Pesadillas de sangre, no apto para cardíacos

Francisco José Segovia Ramos

 

El libro Pesadillas de Sangre, publicado por Dissident Tales, recoge catorce relatos de Daniel Gutiérrez, que cabalgan a lomos de corceles malignos que nos arrebatan la tranquilidad y, digámoslo también, revuelven nuestras tripas. No es un libro para leer mientras se está cenando, pero sí para hacerlo a la luz de una mortecina lámpara, y disfrutarlo como se merece.

Daniel Gutiérrez da catorce golpes sobre la mesa. Catorce golpes de terror muy moderno y actual, donde no faltan –como ha de ser- vísceras, sesos esparcidos, sangre, heces, y también, por supuesto, un poquito de zombis, fantasmas o hadas que no son tales. Sin ser puro “splatterpunk”, son buenos exponentes de la literatura gore o, al menos, esa es la impresión que provocan la mayoría de ellos. No todos, por supuesto, que Pesadillas de Sangre también usa, y con mucho acierto, la ironía y el humor. No se pierda nadie el magnífico relato “Z-Pet”, que demuestra hasta qué grado maneja Daniel Gutiérrez el género de terror, girando la tuerca tanto que amenaza romperse, pero sin hacerlo. Mérito al alcance de muy pocos.

Pesadillas de sangre nos mete en un mundo contemporáneo, repleto de artefactos modernos que no nos ayudan a nada, solo a demostrar lo indefensos que estamos ante lo imprevisto. Las influencias del cine y la literatura de terror actuales son evidentes. A nadie extrañe referencias musicales, artísticas o cinematográficas que Daniel va intercalando en sus relatos. Hay un ambiente en algunas de sus historias que recuerda a las películas del director George Romero (La noche de los muertos vivientes), y un poco de “Hostal” (una famosa saga de películas de terror) en otras.

Daniel Gutiérrez es muy independiente cuando escribe, siguiendo la máxima que aparece al inicio de la obra, de un filósofo duro y contundente como pocos, Nietzsche. Lo es porque no se corta un pelo a la hora de contar historias, y tampoco se corta a la hora de despedazar o matar a sus personajes, que no viven o mueren sus aventuras en paisajes retorcidos, o en mansiones vetustas y cargadas de pasados macabros, sino en cualquier apartamento o piso donde pueda vivir el lector que tenga la suerte de leer Pesadillas de Sangre. Lo imprevisto puede aparecer en cualquier momento, y la muerte, también, y de la forma más violenta posible.

No será una bala la que mate al lector, ni un lavabo, ni unas tijeras misteriosas o un fantasma venido para vengarse. No, será la necesidad de leer y seguir leyendo, de acabar una historia y necesitar comenzar la siguiente. Como una droga, o como una pesadilla sangrienta de la que queremos salir y, sin embargo, nos atrae irremisiblemente.

En cuanto a las ilustraciones, magníficas. CalaveraDiablo, alias de Carlos Gregorio Simón Godoy, se lo curra de verdad. Cada estampa es una historia en sí misma, y acompaña con total fluidez al texto de Daniel Gutiérrez. Sin lugar a dudas, ambos forman un buen equipo, del que hay que esperar futuras colaboraciones en el futuro.

Ha apostado fuerte la editorial Dissident Tales por tal tipo de obras, pero apuesta sobre seguro, porque tanto Daniel Gutiérrez, con sus Pesadillas de Sangre, como su compañero CalaveraDiablo, con sus endiabladas y bien compuestas ilustraciones, ponen el terror en primera línea literaria. Con mayúsculas y para disfrutar. Pero eso sí, ni se os ocurra hacerlo mientras degustáis alguna carne bien hecha a la brasa. Hacedlo recostados en el sofá, y bajo la luz solitaria de una lamparita. No os arrepentiréis. Muy recomendable, sin lugar a dudas.

 

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