En rojo: “Recuerdos del futuro”

Harry Rainmaker

manos

No puedo dejar de pensar en el momento en que mis manos naveguen tu espalda, cuando mis dedos como pájaros perdidos puedan anidar en tus tiernos pechos de miel, para acariciarlos suavemente hasta endurecerlos de doloroso placer, que será el preanuncio de las mayores delicias que vendrán cuando los tomes entre tus manos y me los ofrezcas para que los reciba, plenos, rotundos, en mi boca anhelante. Cuando mis labios se posen sobre ellos, sé que vibrarás con sentimientos nuevos, maravillosos. Los sentiré crecer, latir, encenderse, derretirse contra mi lengua peregrina.

Pero advierto que no será bastante, curiosa ansia ésta que en vez de calmarse se acrecienta y ya me encamino a beber del almíbar de tu fuente, la que con gracioso pudor pero con decidida convicción, abrirás palpitante a mis ojos y entregarás a mi boca, para que recorra sus enrojecidos pliegues con minuciosa devoción y con infinita morosidad.

Sólo tu primer delirio me hará detener, pero nada más que por un momento. Como sé que imaginarás, extrañas fuerzas interiores hacen que mi deseo adquiera formas gigantescas, poderosas, con la implacable dureza del pedernal.

Como un arado monumental imagino que iré en busca de tus enfebrecidas entrañas, recogiendo su llamado, su apremiante reclamo. Y con una ternura hasta entonces desconocida, te tomaré entre mis brazos, me miraré en tus ojos, y con tu feliz y urgente consentimiento, te haré mía, guiándote acompasadamente, dándote tiempo para que sientas cómo se enciende cada porción de tu vientre, cómo se difunde esa maravillosa sensación por todo tu cuerpo, bramando ya como una tormenta de verano. No sabrás que te enloquece más, si la carne que te traspasa la carne con incontenible frenesí o mi mirada profunda, que te taladra la mirada, que te revoluciona el alma.

Me urgirás a que pronto derrame mi lava pero insistiré con mi loco horadar, llevándote a que disfrutes de una nueva agonía hasta que sin poder aguantarme más, rinda mi espada embravecida y en feroz catarata me funda en tu interior, sellando la unión con un profundo beso de ternura y agradecimiento.

Estos son los recuerdos que me gustaría tener cuando el tiempo labre huellas de plata en nuestras sienes. Estos son los recuerdos que desearía atesorar cuando miremos las fotos de nuestro casamiento.

Estos son los recuerdos del futuro que estaba dispuesto a intentar, si no te hubieras ido por temor, precisamente, por temor a engendrar esos recuerdos.

 

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