AFTER DARK, de Haruki Murakami

Lucas Berruezo

9788483831014

 

After Dark me permitió formular una serie de preguntas: ¿suponiendo que exista un costado sobrenatural en nuestro mundo, un costado que nos pase desapercibido, tiene que ser éste, por fuerza, terrible? ¿Lo inexplicable tiene que ser siempre pasible de una explicación? ¿Todo tiene que conducir forzosamente a algo? ¿Una manifestación sobrenatural tiene que implicar siempre el comienzo de una cadena de sucesos aciagos y causales? En las ficciones parecería que sí, aunque en esta novela Murakami nos dice algo completamente distinto.

En efecto, ¿por qué no podemos pensar que a nuestro alrededor se despliega un mundo que desconocemos, un mundo que efectivamente nos puede poner en riesgo, pero que no necesariamente nos tiene que llevar a hacer algo…? Lo sobrenatural se puede manifestar sin que nosotros lo veamos (el reino de las sombras, si es de las sombras, puede no ser visto), y después puede seguir con su camino (si es que tiene alguno) y nosotros con el nuestro. ¿Por qué no? La novela de Murakami, en este sentido, es una novela fantástica–realista: en ella hay una manifestación sobrenatural, o incluso varias, pero el mundo parece reaccionar y seguir de forma realista. No hay, es verdad, una gran historia de fondo, pero en la vida real tampoco la hay. Los personajes no son héroes, pero en la vida real los héroes escasean. Los malos, al menos de momento, no son castigados, a nuestro alrededor sobran ejemplos de ello. En fin, las leyes que creemos inmutables se pueden romper a nuestras espaldas, pero si ocurre a nuestras espaldas, ¿qué podemos hacer al respecto?

La novela cuenta la historia de varios personajes, que es a su vez una sola historia entrelazada: Mari, una estudiante de diecinueve años que decide pasar toda la noche fuera de su casa; Takahashi, un joven músico que se encuentra con Mari y recuerda haberla conocido en otra oportunidad, junto a su hermana; Eri, la hermana mayor de Mari, una hermosa modelo que desde hace dos meses duerme en su habitación, en donde su televisor, desenchufado, se enciende y amenaza con arrebatarla de este mundo para arrastrarla a otro, que no conocemos; Kaoru, una mujer que trabaja en un hotel alojamiento y hace lo que puede con lo que tiene a mano; y Shirakawa, un empleado y hombre de familia corriente que esconde un oscuro secreto, le apasiona ir con mujeres chinas a los hoteles alojamiento, golpearlas hasta el extremo y robarles todas sus pertenencias. En medio de todo esto, el mundo de la noche (y la realidad particular que implica) acompaña a estos y otros personajes en medio de las sombras de una ciudad iluminada.

Una teoría de la lectura
Tengo que rescatar el registro que utiliza Murakami para desarrollar la historia que nos presenta. En ella, una primera persona del plural nos mete de prepo en las escenas sin dejar que nos olvidemos que somos lectores y, como tales, estamos dotados de privilegios y limitaciones.

Por un lado, y como todo lector, no podemos intervenir en la historia en favor de ningún personaje: «Por desgracia (es preciso que lo digamos) nada podemos hacer por ella. Ya lo hemos mencionado antes, pero nosotros no somos más que una mirada. No podemos, bajo ningún concepto, inmiscuirnos» (p. 189).

Y por otro, también como todo lector, tenemos acceso a información y a ángulos de vista inaccesibles para los personajes: «Convertidos en un punto de vista único y puro nos encontramos en las alturas, sobre la ciudad» (p. 244).

Además, esta primera persona del plural nos pone en una situación de igualdad con el narrador: somos distintos y claramente distinguibles, pero compartimos con él las mismas certezas e incertidumbres: «No nos da ninguna clave para juzgar (…). De momento, no tenemos más remedio que aplazar nuestro juicio al respecto y aceptar la situación tal como nos viene dada» (p. 68). Por otra parte, nos introduce de lleno en el vouyerismo. Como el narrador, nosotros también somos testigos y espías de lo que ocurre en el mismo momento en que ocurre: «Nuestras miradas confluyen en ella, la observamos. O quizá sería más acertado decir que la espiamos» (p. 35, subrayado del autor) o «Somos unos intrusos, anónimos e invisibles» (p. 38).

En ninguna otra novela vi que se representara tan bien y tan explícitamente el papel del lector. Todo el tiempo, a cada momento, el narrador nos recuerda que estamos ahí espiando, viendo desde afuera, aunque también, y por esto mismo, sintiéndonos bien adentro. Al ponernos forzosamente en el lugar que realmente ocupamos, Murakami nos permite participar, en serio, de la historia.

***

 

haruki-murakami-descontextoSobre el autor: Haruki Murakami nació en Kioto en 1949. Estudió literatura en la Universidad de Waseda y regentó durante varios años un club de jazz. Se desempeñó también como profesor universitario y tradujo al japonés a autores como Fitzgerald, John Irving o Salinger. Ha recibido numerosos premios, entre ellos el Noma, el Tanizaki, el Yomiuri y el Franz Kafka. Entre sus obras se encuentran: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo; Sputnik, mi amor; Tokio blues. Norwegian Wood y Kafka en la orilla, entre otras.

–Murakami, Haruki. After Dark. Buenos Aires, Tusquets Editores, 2008.

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