GENARA Y SOBRI: ¨Casados y me diste pista¨

Miguel Villa

monica-ceide

 

 

Jamía, este mundo está perdío. En el país de los ciegos, el tonto es el rey.

Nos ha tocado vivir en una sociedad de mediocres en la que el más tonto arregla relojes.

Ahí tenemos a Nicolasillo dándonos clases sobre cómo llevar a Corinas sobre las piernas, varios mataillos intentando colarse en la isla de los “Supermurientes” y otros varios pretendiendo hacernos creer que su boda televisada, que vieron como un trampolín para el salto a la fama de recorta y pega, era una gran historia de amor. El amor no se televisa, se vive. Cualquiera con dos dedos de frente lo sabe.

Cualquiera menos esa ingente cantidad de seguidores que tienen en las redes. ¡Pobrecillos, siguen hablando de algo que jamás existió! Pretenden hacer con su romance lo que se hacía en mis tiempos con el chicle: estirarlo para ver hasta dónde daba de si.

Que les han hecho un test de compatibilidad, dicen, y ya por eso tienen que quererse. ¡Caracandao, el amor no sabe de test! O hay química o no, o salta la chispa o te quedas fría. Las compatibilidades son para los amigos. Una sale con quien tiene gustos similares a los suyos, disfruta de las mismas cosas y se destetorrea con las mismas chuminás. Pero no se enamora de las amigas.

Amar es compartir, complementar y hasta ceder. Si fuera cosa de porcentajes, la tita se hubiera casado con la vecina del quinto, siempre salimos a tender a la misma hora.

La tita ha aprendido a desmelonarse con estas tonterías de la tele. Antes me enfadaba pero ahora… ¿Yo alterá? ¡Pero si soy el mar de la tranquilidad! No me sentía tan relajá desde aquella vez que fui a un Spa y no llegué ni a entrar. A ver, jamía, aquello costaba una pastona. Sólo de pensar en el dineral que me ahorraba pasando de largo, me relajé entera.

Ya sé que te dan masajes con barro, pero eso ya se hacía en el lodazal del tío Manolo y no te sangraba la faltriquera. ¡Coñe, si hasta te invitaba a merendar si te revolcabas bien en la mierdona y se te pegaba la camiseta a las tetas! ¡Eso si es cuidar por el bienestar del pueblo y no lo de los diputados! ¡Virgen que tapa su teta, menuda jeta! Lo único que les importa es dónde se van a sentar en el hemiciclo. Que no se quieren sentar en el gallinero, dicen algunos. Estos mataillos en cuantito se ven con silla ya se sienten importantes. Tenían que sufrir una regresión a los tiempos de mi pobre madre, que para ir al cine o ibas al gallinero o te quedabas en casa mirando los huevos, los de las gallinas, digo.

¡No había dinero pa ná! Como ahora, pero con el pan racionado. Aunque al paso que vamos no sé yo si…

Y otros diputados, que andan más tiesos que el asunto de Nacho Vidal, ponen el grito en el cielo porque algunos llevan rastas. Que huelen mal, dicen. No, jamía, lo que huele mal es la corrupción política.

Eso si, Celia Villalobos les ha defendido. A su manera, claro.

“No me importa que lleven rastas (mírala que mona), lo que no quiero es que me peguen algún piojo (te has lucido, carapuerta).

¿Piojo? ¡Eso tú, pero cojonero! Esta se cree que los que van con traje están inmaculaos. ¡Pues tienen hasta ladillas, jartina! Claro, de esos bichejos no dijo nada. ¡Ya te gustaría un buen arrimar aunque luego te tuvieras que fumigar!

Porque esa mujer… anda más alegre que Rappel en salto de cama. No hay más que recordar aquella ocasión en la que se volvió, toa loca, a mirarle el culo a un bombero. ¿Qué, jamía, deseando que te apagara el fuego?

En esto la tita apoya a la señora diputada. Esos tiempos en los que sólo los hombres podían demostrar ardores hormonales, pasaron a la historia. Hoy en día hasta Isabel Preysler, aunque con el cuasimodo que tiene ahora…

¿Y esos diputados que se estuvieron dos horas para jurar la constitución? ¡Santo río que sigue su curso, menudo discurso!

Pero si en el cargo va implícita la reforma constitucional si tienen la mayoría suficiente. ¿A que viene semejante monólogo? ¿Pretendían dar la nota? Pues lo lograron, jamía. Sobre todo al tener los abrigos tiraos por cualquier sitio. ¡Mare, mare, que desorden! Como para vivir con ellos, esos son de los que no guardan ná en los armarios por si lo necesitan otro día. Tendrán las sillas… ¡Y el ropero vacío! Supone la tita que una conversación entre el armario y la cómoda se limitará a un “estás triste y ojerosa, ¿qué te pasa, so arquerosa?”

¿Yo irritá? ¡Amos, amos! Ni el otro día en la pescadería perdí los nervios. Resulta que mientras estaba en la cola para ver a cómo tenía la merluza y así quedarme toda contenta pensando en lo que me ahorraría comprando cien gramos de chope, se me pone uno al lado que se ve que tenía ganas de tocar las teresas o algo.

Estaba yo contándome los padrastros y me dice: “y seguimos sin gobierno” Se gira la tita y comprueba que es uno que comentan por el barrio que sacaron a puntapiés de los baños de un supermercado por andar de follandillo con otro señor (los baños son para hacer pis o cagarse viva, carapeo, para el goce sexual hay otro lugares. Tu casa, sin ir más lejos). Sacando fuerzas de titeza, cortesía, caramoco, le digo que en Bélgica estuvieron así dos años. Me mira con ojos de besugo mantriskita y pregunta:

—¿Y no pasó nada?

—Si, jartino, dicen que bajó el paro.

—Digo un golpe de estado o algo, porque aquí…

—¿Qué dice el eunuco? ¿En qué país crees que vives, so fascis?

En la época pre Pinochet, la ultra derecha iba a los cuarteles a tirar trigo a los militares para provocarles, supongo que tú eres de esos que les tiran miguitas desde las redes sociales. ¡Pues vas de lao, Menelao! Estos no son los tiempos que tú tanto pareces anhelar, las fuerzas armadas están supeditadas al poder civil, son leales, profesionales y con cerebro. No como tú, besugo caducao. Las armas se las hemos pagado y entregado los ciudadanos para que nos defiendan, no para que nos repriman. ¿No ves que en una dictadura, en lugar de ponerte de patitas en la calle en el supermercao, te habrían aplicado de ley de vagos y maricantes?

Te pasarías una buena temporá a la sombra y sin pastilla de jabón en las duchas.

—No sé, es lo que dice la gente.

—¿Qué gente, las almas en pena del Valle de los Caídos?

—Gente mayor que pasa por mi tienda. Dicen que si gobierna Podemos lo van a repartir todo y dejarnos sin nada.

—¿Repartir, el qué, andropito, la milloná que debemos al Banco Central Europeo?

—Que nos lo van a quitar todo, como son comunistas…

—Mira, burrundanga, esos señores jamás hablaron de quitarle nada a nadie. ¿No sabe el culomocho que existe el derecho a la propiedad privada? ¡Ni cuando Santiago Carrillo se dijo semejante disparate!

Aunque, si eso fuera cierto, te harían un favor. Si te quitan esa casa que tuviste que alquilar porque no podías pagar la hipoteca, estarías libre de cargas. Económicas, claro, porque lo que es calóricas… Porque tú, grasosito, te debes de comer tus buenos bollos. ¡Claro, así estás, que toda la sangre se te va a la barrigona dejándote el cerebro sin riego!

Me quedé mirando a un enorme atún, sentí ganas de atunar la cara de aquel androfesio, pero recordé que soy animalista y no deseaba causar daño alguno a los animales, aunque estuvieran tiesitos perdíos. Así que me di media vuelta dejándole parloteando con un manojito de perejil. Eso sí, de regreso a casa me acordé hasta de su puti mare.

¡Que tarde es! En nada vendrá el sobri a comer y tengo las almejas sin descongelar. Le voy a hacer una comidona que se va a chupar los nejuelinos. Quiero agasajarle y que se sienta querido e importante. La tita jamás ninguneará a su sobri pesioso, eso ya lo hace Pablo Iglesias con Pedro Sánchez.

¡Coñe con el canijo, queda tercero en las elecciones y se está comportando como si hubiera ganado el Tour de Francia! Se lo pide todo: vicepresidente, varios ministerios, el CNI, el CIS y hasta la fotocopiadora en 3D. ¡Coñe, sólo le falta pedirse reina consorte!

Mientras cocinaba, Genara continuaba con sus conversaciones para cambiar el mundo.

—¡Mare, mare, como pasa el tiempo! Treinta y cinco años hace ya que un loco engañó a unos guardias de tráfico para dar un golpe de estado. ¿Dónde se vio semejante vodevil? Esos están para darte golpes a multazo limpio.

¡Pobrecillos, cuando se dieron cuenta de que habían secuestrado a dos de los tres poderes del estado legalmente constituido, saltaban por las ventanas avergonzaos perdíos!

¿Y aquel carapeo y su “se sienten, coño”? ¡Que dominio del verbo, que don de gentes, que… gilivatio! Con una metralleta en la mano, la tita también se siente muy valiente. ¡Coñe, que los otros estaban desarmaos! Haber tirado tú el pistolón y resolver el asunto como hombres de bien, a pollazo limpio. Porque los hombres… con rascarse la huevera y medirse el pinganillo, ya tienen el día resuelto.

La tita era jovencita, ¡home, aún tenía despoblao el matogroso!, pero lo recuerdo como si fuera ayer.

Mi madre estaba aterrorizá. Cuando en la radio comenzaron a poner marchas militares, todavía; pero cuando vio que en la tele emitían “300 Millones”, se puso en lo peor. Porque aquel programa era más malo que un dolor de chichis.

Aquello, de haber triunfado, nos podría haber llevado a otra guerra civil. Y los fachas de turno, festejándolo. ¡Que horror y que falta de cerebro!

La foto del consejo de guerra, también era para darlo a gritos. Todos uniformados y sonrientes. ¿De qué reían? ¿De los años de cárcel que les iban a caer por rebelión militar? “

Las almejas comenzaron a abrir por el efecto del calor de la cacerola y Genara, mientras las removía, comenzó a cantar “En tierra extraña”. Su propia versión, claro.

“Voy a contarles a ustedes lo que a mí me ha sucedío,

llevo la braga muy prieta y el culo anda escocío

Oiga, señor,

¿no ve que estoy buena?

Conviértame hoy en su cena,

áteme hasta de las manos.

Haga reunión

con mis dos pezones

y entre palmas, vivas y óles

a mi chichi haga un favor”

Al abrir la ventana para que el vapor se disipara, comprobó que la vecina la observaba detenidamente mientras tomaba notas.

—Hola, Paqui. Buenos días. Si, un día maravilloso para tender. ¿Yo enfadá? ¡No, mujer! Es que me han contratado para representar una función en el hogar del viejuno con un pie en el más allá y estoy ensayando mi papel. ¡Sí, jamía, sí, una actriz de éxito! Voy a actuar en las mejores gasolineras. ¡Hala, jardina, te dejo, se me están pegando las almejas y no quisiera que se mataran!

¡La madu que la parió, todo el santo día espiándome! ¿De qué toma nota, de cada cuanto tiendo las bragas? ¡Pues va lista, llevo dos semanas tendiendo gayumbos que compré en el mercao! Que se joa, por pilingui.

Mejor le fuera vigilar a la nuera, que la llaman la correcaminos. Y no precisamente porque ande deprisa.

A ver, a ver, cómo están las almejas de la tita… ¡Coñe, que sosas, saben a chichi de clausura! Pues esto lo arreglo yo en dos genaretes, veamos lo que tengo para condimentar…

Arsénico. No, esto no me sirve. Lo compré una vez por si me elegían presidente de mesa electoral y lo tengo sin uso.

Amoníaco. Tampoco, es de cuando aquel señor de los seguros estaba empeñado en que le invitase a tomar una copita.

Antimonio. ¡Pues no sé lo qué es! Pero lo guardo, una nunca sabe.

Arsaparriba. ¡Uy, esto lo guardo como oro en paño! Es un ungüento de Falsi contra la impotencia prematura.

¿Y este botecito verde? ¡Virgen de la mampostería, huele a mierda molía! ¿Yo para qué tengo esto? A ver que dice el palelito… ¡Ah, claro, era la comida de aquel pecezuco que tenía mi Genarín!

Era precioso, con aquel naranja intenso que deslumbraba.

¡Pobrecillo, un día vio por la tele que Esperanza Aguirre dimitía por enésima vez, comenzó a quedarse pálido y en dos días…!

Pues le pongo una pizca a las almejas, algo de sabor a pescao dará. ¡Hala, medio bote, que no se diga que la tita es tacaña!

Erik dio tres vueltas a la manzana antes de presentarse en casa de Genara, tenía que llegar a la hora en punto.

—¡Coñe, estoy preocupá, hace días que oigo una voz! Vaya, ahora se ha callao.

Erik sabia que sería una visita inoportuna si…

—¡Otra vez, ahí está de nuevo la jodía! ¿Quién eres? ¿Tan importante soy para ti que me sigues a todas partes? ¿No tienes casa o algo? ¿Quién eres, jomío, El Creador?

—No, señora, soy el narrador.

—¿Cómo dice el menejuelo?

—Soy el que narra.

—Y ¿qué narras?

—Esto.

—¿Esto? ¿A mi vida le llamas esto? Pues lleva razón el mediopeo, lo mío ni es vida ni es ná, es un esto.

Hablando de todo un poco, ¿qué tal, narras mucho?

—Todo lo que puedo… cuando no me interrumpen.

—¡Uy, por Dior, perdóneme su alteza narraísima! Siga, siga, no quisiera la tita que engrosara las filas del paro. Que no sé por qué lo llaman filas, lo nuestro ya son columnas.

—¡Señora…!

—Ya me callo, ya. Siga don usted.

Sabía que sería una visita inoportuna si llega con adelanto, a Genara no le que gustaba que la vieran guisando, decía temer que “cualquier desalmao me copie mis secretos de gran cocinera”. Pero si se retrasaba… La última vez que llegó diez minutos tarde porque no encontraba dónde aparcar, los gritos resonaron por toda la escalera.

“¡Y se atreve a presentarse tarde! Putero, mantriskita, mastuerzo, mamotreto, morocosón, filiviano, vendometrio, iricoso, sinvergüenza, hostioso, arapajoso, soliciano, isquitoso, feo, jirivaldo, marsupiolo, vinagrito, diliñoso, floroncio, espermaor, catimoso, chupacandaos, peinaculos, rododoncio, cardachichis, chulanciano…

Sobri, no te vayas. La tita tiene que desahogarse, pero termino en dos chuminetes. No se mueva el sobri.

Chuleando a la tita como si fuera una tontalculo. ¡Yo, que perdía los chichis por su compañía! La tita, esa que estaba dispuesta a sacrificar su maravillosa vida social para que el carahostio no estuviera solo. ¡Menos mal que no me casé con él, ahora sería la cornúa del barrio! ¡Pobre de mí, que hasta había redactao la carta al Vaticano pidiendo la dispensa! ¿Dispensa? ¡Dispensa tú, a mí no me sale del culodatrás! Esto no se le hace a una mujer decente y buena”

—¡Vaya tela, Donatela! Cualquiera que le oiga se pensará que la tita es Godzilla con tetorum.

—¡Señora!

—Siga, siga narrando, don prepucio.

Erik tomó aire y cuando iba a timbrar observó que la puerta estaba entreabierta. Temeroso de que hubiera sido asaltada por los ladrones, golpeó con fuerza mientras la llamaba.

—Gus monin, Sobri, la dejé abierta porque sabía que estabas al caer. El sobri siempre tan puntual y caballeroso. Pasa, estoy en el baño, es que estoy en cinta.

Erik palideció. ¡Su tita Genara embarazada! La tenía tan idolatrada que jamás la hubiera imaginado de revolcón.

Se tocó la frente, intentó forzar una sonrisa y se dirigió al baño dispuesto a felicitarla.

Efectivamente, Genara estaba en cinta… trotaba como rebeco en celo sobre una cinta de correr.

—¡Pero, tita! ¿Qué haces?

—¡Que voy a hacer, jomío! Intento bajar los gramillos que se me han acumulao. Me lié a comer como una gochi y… ¡mira cómo me he puesto! ¿Tú crees que un cuerpazo como el mío puede tener este pedazo de michelín? ¡Coñe, he llegado a una edad en la que todo me engorda! ¡Me cago en el cerdeo y su fruti di mare!

—¿Y ese aparato?

—De la teletienda, jardino. Es el último grito para gilipollas con insomnio.

Pasa y tómate un vinillo mientras la tita se asea, vuelvo en dos chuminetes.

Erik encendió un cigarro y se puso a pensar en sus cosas mientras Genara se duchaba. Oía el ruido del agua y a la tita cantando.

“Medio huevo

no te acerques,

Si to me lo diste,

yo ná te pedí.

No me eches en cara

que el chichi perdiste,

la tita a tu vera

no fue ná feliz.

Estiráaa.

Me llaman la estirá

porque estoy buena a morir

y a ti no quise entregar

ni la foto del carné

Estirá, estirá,

estirá y muy mujer.”

Sonrió con la copla de la tita y aquel momento de alegría le recordó a alguien que últimamente le rondaba la cabeza.

Genara miró al techo y guardó silencio. Estaba espectante, no se atrevía a respirar para no interrumpir aquel momento. Tras varios minutos de silencio, explotó.

—¡Habla, jodío! Para una vez que me puedo enterar de lo que pasa por la cabeza del sobri, vas tú y te callas. ¡Desgraciao! Mucho narrador y en lo más interesante te cagas por la pata. ¿Qué pasa, no hay webs?

Continuó duchándose mientras se acordaba del “narraor y su puti mare”

Media hora más tarde, reapareció. Estaba radiante, se había recogido el pelo y perfumado con esencia de romero. Era la viva imagen de una mujer feliz.

—¡Coñe, menos mal que dice algo bueno, porque lo que es antes…!

—¿Cómo dice la tita?

—Nada, sobri, hablaba con… ¿tú oyes esa voz?

—¿Qué voz? ¿Has vuelto a mojar las gominolas en orujo?

—Déjalo, sobri. ¿Qué se cuenta el menejuelo?

—Pues nada en especial.

—Ya.

—¿Alguna novedad amorosa?

—Pues no.

—Ya.

—¿Alguna ilusión nueva?

—Tampoco, tampoco.

—Ya.

—¿Y esa cara de guasa, qué ocurre?

—Nada, jardino, cosas de la tita. ¿Qué tal con tu amigo?

—¿Cuál?

—¡Robustiano, no te jode! ¿Quién va a ser?

Sobri, ¿no tienes nada que contarme?

Al ver que Erik palidecía, Genara recogió la escopeta y le habló con el corazón.

—Mira, sobri, sea lo que sea, sólo deseo que te haga feliz. Y si dicen, que digan. La felicidad suele despertar mucha envidia.

—¿Puedo pasar un momento al baño.

—¡Claro que si, jardino! Si haces caca, abre un poquito la ventana y si haces pis, procura no regarme todo el suelo.

—¡Tita, voy a lavarme la cara!

—Si, jomío, falta te hace.

Al verse sola, se fijó en la chaqueta de Erik.

—¡Coñe, que chaquetuca más mona trae el jodío! ¿Y ese papelín que le asoma en un bolsillo? ¡Bah, será cualquier chuminá, este hombre…!

Era una carta. Genará la desdobló con cuidado y comenzó a leer. Analizó cada palabra buscando no darle un sentido distinto al que allí se reflejaba. Al oír la puerta del baño, la dobló y depósito en el mismo lugar del que la había extraído.

—Pero, tita, ¿estás llorando?

—Nada, jomío, que recordé una orquídea que se me murió el año pasao y me puse tontorrona.

—¡Vaya con la mujer sensible!

—No te preocupes, jardino, ahora pienso en el descubrimiento de las ondas gravitacionales y se me pasa.

—Un tema interesantísimo.

—¿Se está guasando el sobri de la tita? ¡A ver si va a resultar que por ser una pobre pará tengo que ser tonta!

—No, palabrita. Pero es un asunto que, por más explicaciones que dieron, no lo logré entender.

—Pues la tita te lo explica en dos chuminetes. Ponme un poquito de vino. Imagine el menejuelo que lleno la bañerona de agua y me sumerjo en ella. Me viene un apretón y me tiro un peo. Pero no una mierdecilla de peillo que hace “puf”. Un señor peo, un peazo de esos que te tiembla la casa y los vecinos te llaman a la puerta por si estás haciendo obra mejor que la suya. Aquello pega un petardazo y surge una burbujona que casi te ahoga entera. Si sobrevives a semejante ataque nuclear, puedes observar que en la superficie del agua se forma una onda que se va expandiendo deformando la superficie y perdiendo fuerza en la expansión. Pues eso, jomío, es una onda gravitacional.

—Tita, ¿qué has fumado?

—Nada, jomío, estoy así desde el otro día que vi “Los Puentes de Madison”. Lloré como una tonta.

Cada uno lo que es, murmuró el narrador.

Genara juntó sus manos, suspiró y pensó “¡Hijo de la narrativa! Sé que oyes mis pensamientos, caraculo. Ahora no porque está el sobri, pero en cuantito se vaya te monto un pollo de mucho cuidao”

—Sobri, ¿de qué estábamos hablando?

—De una peli que viste, te has quedado como ida.

—¡Ah, sí, la película! Pesiosa, pesiosa. A la tita lo que más le impactó fue lo mucho que la quiso a pesar de saber que no podría ser. ¡Ay, jartino, amores de esos ya no quedan!

Sobri, si hubiese una conjunción planetaria, un hecho sobrenatural, un milagro, y te enamoraras así, ¿lo dejarías escapar?

—¡Claro que no!

—¿Qué harías?

—Esperar pacientemente hasta el último día de mi vida.

—Como hizo el de la película.

—Dejaría pasar por su vida todos los hombres del mundo hasta que llegara mi momento. Y ese momento sería maravilloso.

—Mucho esperar me parece.

—Esperaría toda la eternidad.

—Y cuando llegase tu momento, ¿te pondrías a llorar como una lavandera enamorá?

—No, me casaría en París.

—¡Sobri de mi vida, que alegría me das! Ya me veo entrando en Notre Dame, como una marquesona, llevándote del brazo. ¡Voy a ser la envidia de mis amigas de “la quinta del chichi amargao”

—No, tita, en Eurodisney.

—¿Cómo dice el loqueras?

—Quiero una boda en el parque temático.

—¡Santa Juana del bulo que de un peo quemó el culo!

—Tú siempre serás mi madrina, irás de hada madrina.

—¿Con varita?

—¡Claro!

—Siendo así… acepto. ¡Con la de años que hace que no cato una buena vara! Va a resultar que tengo que ir al parque de los webs para que un hombre, un caballero, un amable francés, despierte en mí los instintos de mujer que ya creía muertos y enterraos. Nunca me hicieron mucha gracia los franceses, siempre tan estirados y mirándonos por encima del hombro, como hacemos nosotros con los portugueses, pero si es por una buena revolquera en la chabola de los enanitos…

—Tita, no desvaríes.

—¡Mira quién fue a hablar!

Y, dígame el lumbreras, ¿cómo llegaremos al altar, a lomos de Goofy?

—¡No, mujer!

—Ya le parecía a la tita un exceso. El sobri siempre ha sido un hombre discreto y cabal. Iremos en cochezuco, como cualquier hijo de vecino.

—En la carroza de La Cenicienta.

—¡San Perico el adivino, de esta le doy al vino!

—Atravesaremos el castillo de La Bella Durmiente y todos los personajes de Walt Disney nos recibirán con vítores. Montaremos en barca para cruzar el Mundo de Fantasía y nos casaremos en el bardo de vapor que pasea por el Mississipi. Será algo mágico.

—Esto… sobri, deja las almejas.

—¡Si están muy ricas!

—Ya, pero creo que se me fue la mano con el condimento y te está afectando a la cabeza. Voy a traer una tortilluca de patata que hice para la cena.

—¿Qué pasa, no te gusta mi boda de ensueño?

—¡Me encanta toa! Pero, ¿a ti te parece que alguien va a aceptar casarse contigo en esas circunstancias?

—Nunca se sabe.

Genara se dirigió a la cocina recordando la carta que Erik ocultaba en su chaqueta. Cogió la tortilla y murmuró “siempre hay un roto para un descosío y este me tiene al sobri abducío”

—¿Le gusta al sobri la tortilla titera?

—Riquísima tita.

—Es receta de mi amiga Meli.

—¿Meli? No me suena. ¿Amiguina nueva?

—Si, jomío, la conocí en una tienda de telefonía cuando fui a cambiar mi terminal. Iba yo cabreadísima para que me cambiasen el móvil en garantía (lo llevaba en las tetorum, me asomé a tender, se escurrió y como vivo en un quinto…) y me encuentro con una loca que, bragas en mano, amenazaba con liarse a culazo limpio si no le resolvían sus gran problema.

—¡Claro, le subirían la tarifa y botaria fume!

—No, jartino, decía estar harta de que la llamaran a todas horas y…

—Normal, son cansinos a más no poder. Y especialistas en joderte la siesta.

—No, sobri, no era por eso. Según ella, cada vez que iba a Egipto, la llamaban y el molestaba porque la arena del desierto estaba muy caliente y el señor Kuflus no aparecía.

—No entiendo nada.

—La tita tampoco.

—¿Kuflus? ¿Quién es el señor Kuflus?

—Ni idea, jomío. Esta mujer está colgaísima.

En otra ocasión me dijo que ella tenía las tetas bien duras porque “si amanece y ves que está lloviendo, es que hace mal día”.

—¡Uf!

—Si, jartino, loquísima. Pero es buena cocinera e innovadora, ¿eh?, hace un bacalao en salsa de mierda…

—¿Pretendes hacerme creer que usa caca para hacer salsa?

—No, sobri, que el bacalao está muy rico, pero la salsa que le añade es una mierda.

—¡Pues vaya con la gran cocinera!

—¡Coñe, como los grandes restauradores de ahora! Te ponen dos bolucas de algo que no llegas a entender, una hojina de menta adornando y te cobran un pastizal. ¡Y les dan media docena de estrellas Michelín! Será por lo gorditos que están casi todos, la tita otra cosa no se explica. ¡La nueva cocina, jardino, tan tonta como las tecnologías de última generación! Sobri, ¿tú tienes Periscope?

—Pues no.

—La tita lo descargó el otro día y en menos que canta un chichi, lo desinstalé. ¡Santo que no se la pela, vaya tela!

—¿Sabes de qué va la cosa?

—Pues…

—La tita te lo explica en dos chuminetes. La cosa consiste en tirarse en el sofá con cara de aburría y leer, con toda la desgana que te permite tu vello púbico, las preguntas que se van deslizando por la pantalla. Anoche vi a un chico, ¡pobrecillo!, la emisión era monotemática. “¿Eres gay?, ¿eres gay?, ¿eres gay?”. ¡Que cansinos, por Dior! Yo soy el carapeo y les contesto: no, pero aunque lo fuera, ¿crees que me vas a enamorar por preguntarlo? Luego vi a otra a la que insultaban con alegría. ¡Coñe, si para eso ya están Twitter y Facebook! No hay más que visitar la página de Mónica Ceide. ¡Pobrecilla, le llaman de todo menos hermana en la fe! ¿Qué delito ha cometido? ¿Casarse en el quinto chichi con un hombre más soso que peinar un cardo y ser portada de Interviú? ¡Home, por lo primero podrían guillotinarla, pero por la portada…! Estuve por escribirle unas palabrucas de ánimo, pero desistí. Seguro que terminan insultando a la tita. Nunca entenderé a esa gente que entra en las redes sociales con el único fin de insultar. ¡So desgraciá, si no te gusta la nemeteria, no entres! La tita recomienda, a todas esas higasdeyuta que critican hasta su forma de redactar, que saquen la Ouija y pasen la tarde chateando con Saramago. Gente tan culta no debería perder el tiempo analizando hasta las tetas de Mónica. Jamías, antes de criticar teta ajena, mirad las vuestras colganderas. ¡Cuánto ha avanzado la sociedad! Antes, cuando estabas de mal café, insultabas al cuñao o a la suegra. Ahora no, ahora a tocarle las titas a la famosuca de turno. He pensao en la posibilidad de que a mi hijo le diera por hacer periscopes de esos ¡y estoy aterrorizá! No quisiera que se rieran de él, el que quiera risas que vaya al teatro y pague. Sobri, haz caso a la tita. Antes de ponerte a hacer videos en vivo, piénsatelo bien, de la gracieta a la bufoná hay un paso.

—¿Te notas vacía desde que te quitaste Periscope?

—No, so listo, me consuelo visitando la página de Moni

—¿Qué Moni?

—¡Que hombre este, nunca se entera de ná! La Ceide, sobri. Ahora somos amiguinas, intimísimas.

—Y ¿qué tal?

—¡Cuelga unos vídeos…! “Cómo coger una taza de café” se titula uno. Pero, ¿está quien se cree, la jefa de protocolo de Buckingham Palace? En otro enseña cómo debe desnudarse una mujer. Pues, jardina, de poco te sirvió tanta sabiduría para recalentar al venido a menos. ¿De verdad se afeitaba la nariz? ¡Vaya tela! Su video (¡coñe, cuanto tiempo libre tiene la menejuela, se pasa el día colgando chuminás!) sobre “cómo quitarse las medias” es para darlo a gritos. Estoy viendo que el día menos pensao colgará otro sobre “cómo tirarse un peo sin romper la braga”. Pues a mi pescaero le gusta. Cuando vio su video explicativo de cómo debe desnudarse una mujer, se pasó todo el santo día en el baño, y no precisamente por cagalera. Así anda el pobrecillo con la muñequera, ¡tiene la mano destrozá! Creo que la RAE debería proponerla para ocupar la silla “F” de fata, porque más bobona no se puede ser. No la odio, palabrita de chichi en flor, ni le tengo manía, líbreme Santa Juanola que se orgasma sola. Ella es una guía, un ídolo y un ejemplo a seguir… si se quiere ser tonta del colurom. La tita la ama a muerte… a la suya, claro. Y luego está lo de los Obama.

—Esto… tita, no tomes más vino, estás mezclando los temas sin ningún sentido.

—¿La tita borracha? No, carapuerta, eso es mi amiga la cantante. Se bebe hasta el agua de los floreros. Pues ahora me callo.

—¡No, mujer, cuéntamelo!

—No me apetece.

—Titaaaaaa.

—Cuando la tita dice que no es que… bueno, ya que insistes… Que se fueron a Cuba, sobri, de charleta con los Castro. Coñe, pero esos ¿no eran el imperio del mal? ¿No era Fidel Castro el mismísimo demonio hecho barbas? ¿Y la rueda de prensa? ¡Una mierda, sobri! Le preguntan a Raúl Castro por los presos políticos y contesta, todo marisabidillo “¿Qué presos políticos? Deme la lista y estarán libres antes de que llegue la noche” ¿Lista? Tenían que haberle tirao a la cara los cientos de papeles con los nombres de los encerrados por discrepar con el régimen. Pero los periodistas iban sin documentarse. ¿Dónde les dieron el título, en la tómbola de la chochona? Esto mismo ocurre en la época de Miguel de la Cuadra Salcedo y Carmen Sarmiento y se arma parda. Sobri, el café lo tomamos fuera, he quedado con una amiguina que te quiero presentar.

—¿Vamos andando?

—No, jardino, mejor en coche. Así luces lo limpísimo que lo tienes.

Genara salió al trote obligando a Erik a seguirla a la carrera.

—¡Hala, sobri, arranca que pa luego es tarde!

—Pero… ¿a dónde vamos?

—Ya te indica la tita.

—¿Por dónde voy?

—¡Coñe, por la carretera, no vamos a ir campo a través!

—¿Qué hago?

—¡Virgen del pompillo, que petardillo! Tira p’alante.

—Y cuando llegue al semáforo, ¿qué?

—Pues si está rojo, te paras y si está verde, continúas.

—¿Está de guasa la tita?

—Si, jomío, pero no tientes mi paciencia. Acelera y todo de frente sin rechistar.

Tres kilómetros más allá:

—Tita, llegamos a una rotonda, ¿qué hago?

—Pues lo que hace todo el mundo: dar vueltas como un idiota.

—¿Hacía dónde tiro?

—Tú no sé, pero como sigas tan histérico, la tita se tira por la ventanilla. ¡Que cruz, gusiluz! En la rotonda, coja la primera salida, primera salida.

—¿Es necesario que pongas voz de navegador?

—Si, jardino, estás tan acostumbrado a las nuevas tecnologías que es a lo único que escuchas.

—¿Me estás llamando cosas feas, pollino o algo?

—¿La tita? ¡Virgen del culodatrás, vaya fama que me das! No le estoy llamando nada al sobri. Aunque por ganas…Hala, ya estamos en la autovía. Ahora todo recto. Sobri, ¿ves aquel cartelón que dice “Lavalconejo de Abajo a 10 kilómetros”? Pues ni puti caso, la tita lo trae lavao de casa.

—¿Más guasas?

—Si, jartino, para liberar tensiones. A la tercera vuelta que diste en la rotonda, estuve a punto de estrangularte con la bragona de mi abuela la coja. Me la dejó en herencia, ¡tacaña de los webs! Si por lo menos me hubiese dejado la pata de palo, tendría madera para hacerme mi buen ropero. ¡Tú no sabes la patona que usaba la jodía! “La temblores” la llamaban porque por donde pisaba temblaba la tierra. ¡Pobrecilla, perdió la patuca en la guerra!

—¿Metralla?

—No, sobri, un hostiazo. Había un racionamiento salvaje, la gente hacía colas interminables para recoger su barrita de pan. Mi abuela, que otra cosa no, pero higadeyuta era un rato largo, dijo que estaba hasta los chichis de hacer cola, que ella era la descendiente de la marquesa del tiramisú y que iba a esperar turno la puti mare del generalito. Un militar que lo oyó le cruzó la cara, ella se tambaleó y acabó en el suelo.

—¿Y así perdió la pierna?

—No, jomío, tres dientes y una liga.

—Pues no me entero.

—¡Pues que raro! Al levantarse la arrolló una vaca que nadie se explica qué hacía allí.

—¿La pateó la vaca?

—¡Que va! La cascarrabias se agarró al rabo vacuno, el animalito salió pitando y la arrastró por todo el pueblo. Ahí se descuajeringó la cara, también la llamaban “Larañá”, y la pierna se fue a tomar por los nibelungos. Siempre la traigo en el bolso, la bragona, no la vieja, una nunca sabe para qué le puede venir bien.

—Tita, ¿vas a decirme a dónde vamos o tengo que llamar a Iker Jiménez?

—A Lugo, jartino.

—¿Lugo? ¡Pero si son dos horas de ida y otras tantas de vuelta!

—¡A que me hace un drama el carasucia! Cuando el sobri quería ir a Cartagena perdiendo los chichis, la tita no dijo ná. Excepto que no eras más tonto porque no te entrenabas, que en ese viaje te iba a acompañar Rita la gromenauer, que te nombrarían pavo del año, que jamás de los jamases había visto una situación más ridícula, que tu dignidad era verde y se la había comido un burro, y que tu salud mental, en el caso de que la hubieras tenido el algún momento, se había pirado con cualquier pilingui. A parte de esto, la tita se quedó calladita como muerta en la bañera, porque los intereses del sobri son mis intereses.

—Rencorosa.

—Tontolculo.

—Arapajona.

—Chulandasio.

—Bueno, ¿a quién vamos a visitar?

—A Moni.

—¿Cómo dice lady gracietas?

—No es guasa, sobri. Pasaremos la tarde con mi amiga Mónica Ceide.

—¡Pero si durante la comida la pusiste como un trapo!

—¿La tita? ¡Virgen que tiró un peito, este hombre está loquito!

Si hay algo que pone especialmente nervioso a Erik, es ir a un lugar desconocido y no saber dónde aparcar.

—Tita, estamos llegando. ¡A ver dónde aparco ahora!

—Lo más cerca que puedas de la muralla, jomío.

—¿La de Lugo?

—No, la china, ¡no te jode! Se coge el sobri dirección centro ciudad y aparca donde pueda.

Se metieron en un parking subterráneo y caminaron un poco, entre resoplidos de Genara y juramentos en arameo de Erik.

—¡Moni, a mis chichis! gritó Genara.

—¡Gena, cieliño, que alegría de verte!

Erik las observó mientras se abrazaban. ¿Gena? ¿Moni? pensó. ¡Dios mío, cuanto pijerío!

—Moni, te presento a mi sobri. ¡No es guapo ni ná el jodío!

Mónica, de un vistazo que le lanzó, le tomó medidas para tres trajes.

—Mi sobri sería un marido de los que ya no quedan. No como el afeita napias que te pusieron en la tele. ¡Menúo mamotreto, en cuantito pudo te dio pista! No perdiste nada, jamía, seguro que terminarías manteniéndole. Mi sobri es diferente. Es trabajador, sincero y buena persona. De esos que te mandan flores sin fecha en el calendario. Pregunta, pregúntale a… No, mejor no le preguntes, eso no salió nada bien.

Se encaminaron a una cafetería cercana. Ellas delante, cogidas del brazo; Erik detrás, mirándoles el culo y reflexionando sobre lo mal repartido que estaba el mundo.

Cuando apareció el camarero, Genara tomó la iniciativa.

—Ponnos tres pilinguis de verano.

El camarero se tomó los pulsos. Erik, viendo que aquello acabaría en tragedia, reaccionó:

—Cerveza con refresco de limón, creo que lo llamáis clarita.

—Dime, Moni, ¿qué tal tu nueva vida de famosa.

—¡Mujer, famosa no soy!

—¿Qué dices, menejuela? ¡Si tienes miles de seguidores y ciento y la madu de páginas en Facebook! ¿Cómo puedes con todas, las llevas tú o tienes un negro zumbón?

Erik miró a la mesa de al lado. Una pareja de color, que se estaba tomando un café, comenzó a hacer planes sobre cómo descuartizar a Genara.

—Yo misma las lleva todas, pero no consigo que me entiendan. Por más que me esfuerzo, a todo le van la vuelta. Son tan retorcidos que siempre consiguen dejarme como la mala. Que si soy homófoba, que si soy racista, que si soy una choni que va de pija. Yo no voy de nada. No me gusta la violencia, ni el racismo ni la discriminación sexual. Tampoco me gusta que me impongan lo que debo o no condenar. Yo no voy a la página de nadie a decirle lo que tiene que hacer. La han tomado conmigo y con mis tetas. Que me paso el día enseñando las tetas, dicen. A ver, no voy a enseñar las de la vecina, tiene noventa años y creo que no procede. ¡Solo les falta llamarme puta!

—No, jardina, eso ya te lo dijeron varias veces.

—Que no sé redactar. ¡Chica, si no te gusta como escribo, vete a chatear con Vargas Llosa, a ver si te aguanta, yo no te he llamado! Critican hasta mi forma de vestir.

—Jamía, es que tienes cada modelito que… Porque el traje de cuadritos era para meterte presa.

—¿No te gusta?

—¡Uy, por Dior, me encanta toa! Es ideal para una merienda campestre, te ahorras de llevar mantel.

—Me han llamado vieja, que soy de la quinta de Cleopatra y me han tenido congelada como a Walt Disney. Tengo cuarenta y siete años, ¿cuándo una mujer fue vieja a esa edad, en la edad media? Esa es la mentalidad de algunas que me siguen. No necesito que me alaben, ya lo hago yo cada mañana, pero tampoco es necesario el insulto gratuito. Si llego a saber esto…

—¿No te haces la portadita del Interviú?

—Voy a “Adán y Eva” a enseñarlo todo. ¡Que se jodan, por chismosas! Tu sobri habla muy poco. ¡Normal, no le dejamos! ¿En qué trabajas?

—Soy informático.

—Eso dice él, jamía, pero ni puti caso. Este es agente secreto o algo. Moni, ¿volverías a casarte? Con otro, digo, no con el muerto de hambre.

—Si me enamoro y me complementa, si.

—Luego te paso el móvil del sobri. Este es capaz de no dártelo por no molestar.

—Tita, estoy de cuerpo presente.

—Ya lo sé, jardino. ¡Ni que fuera tonta o algo! ¿Qué te parece el caramoco? ¡Qué quiere casarse en Eurodisney!

—Yo conozco a otro que…

—Si, jardina, sí, mejor déjalo estar. Cada vez que se le nombra, sube el pan. ¿Tú te casarías ahí?

—¿Por qué no? Es tan bonito como cualquier otro lugar.

—¡Virgen de la tempestá, otra colgá!

—¿Cómo dices, Gena?

—¡Ná, filliña, cosas de la tita!

El tiempo fue pasando y llegó la hora de la despedida. Hubo besos, abrazos y promesas de volver a verse pronto.

El camino a casa resultó monotemático.

—Sobri, ¿qué te pareció Moni?

—Me ha sorprendido mucho. Es más guapa que en la tele, la sacaban horrorosa, mucho más inteligente, en el programa parecía una loca con un ataque de hormonas, y divertida. Sabe utilizar la retranca como el que más.

—¡Aquí hay tema!

—No, tita, que una persona me resulte grata no significa que sea el amor de mis sueños.

—¡Ay, sobri, es que tus sueños…!

De madrugada Genara entró en casa.

—Señora, ¿y el título? preguntó el narrador.

—Si, jomío, aún espero que me nombren marquesa o algo.

—El del relato.

—Supongo que será por mi amiga Moni. Se casó con un carahostio, hizo todos los esfuerzos del mundo por ponerle más cachondo que la mula Francis mascando chicle y, en cuanto pudo, el muy desgraciao le dio puerta. Tampoco estoy muy segura, ya tengo bastante con estrujarme la cabeza con las chuminás de mi sobri. ¡Casarse en Eurodisney! ¡Santa Engracia la mayor que tenía el chichi en flor!

—Si señora, para darlo a gritos.

 

FIN

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21 Respuestas a “GENARA Y SOBRI: ¨Casados y me diste pista¨

  1. Miguel Villa tiene esa difícil capacidad de hacerte reir cada vez que le lees. Es ágil, divertido, una lectura llena de detalles pero amena y toca todos los temas de actualidad de una forma muy fresca y divertida.
    Me encanta, enhorabuena!!

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