Más cine: “Soy un fugitivo (I am a fugitive from a Chain Gang)”

Estefanía Farias Martínez

cartel de Soy un fugitivo¿Quién no se ha sentido alguna vez como un prófugo en persecución permanente, objeto de sospecha continua? ¿Quién no ha tenido la sensación de que lo único que puede hacer para sobrevivir es adaptarse a lo que le toca, aunque eso implique desaparecer entre las sombras? Eso es lo que le ocurre al protagonista de ¨Soy un fugitivo¨ (1932). James Allen (Paul Muni), un sargento condecorado, vuelve de la guerra ansioso por cambiar su vida por completo. Su trabajo en una fábrica de zapatos le espera; pero él no quiere seguir siendo un soldado en época de paz, dentro de una cadena de montaje; no quiere seguir obedeciendo estrictos reglamentos. Él quiere crear algo, utilizar las manos y la cabeza, incorporarse al mundo de la construcción. Así que cambia su puesto por trabajos precarios a lo largo y ancho del país hasta acabar sumido casi en la indigencia. Es la época de la gran depresión, la medalla de un soldado ni siquiera se puede empeñar, hay demasiadas. La generosa invitación a una hamburguesa le lleva a caer en una trampa. Involucrado en un atraco a mano armada, es capturado en el lugar del crimen por la policía, y condenado a más de nueve años de reclusión en un penal de trabajos forzados. Ahí empieza su agonía.

 La expresión en el rostro de Allen sufrirá muchas transformaciones a lo largo de la historia. En esas primeras imágenes, a su llegada al penal, observas una profunda curiosidad, ingenua y ajena a lo que está ocurriendo. Como cuando le colocan los grilletes: trece eslabones entre un tobillo y otro (otorgándole la movilidad suficiente para andar pero no para correr) y una segunda cadena con una argolla en la parte central cuya utilidad desconoce. Tú descubres casi a la vez que él que es la forma de mantener a la recua de presos unidos entre sí. Una escena que te recuerda a los galeotes, en aquellos barcos de galeras de la antigüedad, es el preámbulo de la dura jornada que le espera desde esa primera madrugada: los hombres semi incorporados en los catres y la cadena que les une siendo retirada por uno de los guardias con un ruido infernal. Cuando los llevan a los carros que les conducirán a su campo de trabajo vuelven a deslizarla entre las argollas y las bridas de los caballos. 1Una sensación de todas las bestias tratadas por igual te sacude como un escalofrío. Eres testigo de largas jornadas picando piedra en una cantera o participando en la construcción de las vías del ferrocarril, obligados a pedir permiso hasta para secarse el sudor, presos que enferman y mueren ante la desidia de los guardias y un continuo sonido de cadenas arrastrándose y entrechocando, como una letanía.

 Lo que transforma por primera vez a Allen es una conversación con sus compañeros sobre las formas de abandonar el penal: cumpliendo condena o en un cajón de madera barata. El director de la película lo ilustra con una imagen: en el carro que transporta el ataúd viaja el preso liberado, sentado sobre él, sonriente y satisfecho. Allen, consciente de su larga condena, se fuga. 2Los planos del fugitivo y de los perseguidores se alternan, el estruendo lastimero de los perros es la música de fondo. Cuando se esconde bajo el agua, el silencio absoluto asociado al prófugo, en contraste con los sonidos del exterior, añade tensión a la escena; incluso puedes ver las piernas de uno de los guardias aproximándose a Allen que permanece paralizado y te paralizas tú también.

 Cuando llegó al penal no era un criminal y cuando se escapa tampoco lo es, cambia de estado y construye una vida, se casa y consigue convertirse en lo que quería, alcanza un puesto importante en una constructora. Pero como toda esa vida es falsa se desmorona cuando se enamora de Helen (Helen Vinson); su matrimonio con la mujer que conoce su secreto, Marie (Glenda Farrell), se basa en el chantaje, una boda a cambio de su silencio, y al intentar romperlo, ella le delata. El prófugo que había ridiculizado al sistema con la fuga, ahora, como hombre prominente, desde su prisión preventiva, denuncia ante la prensa los abusos en el penal de trabajos forzados. Llega a un acuerdo con el gobierno estatal donde cumplía su condena y vuelve a la cárcel, al mismo lugar de donde salió, esperando que su permanencia allí sea muy corta como le han prometido. Sin embargo, una a una, incumplen sus promesas; agraviados por sus denuncias, no perdonan; y tras negarle tres veces el indulto, la ultima de forma indefinida, él ya no muestra sentimiento alguno en sus ojos. La ingenuidad del protagonista ha desaparecido, esta vez por completo, se transformó en indignación y ya sólo queda un abandono absoluto. Se vuelve a fugar y no sabes más de él hasta que un año más tarde, escondido entre las sombras, aparece ante Helen para despedirse de ella.

 La película fue dirigida por Mervyn Le Roy y el guión, de Howard J. Green y Brown Holmes, se basa en el libro autobiográfico de Robert E. Burns I´am a Fugitive from a Georgia Chain Gang, publicado ese mismo año. Si bien los guionistas incluyeron ligeras modificaciones en la historia porque Burns sí cometió el robo, cinco dólares, que le supuso una condena de 6 a 10 años de trabajos forzados, tanto el libro como esta película constituyeron una dura denuncia contra el sistema penal americano en este periodo de entreguerras, y en cierta medida ayudaron a suavizar las condiciones en las que se encontraban este tipo de presos. Además, parte de esa denuncia estaba relacionada con el hecho de imputar condenas desproporcionadas a pobres infelices por delitos menores.

 Todo el elenco masculino queda reducido a la omnipresencia de Paul Muni, el protagonista absoluto de la historia, que consiguió su segunda nominación al oscar, la primera fue en 1929 por ¨El valiente¨ y por fin, en 1936, lo obtuvo por ¨La tragedia de Louis Pasteur¨. En cuanto a las féminas, sólo merece la pena mencionar a Glenda Farell –que ya había trabajado con LeRoy en ¨Hampa dorada¨ (1931)- porque desempeña con oficio su papel de villana, pero poco más.

4 La maestría de Le Roy -que cuenta en su haber con obras destacadas como ¨Niebla en el pasado¨ (1942), ¨Madame Curie¨ (1943) y ¨Quo vadis?¨ (1951)- es uno de los grandes aciertos de la película. Era un verdadero experto en obtener resultados espectaculares con limitaciones de presupuesto. Juega con las imágenes y con el espectador a voluntad. Mensajes subliminales que calan profundamente. El rostro de Allen, cuando lanza la carga explosiva que hará volar el puente para evitar que le atrapen sus perseguidores, es el de otro hombre. Y la destrucción de ese puente tiene una fuerte carga emocional: ya no hay vuelta atrás. Una de las escenas memorables de esta película, por lo devastadora, es la del final: la oscuridad absorbe al protagonista, un hombre aniquilado que vive escondiéndose. El último diálogo entre Allen y Helen se produce a distancia y la película se cierra con dos frases:

-¿Cómo te ganas la vida?

-Robo.

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