Fernando Veglia

PRÓLOGO
Alberto E. Feldman, fiel a un estilo sencillo, directo, de lenguaje cotidiano, presenta treinta y dos relatos breves, valiéndose de intimismo, entrelazando sus recuerdos con el presente, apelando a la memoria social, buscando conmover al lector desde la complicidad, el humor, la nostalgia o la indignación.
El barrio de Saavedra, lugar en el mundo del autor, es el ambiente o el destino final de algunos textos. Es el sitio donde ficción y realidad convergen, donde encuentros, desencuentros y reencuentros parecen olvidar el capricho del tiempo, donde el arte está cerca e invita a expresarse, a compartir, y donde personajes célebres son sencillos vecinos.
Son notorios los reconocimientos a famosos, como a los músicos Carlos Guastavino, “el polaco” Goyeneche, Eduardo Falú y a los escritores Horacio Quiroga, Julio Cortázar, Néstor Sánchez. A los amigos, como al profesor Eugenio, la escritora Marita Rodríguez-Cazaux, los irreverentes, al escritor Carlos Penelas, a Amílcar Guillermo González Obejero, al tío Simón, a los integrantes de distintos talleres del Centro Cultural Lino E. Spilimbergo, e incluso al amigo que escribe estas líneas. Y a gente que ha dejado huellas en una etapa de su vida, como al escritor desconocido, al músico de la Banda de los Bomberos de San Isidro, a ciertos cineastas y a las personas que conoció durante un viaje al Norte. Estos homenajes fecundan textos abundantes en agradecimiento, calidez humana y amistad, presentando al arte como poderoso nexo, capaz de impulsar una ficción o de perpetuarse como recuerdo.
Eduardo Galeano dijo: “El mundo se divide, sobre todo, entre indignos e indignados, y ya sabrá cada quien de qué lado quiere o puede estar”, y Alberto E. Feldman toma partido, presta su voz al indignado, critica al neoliberalismo, desprecia a los especuladores, muestra preocupación por el lugar del trabajo y el esfuerzo, advierte una sociedad peligrosamente desmemoriada y rescata, de las sombras de la historia oficial, a olvidados héroes de la independencia.
“Tomando café frente al obelisco”, sin dudas, una obra íntima, una suma de preocupaciones y reflexiones frente a una realidad adversa, y una manifestación de la amistad, la imaginación y la admiración al arte.
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