Metamorfoseando la realidad

Pedro A. Curto

 

Hay literaturas que transgreden la realidad para hallar una textura más compleja de las realidades. Es la Metamorfosis de Kafka donde un hombre se transforma en un bicho para ahondar en las estructuras del poder y las relaciones familiares. El Orlando de Virginia Wolf donde un hombre se transforma en mujer para contemplar la historia y los cambios desde la época victoriana inglesa hasta los comienzos de la revolución industrial. Y algo de estas dos obras contiene Metamorfosis y otros relatos, del autor andaluz  Jose Acevedo que acaba de publicarse en Ediciones Carena.

Ni la construcción narrativa, ni los personajes de Acevedo, se atienen a las normas, el tiempo en algunos casos se balancea hacia adelante y hacia atrás, el presente puede ser pasado, y algunos pasados pueden sólo existir en una nostalgia tan fantasiosa como necesaria. Pero todo ello pertenece a una realidad, la del ser humano perdido en una ciudad que no comprende del todo y por ello busca en sus entresijos. Así un tal Carlos y una tal Lucia, entre otros, van saltando de un relato a otro en busca del amor, del sexo, del encuentro con el otro, que no deja de ser un encuentro con uno mismo. Así un azar extraño, sin explicación, le da al protagonista del primer relato, la posibilidad de conocer el eterno femenino en su propio cuerpo. “En los ensueños no existen los relojes, ni las obligaciones, ni las responsabilidades, ni los deberes”, se describe en el relato Imaginación. Pero que esas cosas no existan en los mundos oníricos, no significa que no existan sus reglas y la necesidad de traspasar esas reglas. Nos encontramos con un eros silencioso, a medio camino entre el deseo y un cierto romanticismo. O se llega a una Agencia Pública para la Transferencia de los Sueños, donde lo utópico se convierte en distopico.  Cuestión que se muestra en algunos relatos donde la situación económica y social se desvela con lirismo poético al mismo tiempo que con cruda realidad. Las frases largas y los adjetivos construyen una cosmovisión de los mundos posibles, pero también de los mundos imposibles, de los marginales y de los que pudieron ser. Ante todo es una narrativa poblada de incertidumbres que se abre a interpretaciones diversas. Los personajes de Jose Acevedo se pasean por las calles urbanas, en algunos casos desoladas, en otros casos incomprensibles, pero reconocibles en su extrañeza, donde hasta los que matan, son fieramente humanos, como dice el verso. Como empieza uno de los relatos: “Eva vivía en un mundo llamado tristeza.”

 

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