Por qué no he votado (ni pienso votar) a Pedro Sánchez

Juan Alberto Campoy




Según el diccionario de la RAE, la canícula es “el período del año en que es más fuerte el calor”. Este término proviene de la constelación Canis maior, cuya estrella Sirio era, antiguamente, la que más brillaba en las noches veraniegas del hemisferio norte. Un poco antes de que, en plena canícula, día 23 de julio, nuestro querido presidente convocara las elecciones generales, este humilde escribidor aportó diez razones por las que no pensaba depositar su confianza en el partido socialista. Hubieran podido ser quince o diecisiete razones, pero pensé que, utilizando la forma de decálogo, causaría mayor efecto y quizá algún despistado podría incluso imaginar que mis argumentos estaban imbuidos del espíritu divino, como le pasó a Moisés en el Monte Sinaí. El motivo de hacer público este decálogo ahora, una vez pasadas las elecciones (antes lo había distribuido exclusivamente entre familiares y amiguetes), reside en que todo apunta a que la repetición de las elecciones no es un hecho en absoluto improbable.

1) ¿Por qué narices ha cambiado la política española respecto al Sahara sin consultarlo absolutamente con nadie?

2) ¿Por qué dicho cambio de política coincidió con el espionaje de su móvil? ¿Es correlación o causalidad? En otras palabras, ¿el Estado español está siendo sometido a chantaje?

3) ¿Por qué se indultaron a los organizadores de un intento de subvertir el orden constitucional?

4) ¿Por qué, en lugar de ampliar el concepto de sedición a los nuevos tiempos (donde ya no hay Pavías a caballo, ni siquiera Tejeros con tricornios, sino cosas más sofisticadas, como intentos de demolición de las estructuras democráticas desde dentro del sistema, esto es, justo lo contrario de lo que se hizo en la Transición), como se había prometido, se eliminó este delito del Código Penal como si fuera una antigualla?

5) ¿Por qué se redujeron considerablemente las penas por malversación de fondos? ¿Por qué es más grave llevarte el dinero a tu bolsillo para llevar una vida más desahogada que robar el dinero para romper la convivencia de un país, o para financiar una campaña electoral?

6) ¿Por qué, a pesar de los numerosos dictámenes en contra, se aprobó la ley del «sólo sí es sí», con los nefastos resultados sabidos por todos?

7) ¿Por qué, pese al continuo goteo de revisiones de penas a los maltratadores, se tardaron seis o siete meses en cambiar la ley?

8) ¿Por qué muchos «»»progresistas»»» han afirmado que nunca debió haberse cambiado dicha ley, por el mero hecho de que estuviera consensuada con el PP (la caverna, que asco, por favor)?

9) ¿Por qué Yolanda Díaz (quien sería presidenta si ganara Sánchez) votó en contra de la modificación de dicha ley?

10) ¿Por qué si una mujer maltrata a un hombre de la misma manera que un hombre a una mujer (yo qué sé, obligándole a escuchar el repertorio completo de los Back Street Boys), la actitud del hombre está más penalizada que la de la mujer? Y por cierto, ¿qué significa esta pregunta, exactamente, cuando un hombre no es otra cosa que quien se considera hombre, y una mujer quien se considera mujer: querer es poder)?


Post Scriptum: Al igual que Javier Cercas (quien hizo públicas antes de las elecciones sus razones para votar al PSOE), yo también me considero un socialdemócrata, pero pienso que este término está asociado a conceptos como “justicia social”, “igualdad de oportunidades” y “redistribución de la riqueza”, y no tiene nada que ver con tener más tragaderas que nadie y con llamar fascista a todo aquel que no piensa como tú.  

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