Sergio Coello
Lars Armstrung es mártir de oficio. Su trabajo consiste en tomar cada mañana la primera palabra inaudita que le viene a la boca para sacudirle cien latigazos con la trenza de un mujer muda. Después, la deja secar al sol noruego de medianoche hasta que el vocablo acaba transformándose en algo vago, inútil, bello e insoportable. Como el dolor.
