Pensando en Violeta

Lucía del Mar Pérez

Feminismo

Yo no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres,

sino sobre ellas mismas. 

Mary Wollstonecraft.

Violeta, morado, lila: el color del feminismo. La llama del sufragismo que agitó las sociedades del Ochocientos y del Novecientos, lejos de extinguirse, permanece viva, inflamada por los vientos de la sinrazón de la violencia de género y la intolerancia, pero también por un paternalismo vetusto enraizado en nuestra cultura desde tiempos inmemoriales.

El 8 de marzo es el día que en el que se institucionaliza la valía de las féminas, algo que para muchos desgraciadamente aún está por demostrar. Un día grande, de respeto y conmemoración, propio para dignísimas celebraciones. Sin embargo,  en demasiadas ocasiones se convierte en una especie de circo con animales exóticos, justo en el preciso instante en el que los algunos políticos aparecen adoptando un fingido discurso de empatía con el llamado sexo débil, ahora  expresión tabú, aunque se siga susurrando en  numerosos conventículos.

 ¿Qué es el feminismo?

Las definiciones del feminismo son múltiples, como diversas son las interpretaciones de este movimiento social. Hemos considerado la de Carme Castells como una de las más completas:

                  Lo relativo a todas aquellas personas y grupos, reflexiones y actuaciones orientadas a acabar con la subordinación, desigualdad y opresión de las mujeres y lograr, por tanto, su emancipación y la construcción de una sociedad en la que no tengan cabida las discriminaciones por razón de sexo y género. [1]

 Se trata, en definitiva, de un movimiento nacido para conseguir la igualdad política, social, económica entre hombres y mujeres. Algunos de los derechos reivindicados son el control de la propiedad privada, la igualdad de oportunidad en la educación y en el trabajo, el derecho al sufragio y la libertad sexual.

Cierto es que estas reivindicaciones han ido variando a los largo del tiempo, y sobre todo, son diferentes según el ámbito geográfico en el que nos encontremos. Las sociedades y los regímenes políticos evolucionan de manera dispar, por lo que hallamos múltiples realidades en la situación de la mujer actual: desde el fundamentalismo islámico hasta los países nórdicos, son muchos los estadios en la progresión del feminismo.

 Orígenes del feminismo

La mujer se encontraba profundamente lastrada por fundamentos ideológicos extraídos de las Sagradas Escrituras. Una “inferioridad” femenina que bebe en la fuente de la Epístola de San Pablo a los corintos [1]  y fue asumida con total naturalidad en los siglos posteriores.

Los historiadores han podido rastrear el origen de este cambio, es decir,  la percepción de la mujer como un ser inferior, en el siglo II. Es el momento en que la Iglesia asume el modelo de patriarcado hebraico y se inicia el proceso de masculinización de la religión y por extensión la de la vida de las mujeres que aparecen subordinadas a los varones. Se transmite la imagen de la mujer como pecadora y culpable de la muerte de los hombres, biológicamente inferior al varón y con escasa o nula capacidad de entendimiento. A consecuencia de dicha inferioridad debe someterse a la tutela de un varón, padre, marido o hermano, permaneciendo siempre encerrada en casa, siendo recomendado, a partir del Concilio de Trento, que permanecieran en silencio y “santa ignorancia”. Durante siglos, las voces que pudieran aparecer discordantes a la doctrina que emanaba de la Iglesia fueron sistemáticamente silenciadas. Los débiles intentos de subversión del estatus femenino fueron frustrados casi desde su nacimiento.

Tradicionalmente se ha considerado el siglo XVIII y el pensamiento ilustrado como los orígenes del feminismo. Los principios enarbolados por la Ilustración y vinculados tanto a la Revolución de las colonias británicas en América en 1776 o la Revolución francesa en 1789, hacían hincapié en Los Derechos del Hombre y del Ciudadano, cuyo objetivo principal era la consecución de derechos, libertades e igualdad jurídica. Sin embargo estos nobles principios dejaron de lado a la mujer sin hacerse extensivos a la totalidad de los seres humanos.

Frente a esta marginación se alzaron las voces de mujeres como Mary Wollstonecraft, que en 1790 escribió Vindicación de los Derechos de la Mujer, en la que defiende la inclusión de la mujer en la emancipación propuesta por la Ilustración negada a las mujeres. Reivindicó la individualidad de las mujeres y la capacidad de elección de su propio destino. En un tono similar se expresó Olympe de Gouges, reclamando derechos civiles y políticos concretos. En el ámbito mediterráneo destacó la española Josefa Amar, quien se anticipaba en 1784 con su Importancia de la instrucción que conviene dar a las mujeres.

A pesar de haber sido considerado el Siglo de las Luces como el origen histórico de las reivindicaciones feministas, cometeríamos una injusticia histórica obviando a figuras como la italiana Christine de Pizan, que en el siglo XV con La ciudad de las damas, creaba una ciudad utópica donde las mujeres agraviadas tuvieran autoridad.

Tampoco debemos olvidar a la poetisa barroca conocida como la Décima Musa, Sor Juana Inés de la Cruz, con sus continuas alusiones a los “hombres necios que acusáis a la mujer sin razón”. La mexicana Juana fue mortificada en vida por sus inclinaciones científicas y literarias, impropias para una mujer, con el agravante de ser monja, en el siglo XVII.

 El Sufragismo

Sin embargo, el verdadero punto de inflexión en la historia del feminismo es la aparición del movimiento sufragista. Surgido en el siglo XIX, reivindicaba el voto femenino. Tuvo gran peso en Gran Bretaña, donde la Revolución Industrial generó una situación propia para el avance del feminismo. Las mujeres de baja extracción social comenzaron a trabajar en las fábricas donde sus condiciones laborales eran pésimas, con unos salarios inferiores a los de los hombres a los que estaban sometidas legalmente.

Por otro lado, las mujeres de clase media alta debían permanecer en el hogar arquetípico burgués convertidas en un mero elemento decorativo. Serán precisamente estas mujeres cultas de clase media las reformistas. Pero será un hombre, John Stuart Mill, quien publicó en 1869 Sobre la Esclavitud de las mujeres, quien atrajo la atención del público hacia la causa feminista. Precisamente sería  Mill quien presentaría en 1866 la primera petición del voto femenino en el Parlamento.

En los Estados Unidos se anticiparon: en 1848 más de cien personas celebraron en Seneca Falls, Nueva York, la primera convención sobre los derechos de la mujer. Dirigidas por Elisabeth Cady Stanton, solicitaron la igualdad de derechos.

Las corrientes de pensamiento socialistas surgidas a raíz de la industrialización mostraron una cierta preocupación por la situación de la mujer. El socialista utópico Fourier sostenía que la situación de las mujeres es el indicador clave del nivel del progreso y civilización de una sociedad. Flora Tristán en su obra Unión Obrera aceptó la aportación del socialismo utópico en la transformación de la unidad familiar. Friedrich Engels afirmó que el origen de la subordinación de las mujeres no se debía a causas biológicas, sino a la aparición de la propiedad privada y a la exclusión de femenina de la esfera de la producción social.

 Feminismo en el siglo XX

Los principales logros del sufragismo se consiguieron en el siglo XX.  Fue en Estados Unidos donde se reconoció en 1920 el sufragio universal femenino, precedido por el temprano sufragio femenino conseguido en 1893 en Nueva Zelanda.

En Gran Bretaña fue necesario recurrir a las prácticas violentas de las “suffragettes” y su Women’s Social and Political Union: sabotajes, incendios de comercios, agresiones a domicilios privados de políticos y miembros del Parlamento. Ante la represión a la que se vieron sometidas, respondieron con huelgas de hambre, por lo que la administración recurrió a la alimentación forzada. El Parlamento aprobó la Ley del Gato y el Ratón: las mujeres serían liberadas cuando se recuperaran físicamente, para ser de nuevo encarceladas. Finalmente en 1918 se reconoció el voto a las mujeres mayores de 30 años, y universal en 1928.

En España no sería hasta la Segunda República, en 1931, cuando se alcanzaría el voto universal femenino de la mano de Clara Campoamor, abogada y diputada española.

Podemos establecer un pequeño paréntesis en la lucha feminista como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, cuando ya se ha reconocido el derecho al voto femenino en la mayoría de los países occidentales. Pero en 1949 se alzó la voz límpida de Simone de Beauvoir,  en El segundo sexo. En esta obra defendía la idea de que la mujer “no nace mujer, deviene mujer”, es decir, que es la sociedad la que le atribuye el rol de lo inesencial.

 Feminismos contemporáneos

A partir de los años Sesenta del siglo XX el feminismo tomará un fuerte impulso, amparado por las convulsiones y las revueltas estudiantiles propias de ese periodo. Se imponen nuevos conceptos, nuevos ámbitos de lucha centrados en la búsqueda de la causa de la opresión de la mujer y apareciendo el concepto de patriarcado.

Las especialistas en la materia, afirman que en la actualidad podemos distinguir entre dos grandes bloques: el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia. El feminismo de la igualdad sostiene la existencia de un sexo indiferenciado y universal, en el que las diferencias sociales son solo consecuencia de las relaciones de dominación. En consecuencia, tratarán de ampliar el marco de los derechos femeninos. En esta tendencia se incluirían tres tipos de feminismos: el liberal, el socialista y el marxista.

Frente a este, aparece el feminismo de la diferencia o indómito, que se postula en contra de una igualdad entre los sexos, puesto que las mujeres no pueden ni quieren instalarse como iguales en un mundo patriarcal, proyectado por y para hombres. Por lo tanto, establecen como causa de la desigualdad entre ambos sexos la caracterización patriarcal de la mujer y los esfuerzos por igualar al hombre. En este feminismo indómito se incluirían el feminismo radical, el cultural o el postmoderno.

Como vemos, el feminismo es un movimiento complejo, heterogéneo y vivo. Siendo conscientes de la complejidad de los feminismos actuales, vamos a detenernos aquí. El feminismo actual se merece un tratamiento exclusivo y minucioso, que en este pequeño artículo no se puede ofrecer, y que se ha basado en el punto de vista sesgado de quienes contemplamos nuestro ombligo occidental.

Ahora propongo realizar un viaje al pasado a través de la vida de algunas mujeres que vivieron en tiempos pretéritos y que destacaron en su entorno por razones diferentes. Nos esperan citas con las grandes, con las pioneras, con las célebres, con las silenciadas, con las marginadas. Y mientras ellas se acercan, orgullosas de ser rescatadas del olvido, nos quedamos pensando en violeta…

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[1] CASTELLS, Carme: Perspectivas feministas en la teoría política, Paidós, Barcelona, 1996,p.10

[1] Epístola I de San Pablo a los Corintios (9: 8-10) –«Que no fue el hombre formado de la hembra, sino la hembra del hombre. Como ni tampoco fue el hombre criado para la hembra, sino la hembra para el hombre. Por lo tanto, debe la mujer traer sobre la cabeza la divisa de la sujeción y también por respeto a los ángeles»– (Biblia, 1396)

 

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