Fernando Veglia

El primer contacto que tuve con la novela fue a través de frases sueltas; alguien, en el contexto menos pensado, decía: “Estamos como en Rebelión en la granja” “Esto es Orwelliano” “Somos todos iguales, pero algunos más iguales que otros”.
Tenía mi atención; suponía que la temática estaba ligada a la sociedad o la política. Indagando, descubrí que su publicación no fue sencilla, a causa de la Segunda Guerra Mundial y por la inevitable relación entre la obra y la Rusia soviética; aliada, en ese entonces, al Reino Unido. Sin embargo, los lectores la acogieron con entusiasmo, fue traducida a varios idiomas y mereció dos películas.
Faltaba conocer al hombre detrás del libro. De algunas personas, toda la referencia que recibí fue: “Era un escritor inglés”. Sin más opciones, al ordenador: George Orwell (1903-1950) periodista y escritor inglés; lo más destacable y admirable fue el compromiso que demostró con sus pensamientos, expresándolo en actos y obras. Criticó el colonialismo británico, las condiciones de vida de la clase obrera y los totalitarismos y participó en la Guerra Civil Española.
La novela es atrapante y agradable, de fácil y rápida lectura. Sus protagonistas son los animales de la granja Manor. El Viejo Mayor, un cerdo bien estimado, expone a las otras bestias su visión del entorno y la vida misma, antes de morir. Las palabras del viejo líder conmueven a todos los animales, sembrando la semilla de la revolución; expulsar a los humanos explotadores. Snowball y Napoleón, ambos cerdos, organizan e impulsan la revolución, expulsando a los humanos y creando un gobierno equitativo y productivo. Sin embargo, las diferencias entre ellos, culminan con Snowball exilado y Napoleón dueño del poder absoluto. La tiranía comienza, lo que era favorable se vuelve desfavorable, cualquier expresión contraria a la “oficial” es reprimida, el trabajo es insalubre, los mandamientos manipulados y los cerdos, la clase dirigente, comienzan a parecerse al detestado enemigo: los humanos.
Rebelión en la granja tiene la particularidad de decirles, a los niños y a los lectores desprevenidos, que el poder corrompe y a un lector bien informado, que tiene en cuenta el contexto en el que fue escrita y las características de los personajes, que está satirizando el stalinismo.
En definitiva, la obra no pierde vigencia. Más cuando derecha e izquierda, en diversas partes del mundo, parecen lo mismo, cuando el votante duda “porque siempre son los mismos” y cuando los carteles de las manifestaciones populares gritan: “Qué se vayan todos” o “No nos representan”.
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Rebelión en la granja (1945), de George Orwell, seudónimo de Arthur Blair.
