Hit Parade: ¨El almohadón de plumas¨ de Horacio Quiroga

Fernando Veglia

 

Durante unas vacaciones familiares hallé a Horacio Quiroga. Aún era un niño y debía soportar un largo viaje. El automóvil avanzaba, en monótona línea recta, por una carretera interminable y calurosa. La radio estaba encendida, rompiendo el silencio y el inacabable paisaje rural. El locutor, de voz grave y cautivante, anunció que narraría un cuento: “El almohadón de plumas”.

Jordán y Alicia eran una pareja de recién casados y atravesaban los primeros meses de convivencia. En ese contexto, ella sufrió un ataque de influenza y, a pesar de los cuidados, no lograba reponerse. El médico de su esposo, sin poder explicar la extraña enfermedad que la debilitaba, le ordenó reposo absoluto.

Alicia, ante la impotencia de Jordán y el médico, desmejoró rápidamente ―alucinando, amaneciendo lívida―hasta que falleció.

La sirvienta, encargada de deshacer la cama de la difunta, reparó en el almohadón; tenía pequeñas manchas de sangre, quizá picaduras. Llamó a Jordán de inmediato, informándole de su descubrimiento. El viudo, decidido a desentrañar el misterio, abrió de un tajo el almohadón de plumas y descubrió a la repugnante criatura que había acabado con su joven esposa.

Recuerdo que, en la habitación del hotel, revisé mi almohada. El relato me había impresionado y no estaba dispuesto a llevarme una sorpresa desagradable.

“El almohadón de plumas” pertenece al libro Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917). Puedo adelantarles que en sus páginas hallarán el amor no correspondido de Octavio Nébel, al despiadado joyero Kassim, que en “La gallina degollada” asistirán al horrible asesinato de Bertita, que en “La insolación”, “El alambre de púas” y “Yaguaí” los animales protagonizarán la historia y que en “A la deriva” y “La miel silvestre” aprenderán que la naturaleza no perdona. Y no daré más pistas, atrévanse a entrar en el universo fatalista y aterrador de Horacio Quiroga.

La obra es sugestiva, trágica. Los personajes y la naturaleza gozan de un crudo retrato realista. La mayoría de los cuentos transcurren en parajes selváticos y nos enfrentarán a enfermedades, a lo inevitable y al desvarío, seduciéndonos con su claridad y sencillez, con la sensación de que pueden ser posibles, de que sus protagonistas fueron reales.

El almohadón de plumas , de Horacio Quiroga (1878-1937) escritor uruguayo.

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