¡Sexo con denominación de origen!

Manuel Villa-Mabela 

Sexo Villa-Mabela

Estoy muy contento. Mi coach de Terapia Sexual me ha dicho que estoy haciendo muchos progresos. Tuve que acudir a su gabinete dada la crisis de ansiedad que padecí en el último buffet libre de sexo. Atravesaba un estado patético-depresivo, dado que por una parte me seducía el sexo de taberna: libertario, sucio y anónimo,  pero mi política íntima, mi armonía erótica tendía  hacía el sexo de calidad, con denominación de origen. He asistido a muchos buffets, de esos en que pagas cuarenta o cincuenta euros y tienes derecho a consumir  todas las viandas libidinosas  que te puedas imaginar. Hay mujeres, cabras, pósters, almohadas, cacahuetes, globos. Y ansiolíticos. Ni para escupir te quedan fuerzas. Pero yo me quedaba triste con tanta carne de mercado. Si es que así no tiene  gracia, cualquiera con sueldo fijo, cualquier funcionario se lo puede montar como un triunfador. Yo busco sexo con pedigrí: fantasía, música, caricias, miradas, aunque todo sea fingido, qué más me da. Si te engañan con elegancia pues bien engañado, y tu vanidad  viril más que contenta. Lo que no me gusta son esas mujeres que ligas en la calle y van directas al tajo y no dejan de mirar el reloj. Todo el rato mirando el techo con mala leche: ¡Venga! ¿No lo sientes?

Además es que a mí el sexo de recicle no me vale. Eso de que un marinero, un diputado o una Drag Queen compartan el mismo envase no va con mi filosofía de compartir. Por mucho que lo limpien y abrillanten, no es lo mío. No hombre, no, ahí no hay poesía. Yo no pido que empiecen a gemir como posesas y me  griten desaforadas: ¡Eres un crack, machote! Yo no pido eso, pero si me dijeran algo parecido, desde luego, habría una buena propina.  Yo quiero sexo de calidad, con denominación de origen. La última vez, buscando el calor del romanticismo, que fui a la casa de una divorciada casi me duermo esperándola porque antes de venir a atenderme acostó a los niños, llamó a su madre, fregó los platos, se embadurnó la cara y cuando se metió bajo las sábanas su discurso de pareja fue: “despáchate rápido que mañana tengo que llevar a los niños al colegio y no se te ocurra manchar las sábanas que están puestas limpias de esta mañana”.

Mi coach me ha asegurado que si sigo sus directrices, quedaré preparado para cualquier manifestación sexual que no sea radical. No sé, ya quisiera, soy un tipo sensible y no tengo mucha suerte con mis experiencias. Llevo toda la vida buscando novia formal y no hay manera.  Mi último intento me dejó mal sabor de boca. La conocí en un museo. Hay días que no se paga. Se fijaba mucho en los cuadros. Pensé que debía ser culta o miope. Parece ser que estudiaba odontología.  Yo la invité a casa: palomitas, ron y película muda del surrealismo alemán, pero nada, ella a lo suyo: que iba a meterme la lengua hasta capturarme todos los náufragos de mi placa dental, que el sarro la estimulaba, que la gingivitis le ponía a cien. Mi coach me sugiere que me meta en internet, que haga sexo en las redes: bueno, barato e higiénico. No sé, algo tengo que hacer para saborear sexo con denominación de origen. Si tengo que abrazar y acariciar una pantalla de ordenador pues tendré que abrazarla.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .