“Septimizados”, de Sebastián Virgili

Marita Rodríguez-Cazaux

Autor V

Sebastián Virgili (Bahía Blanca, 1974) sorprende otra vez -y de la mejor manera-, bajo el original título de “SEPTIMIZADOS”, su último libro.

 Quien ha confesado que vive en Bahía Blanca pero, mentalmente, contempla el Mediterráneo desde la balconada de Positano, goza de bilocación y puede  multiplicar en atmósferas literarias, realidades o fantasías que, como aquellos fantasmas vivientes que la cultura germana llamaba Doppelgänger, habitan con capacidad de atormentar a profesores, maestros y alumnos.

 El título rememora la expresión desesperada, anunciada a viva voce por una compañera en sala de profesores un día en que, después de haber dado dos horas de cátedra en primer año de escuela secundaria (séptimo de primaria), irrumpió en la sala exclamando “¡Estoy septimizada!”. A Virgili, le pareció ideal la expresión para coronar “relatos que hablan de la pérdida de la dignidad, entre otras cosas, tanto de alumnos como de docentes, en la escuela argentina”.

 Explayado en PARANINFO, IMPLUVIO, y ERUDICIÓN, y bellamente ilustrado por Sandra Andrea Virgili, se presentan cincuenta y dos relatos que visten una infancia colorida o sepia o negra, a pesar del guardapolvo blanco, y van más allá de la dinámica que conlleva lo anecdótico, tanto que, “refleja las contradicciones, lo absurdo, lo tangible y lo inmediato de la realidad educativa latinoamericana” como asegura la autora del Prólogo, Dalila M. Godoy Zamora.

 De incógnito y sin omnisciencia, hay un observador que ocupa la primera fila -o el último banco-, el propio Virgili. Con léxico acertado sabe rescatar el desquite guardado por años e invita libremente, como es su forma de expresión en la vida misma, a paladear victorias, represalias y resarcimientos con hilaridad imperdible, sin perder marcha en la narración.

 Sin duda, la sagacidad de su óptica es puerto de salida para paisajes que conoce bien por su tarea docente, una vocación llevada a cabo contra la “amenaza paterna, demanda social y el grito de los maestros acaparando las calles”. Vocación que mancomuna con la necesidad de la escritura, como ha confesado en Silabario “despuntando el gusto de escribir, ficcionando la realidad para poder entenderla, para integrarla y para burlarse de ella”.

 Sebastián Virgili, frecuenta la ironía y el humor con altura, logra encontrar el punto exacto para que el Lector se interne en la historia y no quiera hacerse la rabona. Quizá, porque sus historias son obstinadamente irreverentes. Y jóvenes, como siempre nos hubiera gustado ser.

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AUTOR*Sebastián Virgili, Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires,1974. Profesor de Química en la Universidad Nacional del Sur, docente, escritor.

 

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