El idiota

Beatriz Fiotto

Estrella

El idiota cumplía 40 años y se había levantado contento, no paraba de decir que había soñado con un cielo lleno de estrellas.

El idiota era el menor de tres hermanos, era menudo, de aspecto aniñado el rostro y de viejo si se lo veía de espalda. Sus hermanos, en cambio, eran robustos como robles,  trabajados por los esfuerzos físicos, sus músculos disputaban con los botones y las costuras que los oprimían.  Competían desde chicos en cualquier desafío físico. Los dos eran muy fuertes. Y ambos cultivaban un desprecio por su hermano, no tanto por su condición de idiota como por su debilidad y flaqueza física, pero lo que más detestaban de él, eran sus sueños.

El idiota vivía soñando.  Soñaba que el vecino caminaba por un prado maravilloso y que lo saludaba sonriente, y a los dos días el viejo estaba viendo crecer el pasto desde abajo, en un precioso cementerio privado. Soñaba con una carpa decorada con luces de colores y a la semana aparecía un circo en el pueblo. Y ese día, no paraba de fastidiar con su sueño de las estrellas.

-¿Ah, sí?, ¿y vos qué hacías en tu sueño? -le preguntaban.

– Yo era una estrella más -decía el idiota y entrecerraba sus ojitos.

Por eso, después de cenar, cuando la vieja lavaba los platos, los hermanos lo invitaron a ver las estrellas.

-¿Estás seguro que sabés dónde está? -le preguntaba un hermano al otro.

-Sí, estoy bien seguro -respondió y se alejaron con el idiota.

Llegaron al campo industrial, lo bordearon, en el cielo se recortaban algunas chimeneas y los tinglados de los galpones. De noche parecía  abandonado el predio, avanzaron  hasta llegar a un descampado,  no había camino y fueron abriéndose paso entre los pastos, zigzagueando; se guiaban por las particularidades del terreno, este arbusto,  aquellos escombros.  El idiota los seguía, un poco mirando el suelo, un poco mirando el cielo.

-Soñé con muchas estrellas, más estrellas -decía y reía.  Y, como quien recuerda algo, volvía a reír.

-¡Acá está! ¿Viste que te dije? Ayudame a correr la tapa -dijo el hermano que presidía la marcha y los forzudos comenzaron a remover un bloque de hormigón, de un desagüe que venía del campo industrial.  Un vaho caliente y hediondo los hizo retroceder, pero enseguida se repusieron al asco, estaban  frente a un pequeño pozo séptico.

-¡Acá están tus estrellas!!! ¡Idiota!! -le decían sus hermanos, mientras lo sumergían en el lodo espeso del pozo- ¿A ver con qué vas a soñar ahora?

El idiota no podía ver nada, pero sentía  el líquido en sus oídos, zumbidos ensordecedores y, como si viniera de lejos, un arrastrar pesado que cerró el silencio y la noche.

Una pequeña válvula, corrida de su lugar, le permitía distinguir un retazo de cielo, en ese retazo de cielo una estrella titilaba con intensidad.

—–

Beatriz FiottoMaría Beatríz Fiotto Parada, nacida en 1972, en España. Reside en Rosario (Argentina), es Profesora en Ciencias Económicas y fotógrafa. Participó en muestras en el país y en España. Obtuvo menciones en el concurso San Cristóbal. Estudia Letras en la Universidad Nacional de Rosario. Participó con su ponencia en la Feria Rosarina del Libro. Expositora en la UCEL en Seminario de microrrelato. Colabora con el Semanario Las Nueve Musas.

 

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