El tipo de la ventana

Miguel Rodríguez

 

 

Yo vigilaba aquella ventana a diario, iba con frecuencia por las mañanas y pasaba por delante como por descuido, aminoraba el paso, miraba hacia adentro e imaginaba espacios que no existen. Siempre imaginamos cosas porque pensamos que no existen, y así discurría mi vida: entre lo que imaginaba y lo que desconocía. Pero supongo que lo interesante de una ventana es lo que se ve desde los dos lados, y por eso un día me decidí, dejé de mirar hacia arriba y me planté allí, delante de la puerta que correspondía al apartamento en cuestión. Todo parecía tan fácil, tan previsto, tan inevitable incluso. Solo era una persona entrando en un apartamento con ventanas. Era fácil forzar la puerta y adentrarme, hacer café en la sala, que para mi sorpresa era bastante parecida a mi percepción desde la acera. Todo iba según el plan, todo estaba ya preparado. No había prisa, esperaría el tiempo que hiciera falta. Recorrí la casa y caminé hasta la ventana que había espiado y estudiado durante tanto tiempo, y me quedé un rato con la mirada perdida en la calle, donde vi a un tipo que me miraba como si me conociera, como si supiera algo de mí y de mi vida allí, en aquella casa que solo él sabía que no era la mía.

 

 

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