El hombre eterno

Francisco Segovia

ojos ancianos

Cuando era aún un chaval, a Matías Morente le diagnosticaron una curiosa fobia: odiaba todo lo relacionado con la muerte: desde los cementerios hasta las sucursales de las funerarias.

Con los años su trastorno empeoró, a pesar de estar bajo continuo tratamiento con multitud de psicólogos, e incluso tratado con medicamentos que pretendían calmar sus angustias cada vez que veía un coche fúnebre, o acontecía un fallecimiento en su entorno más cercano. Llegó a ser considerado por la medicina un caso único por ser tan extremo, y fue estudiado en miles de tratados y tesis doctorales.

Matías terminó acostumbrándose a su situación, e intentó llevar una vida normal dentro de la anormalidad que suponía no querer –ni poder- enfrentarse con la muerte.

Eso sucedió hace ahora mil quinientos años. Matías Morente sigue vivo, aunque envejecido en un extremo inimaginable… Y no ha fallecido porque es tanto su terror a la muerte que su cuerpo y su mente la rechazan cada vez que se presenta. O eso, al menos, es lo que dicen los médicos que lo asisten.

 

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