De Hiroshima a Gernika

Pedro A. Curto

hiroshimamonamour

 

“Como tú, también yo intenté luchar con todas mis fuerzas contra el olvido. Y he olvidado, como tú. Como tú, deseé tener una memoria inconsolable, una memoria de sombras y de piedra.” Le dice la voz de la actriz Emmanuelle Riva a su amante japonés en la película Hiroshima Mon Amour, de Alain Resnais,  una de las cuestiones que el ser humano se ha planteado ante la tragedia provocada: la necesidad de la memoria y la pulsión del olvido por el horror de no conseguir comprender. Quizás algo de eso tiene que ver con nuestra memoria colectiva y el por qué hasta ahora no se había hecho ninguna película de ficción sobre el bombardeo de Gernika, hasta que se estrenó la de Koldo Serra. Sí se habían hecho  documentales como Gernika bajo las bombas, de Luis Marías, antologías poéticas, estudios, análisis y novelas… pero hasta ahora estaba libre el espacio cinematográfico, que  en otras latitudes contaría con varios títulos.

gernika

La película de Serra es de una estética clásica, narra desde la ficción, pero recreando la historia real, incluso sus protagonistas están basados en personajes que existieron. Así Constancia de la Mora, de la Oficina de Prensa Extranjera de la República, en la película es Teresa y George Lowther Steer, periodista del Times, que dio a conocer al mundo la realidad del bombardeo, es Henry Howell. La relación entre ambos sitúa un debate ya conocido, de que la verdad es una de las primeras víctimas de la guerra y buena parte de la trama se desarrolla sobre esa base. La estética cinematográfica es cuasi nórdica, con las imágenes repletas de los colores más vivos, de verdes y azules como la tierra, de naranjas como el fuego, y finalmente, de grises y negros como las cenizas, cuando desemboca en un final épico, en una espectacular explosión visual y sonora, que no es difícil nos haga recordar la obra de Picasso.

Hiroshima y Gernika son lugares de la tragedia, de la matanza en masa e indiscriminada, de la tecnología al servicio del crimen, pero sus nombres se han convertido en símbolo y por eso van más allá. El símbolo escoge lo concreto para universalizarlo, hacerlo historia, construir esa memoria inconsolable; esa es la visión que tuvo Picasso cuando pinto su cuadro. Y algo de eso se refleja en Hiroshima Mon Amour.

La película Resnais se aparta de Hiroshima, para hablar de Hiroshima. No narra la tragedia, para profundizar en esa tragedia, para saber del horror. A través de un poderoso y poético texto de Marguerite Duras, autora del guión, va tejiendo fragmentos con una historia minimalista, de amor y pasión. Por el contrario a la película de Serra, esa historia no es un pretexto, si no una plenitud que habla a flor de piel. Y que encadena, a través de la memoria, otras violencias. Unas violencias que se convierten en memoria y construyen el relato de la tragedia. Así Resnais deja unas imágenes documentales, cubiertas de trazos poéticos, como los cuerpos abrazados sobre los que cae una lluvia de cenizas (poderosa y descriptiva imagen), para luego efectuar una suerte de huída. Una pasión instantánea y breve, para hablar de la muerte colectiva producida en unos segundos por el hongo maldito. Y a través de esos fragmentos, de una pareja que lucha contra el tiempo, que se persigue por la ciudad nocturna heredera de la tragedia, preguntas lanzadas al viento: “¿Contra quién la cólera de ciudades enteras?” Y la respuesta golpea como consignas: “La cólera de ciudades enteras tanto si lo quieren como si no, contra la desigualdad establecida como principio por ciertos pueblos contra otros pueblos, contra la desigualdad establecida como principio por ciertas razas contra otras razas, contra la desigualdad establecida como principio por ciertas clases contra otras clases.” Y todo ello con un ritmo poético, que aúna lo intelectual, con el sabor de los sentidos. La belleza no sólo para saber de la tragedia, sino para sentirla. Y ante todo, para construir el relato de esa memoria inconsolable, pues se trata de una película que trabaja esa evocación: “¿A qué negar la inevitable necesidad de la memoria…?”, se pregunta la protagonista.

La pasión y el horror. El amor sobre las sombras de las tragedias. La memoria construyendo los relatos de las violencias encadenadas. La belleza para hablar de la muerte y la destrucción. Como dice Mitchell: “ La relación imagen/texto en el cine y en el teatro no es una cuestión meramente técnica, sino un espacio de conflicto, un nexo donde los antagonismos, políticos, institucionales y sociales entran en juego con la materialidad de la representación”.

Se puede hablar de muchas formas de tragedias como el bombardeo de Gernika o la bomba atómica sobre Hiroshima, pero la mirada introspectiva y poética de Resnais-Duras, consiguieron como Picasso, hacer del símbolo, una obra inmortal.

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