Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA:”Donde caerme muerto”

Ítalo Costa Gómez







Mi relación con mi familia es algo distante. Son todos buenas personas, variopintas y exóticas (llevan mi sangre, saquen su cuenta), pero por ciertas situaciones dadas durante mi crecimiento yo ponía una barrera entre ellos y yo. No quería que intervinieran en mi vida, por lo tanto, no sabían nada acerca de ella y por el mismo motivo fuimos creciendo como extraños. Gente que se saluda una vez al año en alguna reunión inevitable o en un velorio y punto. Para mí, fuera de mi madrina y sus hijos, no hay más parentela. Mis amigos son mi verdadera familia.

[Mi Famimia]

Una vez dicho esto entenderán que me pareció rarísimo recibir la llamada de mis tíos en pleno viernes para invitarme a «compartir».

– ¡Querido e ingrato sobrino!, No te acuerdas de los pobres.

– ¡Hola tío!, qué agradable saludarte. Espérame que ahorita te paso con mi mami. – pensé que era lo que quería.

– No, flaquito. Queremos invitarte a almorzar mañana porque tenemos un regalo para ti y necesitamos conversar contigo. Por favor tráenos dos copias de tu DNI.

Me moría muerto. Mil cosas se me cruzaron por la cabeza. ¿Un regalo?, ¿Tengo que firmar ante notario? Seguro que me van a comprar la casa que merezco, me darán la herencia adelantada, las joyas de la corona que despilfarraré en alcohol y strippers. Qué ingenuos podrían ser estos pequeños consanguíneos. Pobrecitos.

Me fui yo, bien seguro de mí mismo, a la casa de mi tíos. Tras los saluditos correspondientes, el cafecito y el canapé llegó la Hora D.

[Ya llegó el momento de jugar y de reír]

– Italo, hemos estado pensando entre tus primos y tíos en tu futuro. En el de todos nosotros, en realidad. Queremos darte una tranquilidad y también a tu mamá. Te hemos inscrito en un seguro. Necesitas firmar estos papeles. Es un contrato, léelo con calma. Con esto te estamos asegurando que el día que te mueras tengas un buen sepelio, un cajón, un servicio de primera y todo estará pago. Incluido el crematorio y el entierro.

[Uno, dos. La muerte viene por ti. Tres, cuatro. Cierra la puerta. Cinco, seis. Toma el crucifijo]

Para mí todo corría en cámara lenta. En pocas palabras me habían llamado para decirme que estaban preocupados por qué iba a hacer mi madre el día en que mi cuerpo se rinda y estoy en los treintas. No me tienen mucha fe, creo. Me estaban regalando un hueco para que entierren mis cenizas sin apuro y con una soprano para que cante el Ave María mientras me dieran el último adiós. Leía el contrato sin entenderlo mucho. Todo en lo que se posaban mis ojos parecía fúnebre nivel Sayayin:

[SEPELIO. TUMBA. CADAVER. RIGOR MORTIS. CAFÉ Y GALLETAS. SACERDOTE. CAPILLA ARDIENTE]

Firmé los papeles como si fuera una sentencia. Aunque si se ponen a pensar es un gran regalo. Es una tranquilidad importante para mi madre. Uno nunca sabe qué puede pasar. Sí, acepto. Firmé. Lo hice entre carcajadas – porque así soy yo – y por supuesto que di unas últimas palabras antes de retirarme. Un último chascarrillo.

– Gracias a todos por su preocupación y valoro mucho lo que están haciendo por mí. Aunque debo admitirles que están tirando su plata a la basura porque planeo enterrarlos a todos ustedes. Iré a todos y cada uno de sus sepelios acongojado y me encargaré de que el servicio también sea de primera. Les pagaré con la misma moneda su amor filial. Muchas gracias por su confianza y por la tumbita eh.

Sonrieron no muy convencidos de haber captado mi real estado de ánimo tras el contratito. Cuando se dieron cuenta yo ya había dejado los papeles sobre la mesa y me había largado. Al menos, gracias a esa tarde inédita, puedo decir que ya tengo donde caerme muerto.

¿Cómo les quedó el ojo?
Les jalaré las patas a todos, sobre todo a los zapatones que están leyendo esta despedida. Me fui. Nos vemos en el purgatorio.

Una respuesta a “Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA:”Donde caerme muerto”

  1. Cuando se es joven, no se piensa en esas cosas. A medida que vas madurando y le vas viendo las orejas al lobo y has tenido que lidiar con él, por tus padres, suegros o alguna persona de la familia, te lo planteas, aunque sin demasiada convicción en lo que a uno mismo le atañe. Finalmente aceptas, por cariño a quien se supone que te sobrevivirá (aunque nunca se sabe). De todos modos, no era lo que te esperabas e imagino la cara de «manzanas agrias» que se te pondría de morros para adentro. Dentro de lo serio, eché unas risas. Objetivo cumplido. Abrazote, chaval.

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