Canuto Cañete y yo

Alberto Ernesto Feldman

Balá

Carlos Balá, actor cómico representativo de un humor sano y muy ingenuo, hizo las delicias de los niños de una época que todavía se recuerda. Su primera película, “Canuto Cañete, conscripto del siete”, fue filmada en el año 1963. La mayoría de las escenas fueron tomadas en el Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín”, donde me encontraba cumpliendo el Servicio militar.

Junto con mis compañeros de escuadrón, fuimos requeridos varias veces para filmar escenas de conjunto y, acercándonos al primer actor, Balá resultó ser una persona tan agradable y cordial como hacía suponer su trato con los niños en sus frecuentes apariciones, primero radiales, y luego televisivas y teatrales.

Nos poníamos muy contentos cuando venían a filmar porque nos sacaban de la rutina por unas horas y jugábamos como chicos, volviendo a ser niños, corriendo desmañadamente y participando de escenas graciosas y absurdas, ajenas a la disciplina militar, como comparsas rodeando a los actores profesionales.

La película no tenía otra intención que la de entretener y hacer reír a los más pequeños con efectos simples y rotundos, y lo consiguió desde su estreno. El argumento trata de un joven reacio al llamado a filas, siempre en conflicto con sus superiores y que encuentra, durante unas maniobras militares, una gran cantidad de dinero en una residencia abandonada, fruto de un robo a un Banco por una banda de ladrones que lo esconde allí hasta poder sacarlo del país. Como poco antes, el joven recluta había recogido en la calle inocente dinero falso, arrojado con fines publicitarios desde un camión con altoparlantes que promocionaba una marca de electrodomésticos, estaba convencido de que el dinero encontrado en la mansión presuntamente abandonada, era también material publicitario.

Nuestro héroe toma los billetes y los lleva a sus hermanos menores para que jueguen, y usa algunos billetes para gastar bromas a un compañero poco avispado, enviándolo a hacer grandes compras que resultan concretadas, porque el dinero, pese a ser robado, es legítimo.

Se suceden vertiginosas escenas de persecución con automóviles, porque los ladrones tratan de recuperarlo, pero Canuto Cañete y sus cuatro mejores amigos de la milicia, luego de pasar por varias situaciones de peligro, consiguen que la Policía detenga a los delincuentes, convirtiéndose nuestro personaje en un héroe.

Para la última sesión, filmada en interiores, vinieron a buscarnos con un ómnibus, para llevarnos a los viejos Estudios de Argentina Sono Film, en la localidad de Martínez, provincia de Buenos Aires.

Necesitaban veinticuatro extras con equipo completo de combate. En ese momento, los ciento veinte soldados del escuadrón estábamos en las caballerizas del Regimiento, rasqueteando aburridos a nuestros caballos, cuando el teniente ordenó con gracia: “¡Levanten la mano los que se consideren más inútiles!”

Siguiendo la chanza, casi todos la levantamos. Estuve entre los veinticuatro elegidos y nunca me alegré tanto por considerarme inútil, porque gracias a eso pude ir a mi casa y ver a mi familia un mes después de mi ingreso a filas; fue mi primera salida.

Para ir desde el Regimiento hasta el lugar de filmación, el ómnibus debía pasar a sólo cien metros de mi casa, y como estábamos en el período inicial de la incorporación, durante el cual los reclutas permanecían tradicionalmente cuarenta y cinco días sin salir de franco, al pasar por mi barrio y contemplar los lugares familiares, no pude contener mi ansiedad y le pregunté al chofer, si al regresar, sería posible pasar por mi casa y esperar unos pocos minutos. El buen hombre me dio su palabra, siempre que no demorara más que esos pocos minutos.

Nunca olvidaré ese regalo de la suerte. Gracias a la película de Balá, pude abrazar a mis padres y a mis hermanos menores, extrañaba mucho a los míos.

Nos saludamos con mucha alegría y mi padre corrió para traer de la panadería de al lado unas cuantas docenas de facturas y compartirlas con mis compañeros, mi mamá abrió su costurero y me proporcionó cantidad de hilos y agujas, también para compartir, muy útiles para reforzar las costuras de nuestra ropa, en especial del traje de gala, con su buena cantidad de botones.

Hoy Carlitos Balá, próximo a cumplir noventa años, actúa muy ocasionalmente, pero su querida presencia es sostenida en el recuerdo por quienes, pertenecientes a varias generaciones de niños, han disfrutado de su humor muy simple, nunca con doble intención ni apelando a descalificación ni a un vocabulario soez.

La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires lo declaró en el año 2009 “Personalidad Destacada de la Cultura”, y en 2011 recibió el premio “Martín Fierro” por su trayectoria.

En mi memoria, la película “Canuto Cañete, conscripto del siete” y la actitud de Carlos Balá hacia los más pequeños, están indisolublemente unidas al año 1963 y a mi paso por el Servicio militar.

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Aquí la película “Canuto Cañete conscripto del siete”:

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