Cielo de plata

Laura Mastracchio

Buenos Aires

No hay límite de nostalgia;

son húmedos los ojos

de la tarde en la ciudad.

Las nubes van dejando caer,

en finísimo susurro, el ritmo

de sus voces cristalinas.

Sobre las calles

revestidas de otoño

se ve a las almas andar

encogidas de hombros;

sus deseos tiritan

bajo el manto nocturno.

Mientras de besos plomizos

se empañan los rostros

apresuran el paso

caminantes de turno.

 .

No hay límite de nostalgia;

son húmedos los ojos…

 

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