profunda, de ésas que te hace pensar, de las que antes sólo hacían los suecos. También alaban la interpretación de Di Caprio, muy lograda, tuvo que adelgazar diez kilos para el papel.

—¿Te gustó?

—Me pareció un tostón. Pero yo de cine no sé.

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