Memoria, laberinto y ficción

Pedro A. Curto

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¿Puede la literatura transformar la realidad? ¿Puede el arte, la ficción, la cultura, cambiar la realidad, aunque sea la de nuestro entorno más cercano? Estas y otras preguntas sobrevuelan la última novela del escritor venezolano residente en España, Edgar Borges, El olvido de Bruno. Así en ella se dice: “Eliana sintió que la narración era un suceso que podía transformar la realidad. Si la persona asumía un cambio en su narrativa podía crear (se) otra historia.”

e-borgesAl igual que en algunas de sus novelas anteriores, como La ciclista de las soluciones imaginarias o ¿Quién mató a mi madre?, Borges centra el espacio narrativo en un microcosmos social situado en la periferia, para abordar desde allí conflictos sociales y humanos a los que entra en una especie de juego. Se diría que aborda cuestiones esenciales pero sin centrarse en los momentos de cada época, sino desde una literatura menor, al modo de que lo hizo Franz Kafka.

En esta nueva obra nos volvemos a encontrar en un barrio que podría ser cualquiera, con su carga de monotonía, conflictos, gentes conocidas y vivencias diarias. Instalados en esa normalidad  está Bruno, un librero de barrio, afable y reconocido por sus vecinos, que vive con su mujer, Eliana, una escritora. A partir de esos trazos de la historia, todo es duda e incertidumbre. No sabemos si Eliana está viva o muerta, si sigue escribiendo o no, si ha dejado a su marido… Bruno vive en una nebulosa mental, puede padecer Alzheimer y esa enfermedad mental nos lleva a dudar de todo. Nada es seguro, todo es duda. La narración va cruzando diversos datos e informaciones, pero estos no sirven para componer un texto novelístico homogéneo, sino todo lo contrario, se unen por una serie de conexiones fragmentarias en una práctica narrativa cortazariana.  Es como si el narrador lanzase sobre la mesa las piezas de un puzzle, pero estas piezas no sirven para encajar una con la otra, pues aún relacionándose, no conforman una sola pieza, sino van abriendo diversas puertas, a caminos inciertos. Y sin embargo cada pieza tiene un sentido, creándose una serie de interrelaciones, en el que quedan planteados sobre el tapete diversos temas. El papel de la literatura y de la ficción en nuestras vidas, en particular cuando se relacionan con la ficción. Y el papel opresivo de esa realidad, que en algunas ocasiones hace convertir a los personajes borgianos en una suerte de quijotes luchando contra los molinos de viento. En esta novela se aborda de manera especial la memoria como algo fundamental para la construcción de la realidad. Pero, ¿y cuando la memoria está afectada por una alteración mental? Eso nos lleva a que cuando una niña desaparece, los apacibles vecinos del librero Bruno, levanten el dedo acusador contra él: la fragilidad del héroe discreto a la del anti-héroe. Como se dice en la novela: “Si de la ficción surgió el laberinto, de la ficción tendrá que surgir una salida.”

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