Fernando Morote, la antítesis de un patrón (I)

Estefanía Farias Martínez

Fernando Morote

Una flor entre las piedras

vive como yo entre la gente,

desadaptada y absurda,

pero lo hace naturalmente.

Autorretrato

Poesía metal-mecánica, 1994

 Hay autores que con un solo texto atrapan al lector. Pocas veces me había pasado a mí. Sin embargo, este verano leí un fragmento de ¨Polvos ilegales, agarres malditos¨ de Fernando Morote y ya no pude parar. Realicé gestiones para conseguir sus libros y devoré todo lo que pude encontrar: ¨Los quehaceres de un zángano¨, ¨Polvos ilegales, agarres malditos¨ y ¨Brindis, bromas y bramidos¨, incluso una selección de poemas de ¨Poesía metal-mecánica¨. Fue un viaje intenso, convulso y excitante. Un recorrido increíble por un universo diferente, lleno de color, en permanente estado de evolución.

El autor por excelencia que influye en Fernando Morote, desde antes de que empezara a escribir, es Julio Ramón Ribeyro. La lectura de ¨La palabra del mudo¨ fue su primera fuente de inspiración, su descubrimiento de que quería ser escritor cuando aún era un niño: escribir como él, despertar las mismas sensaciones que sus cuentos lo hacían en él. Más que una influencia es un maestro que le acompaña desde entonces. Tuvo la oportunidad de conocerle en persona, de que leyera sus relatos y le dedicara una frase memorable que se le quedó grabada a fuego: No sólo es usted un escritor original sino además con mucho talento. El título de ¨Los quehaceres de un zángano¨ es un homenaje a ¨La palabra del mudo¨, el de ¨Brindis, bromas y bramidos¨, muy anterior al libro, es un juego con el ritmo y está basado en una frase de ¨Silvio en el Rosedal¨, un cuento de 1976. Las enseñanzas de Ribeyro están asimiladas por Morote hasta tal punto que apenas se perciben, un aprendizaje completo que no deja rastros en los textos, pero se vislumbra por la fuerza expresiva de éstos y la forma en que se construyen, el cuidado y el mimo con el que el autor trata cada detalle, la pulcritud.

Su fascinación por el cine, la música y la pintura le lleva a encontrar a sus otros maestros, sus otros monstruos, como él mismo los llama, en figuras como Van Gogh, Gauguin y Pollock con personalidades marcadas, que luchaban para expresarse como querían hacerlo, rebelándose contra las normas establecidas: la misma batalla que él libraba; como Buñuel y Fellini, que utilizaban el absurdo en tramas sencillas sólo en apariencia, mostrando la realidad, con desfachatez, un hondo sentido crítico y un humor muy peculiar, a través de imágenes incoherentes y personajes extraños o individuos corrientes con comportamientos inusuales: rasgos característicos en sus relatos; como Hitchcock que cuidaba los detalles y los ambientes consiguiendo atrapar al espectador dentro de la historia: una de sus habilidades por excelencia; como Queen, los Rolling Stones, Eagles y Led Zepellin capaces de volver locos a los sentidos a través de los cambios de ritmo: imprime esas variaciones en sus textos, de la misma forma, alternando las secuencias vertiginosas con otras más pausadas.

-Doce salvavidas jugando un partido de fulbito en la arena.

-Dos manos desesperadas apareciendo y desapareciendo en el horizonte ondulado.

-Un ahogado anónimo, que sólo yo he visto.

-Una familia entera recorriendo la playa, preguntándole a todo el mundo por alguien que se ha perdido.

-Un heladero viejo pedaleando su carretilla, maldiciendo su existencia.

-Cien chiquillos corriendo desaforadamente hacia el heladero.

-Cien chiquillos agarrando a puñaladas al heladero.

-Cien chiquillos comiendo helados.

Fragmento de ¨Alegre panorama estival¨

Los quehaceres de un zángano (Bizarro Ediciones, 2008)

 

Dos hombres bucean detrás de una mujer. El acto se ejecuta delante de mí. El ómnibus está vacío. Miro por la ventana. La mujer me mira insistentemente. Por fin, con sus dedos índice y cordial, me golpea el hombro y habla:

—Me están robando.

Yo miro y constato que, en efecto, le están robando.

Después, vuelvo a mi posición anterior.

—¡Me están robando, señor! —repite ella, más excitada.

Otra vez miro y le digo:

—¿Y?

Fragmento de ¨Flexiones en el ómnibus¨

Brindis, bromas y bramidos (Artgerus, 2013)

En sus historias no hay una estructura lineal, ni explicaciones previas, ni descripciones detalladas. Prescinde de elementos superfluos. La acción se plantea desde un principio. Los diálogos son uno de los recursos que utiliza para dar agilidad a los textos y mostrar a los personajes abiertamente. Es el lector el que debe realizar el trabajo de unir las piezas. Los títulos de sus relatos se salen de lo habitual: ¨Toccata y fuga (pre y post-historia de una cachada brava), ¨Funesta Fantasía inFeliz¨ o ¨El arte de cagar parado¨ sólo por citar algunos;  lo mismo ocurre con los nombres de sus protagonistas: Mamerto, Metrónomo, Michael Jackson, Brutus, Aptadolfo, Penélope y otros muchos. El dominio de las frases cortas y largas, de la puntuación, nos lleva por los textos al ritmo que él marca; obligándonos a detenernos de pronto, como si nos dieran una patada, una reflexión en voz alta o una expresión que nos aturde, pero en cuestión de segundos vuelve a sumergirnos en la historia. Altera continuamente las secuencias temporales, pasado, presente y futuro se suceden sin orden, aunque sólo en apariencia, como en un cuadro de Pollock.

¨Los quehaceres de un zángano¨ es su primera novela, la publicó una editorial peruana en el 2008, cuando ya se había asentado en Nueva York. La estructura de esta obra es un auténtico ejercicio de originalidad. Está dividida en dos partes. La primera, con ocho capítulos, tiene una estructura aparentemente caótica, la forma en la que Morote expresa la personalidad fracturada del protagonista: un hombre que fracasa en su intención de ser abogado y en la de formar parte de la fuerza productiva (episodios hilarantes sobre sus intentos de encontrar un trabajo a su medida nos aportan una bocanada de aire fresco) hasta que toma la firme decisión de ser escritor. Los fragmentos que contienen experiencias personales desde niño hasta adulto van marcando los matices del carácter de su personaje. Desde la ingenuidad del niño, que se enfrenta a situaciones cotidianas como el test psicológico en el colegio que le desconcierta pero le lleva a la reflexión sobre su entorno, hasta la sinceridad aplastante con que plantea los episodios de sus momentos más oscuros, dominado por las drogas. Relatos y poemas acompañan a estos textos, aportando luces y sombras a la narración, alterando las secuencias o completándolas. En la segunda parte la estructura se transforma, tres capítulos construidos a partir de páginas del diario del protagonista y las cartas a la mujer de su vida. Ha iniciado una nueva etapa y nos muestra sus éxitos y fracasos, sus angustias, sus debilidades, contradicciones constantes, un conflicto continuo entre sus sueños y sus obligaciones.

 Esquén tomó la primera sandía y disparó. La atrapé bien, como él dijo, embolsándola como si fuera un arquero de fútbol. Di la vuelta para aventársela a Gavilán, pero era muy pesada. Entonces la levanté con ambas manos y la lancé como balón medicinal. La gigantesca fruta dio varias vueltas en el aire, parecía no llegar a destino, Gavilán adelantó un paso y logró atraparla, colocándola luego en el piso. La segunda sandía me cayó del cielo como un tonel. Me hundí al recibirla. Me repuse, giré para enviarla, pero sentí que perdía oxígeno, los brazos me temblaban.  Tuve que acercarme antes de lanzarla. La tercera sandía me partió el alma, casi me desmayo. Nunca pensé que un trabajo tan sencillo pudiera ser al mismo tiempo tan pesado. Me sentía mareado. Con la cuarta sandía tuve ganas de vomitar.

  “Martes, Dic. 13, 1994. Alguien me comentó el otro día que no entendió algunos poemas de ‘Poesía Metal-Mecánica’. Sencillo: no hay  nada que entender. Cuando la gente se ve enfrentada a un texto simple y directo se queda en la luna. Prefiero ser grosero y salvaje, pero Dios me libre de ser vulgar”.

“Seis ejemplares de ‘Poesía Metal-Mecánica’ reducidos a la nada. A una cosa negra despanzurrada. Como una coliflor podrida. Preciosa. Los quemé simplemente porque no me gustaba la portada. El espectáculo duró 1 hora exacta. Algunos se hicieron humo en el acto, otros se mostraron rebeldes y tuve que atizar el fuego para que se consumieran igual que sus congéneres. Disfruté viéndolos desaparecer. Los seis libros  de poemas cupieron perfectamente en una pequeña bolsa blanca de plástico. Una mancha cuadrada y pegajosa sobre el piso de la azotea quedó como huella de su efímera existencia”.

  ¨Polvos ilegales, agarres malditos¨, publicado en el 2011, responde a la necesidad del autor de tratar el tema del sexo, un proceso de exploración personal, un inventario de experiencias desde la infancia hasta la madurez. La estructura por la que opta resulta muy acertada. El libro cuenta la historia de un hombre desde dos líneas temporales a la vez, como si desde el presente estuviera contemplando las imágenes de su pasado, nos llevara a través de ellas sin desempeñar el papel de narrador sino como un espectador más, al igual que nosotros, permitiendo que nos adentremos en su mundo interior. Y para ello utiliza fragmentos muy breves a modo de reflexiones, diálogos, aseveraciones que corren a lo largo de la narración de principio a fin, encabezando cada episodio sexual, separados del texto por una frase de una canción. Esos episodios se presentan como escenas cerradas, relatos breves con temática común, pero para evitar saturar al lector las recrea utilizando un vocabulario rico y cargado de matices, un laberinto de metáforas y expresiones cotidianas. Crea un lenguaje propio que da color a cada texto aunque de nuevo encontraremos luces y sombras en la historia, éxitos, fracasos, confesiones, debilidades. Un protagonista absolutamente imperfecto: un sinvergüenza simpático. Las canciones presentes en este libro, página a página, son la banda sonora de ese recorrido vital.

 -Mi mujer-¡otra vez!- tiene razón. Es puro ego. Lo que me pregunto es cómo ella puede saber tanto sin ver nada. Es simplemente alucinante.

  Otra duda existencial sobrevino al espíritu de Judas. El espectáculo era imposible de desatender. En silencio retrocedió brevemente y con mucho cuidado, desde una de las puntas, le levantó la falda. Emergió una pierna, blanquísima, luego la otra, carnosa, y arriba de ambas los dos mofletes perfectamente dibujados y la rayita divina. Un fino surco esperando a ser sembrado. El calzoncito colorado lo confundió. ¿Toro de lidia o matador? Muy majo, saltó al ruedo. Se le enredaron los cuernos con la muleta. No distinguía entre sangre y arena, sol y sombra, banderillas y picadores. Sin la venia del comisario, plantó la estocada mortal. Destino dejó de vomitar. Sintió algo frío detrás. Volviendo la mirada, entre nubes borrosas, sorprendió a judas embelesado, recibiendo a dos manos la ovación del respetable. Esa tarde cortó rabo y oreja.

  ¨Brindis, bromas y bramidos¨, publicada en el 2013, es un libro de relatos que le permitió incluir textos de finales de los 80´ (que en su momento quedaron fuera en la construcción definitiva de ¨Los quehaceres de un zángano¨) y otros escritos en el 2009 y entre el 2011 y el 12, historias que quería contar y que agrupó en esta obra dividiéndola en secciones cuyos títulos son elegidos para causar impacto sin importar si suenan bien o no, o precisamente por eso: cubículos, decembrinos, epiteliales, estentóreos, frigoríficos, metabólicos y oníricos. Cada sección es un viaje de distinto tono, incluso dentro de ellas puede llevar al lector de la carcajada a la angustia en apenas tres o cuatro relatos y luego recomponerlo para afrontar la siguiente. Todos los rasgos característicos de los personajes de su universo particular, sus distintas formas de expresión en lo que a la estructura, las temáticas y el lenguaje se refiere están presentes a lo largo de estos 28 cuentos.

 Fue un día de triunfo. Me aprobaron por unanimidad. Aquella tarde memorable, con ese fogoso desempeño, puse fin al monstruo engendrado 22 años antes, que desencadenaría luego en mi vida una espiral incontenible de decadencia, depravación y desaliento generada por una carrera mal elegida en el momento oportuno.

Fragmento de ¨El alcohol despeja la mente¨

  No podía más. Cogí el teléfono y marqué cualquier número. Sonaba el timbre.

Una voz solemne, de hombre serio, contestó: Aló —dijo—. Y me dio la oportunidad de gritarle:

¡Quiero ser artista!

 Fragmento de ¨Sin voz ni voto¨

 —No voy a escribir otra cosa sólo para satisfacer las expectativas de los demás. Comprendo que estoy fuera del circuito escribiendo lo que escribo. Pero, como dice Buñuel, “desafortunadamente no tengo otras ideas”. Tampoco me interesa escribir otra cosa. Tengo que ser honesto. Y escribir otra cosa, sólo para lograr aceptación de editoriales o agentes, sería como traicionarme a mí mismo.

 Fragmento de ¨Pájaros madrugadores¨

 Entonces apareció ¨La cocina de infierno¨. Y me volvió a sorprender.

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