Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Sociedad Elefante”

Ítalo Costa Gómez

 

 

 

 

Escritorio
(Miguel Ángel Sanz Chung – “La Casa Amarilla”).

Dentro del abismo
no se mira.
Al borde del precipicio de otra carne
no se ausculta,
los ojos no se asoman,
el cuerpo no se empina.
No importa que a través de los vestidos
puedan vislumbrarse salvajes estampidas,
en lo hondo del pecho de otro hombre
no se escarba,
no se hurga,
no se horada con herramienta alguna.
A pesar de que las piernas
tiemblen sin fuerzas,
las manos no se examinan,
no se penetra en la sima de los ojos,
no se coloca una trampa
en lo profundo de las amígdalas.
No querrás ver al hombre
obligado a hincarse sobre el suelo,
contrayéndose por los espasmos,
arrojando un magma incontenible
de gemidos y balbuceos.
El silencio que lo sostiene
es su última guarida.
Un gesto de despedida debería bastarnos.
Nadie debe conocer
las periódicas arremetidas contra el escritorio.
Detrás de este aviso
no existe revés.
Dentro del abismo
no se mira.

VI
(Miguel Ángel Sanz Chung – “Quién las hojas”)

El árbol es el sueño,

…………………..la utopía.

 

……………………………………………………La hoja sobre el suelo,

……………………………………………………………………………….bocarriba,

…………………………………………………………………..justo cerca de mi cuerpo,

…………………………………………………………………………..es lo único real.

 

…………………………………………………..Infinitas veces esta hoja habrá intentado caer

…………………………………………………..bocabajo, para ovillarse como un armadillo,

…………………………………………………..para cerrarse sobre sí misma como una pequeña

…………………………………………………..esfera, como una piedra insignificante que pase

…………………………………………………..desapercibida; bocabajo, para lograr ser algo

…………………………………………………..o nada que se pierda entre la maleza, entre el pasto

…………………………………………………..seco, sin que nadie se dé cuenta de su presencia.

…………………………………………………..Porque bocabajo nadie te conoce; solo reconocen

…………………………………………………..otra espalda, otro lomo. Bocabajo nadie sabe cuál

…………………………………………………..es la forma de tu rostro, ni si tienes los puños

…………………………………………………..cerrados, si aprietas los dientes, si frotas el cemento

…………………………………………………..con la frente o con los ojos. Bocabajo pueden

…………………………………………………..ahogarse hasta los gemidos; hasta las lágrimas

…………………………………………………..pueden sorberse bocabajo.

…………………………………………………..Y esta hoja lo sabe. Y yo sé que todo este tiempo

……………………………………………………ha estado retorciéndose como una tortuga,

…………………………………………………….pataleando desesperada, mostrando -para más

…………………………………………………….humillación- las estrías de su vientre a los paseantes,

…………………………………………………….a los perros, a los insectos.

…………………………………………………….Bocabajo nadie reconocería el dolor en su rostro;

…………………………………………………….hasta la muerte podría llegar y no sabría si allá abajo

…………………………………………………….es tiempo de tormentas en la frente o si el sol ilumina

…………………………………………………….un cielo despejado. Bocabajo no estaría obligada a

…………………………………………………….mirar el mundo, ni el mundo podría mirarla,

…………………………………………………….desnuda, sobre la acera.

 

El árbol no existe.

………………El bullicio de sus ramas

…………………………..es puro rumor,

………………………………solo mentira.

 

……………………………………………………….La hoja sobre el suelo,

……………………………………………………………………….bocarriba,

………………………………………………………………es lo único real.

………………………………………………………..Justo cerca de mi cuerpo,

………………………………………………………..a solo a unos centímetros de mi pie.

………………………………………………………..Y el impulso de posar todo mi peso

………………………………………………………………………………………………….sobre su cuerpo,

………………………………………………………..para sentir el placer de oír cómo crujen,

…………………………………………………………………………………………………………….uno por uno,

…………………………………………………………………………………………………..todos sus huesos,

…………………………………………………………………………………..es algo que no puedo evitar.

 

………………………………………………………..Y ella lo sabe,

……………………………………………………….pero no lo entiende,

………………………………………………………ni me perdona;

……………………………………………………..para que eso fuera posible,

……………………………………………………..le habría hecho falta

……………………………………………………..poder andar sobre dos piernas.

 

Terraza de Kiyomizudera
(Diego Alonso Sánchez Barrueto – “Por el pequeño sendero interior)

Hoy es el décimo octavo día del Noveno Mes. Con el primer claro de luz, me alisto para una jornada ardua. Hace mucho que no visito Daidairi, ni rezo en Fushimi Inaritaisha o en Sanjusangen.
Mi itinerario lo empiezo en Rokuonji; allí me encuentro con Yamu, un antiguo condiscípulo, que me acompaña en la oración. Pasamos la tarde andando y reflexionando.

Camino de corazón
¡aún con vestido
de piedra!

Se desploma la noche sobre nuestras cabezas y así llegamos a Kiyomizudera. Hacemos un rápido recorrido por el santuario y nos detenemos sobre la enorme baranda que, sostenida por cientos de pilares, sobresale de la colina y nos ofrece una impresionante vista de la ciudad. Yamu dice: “saltar de la plataforma de Kiyomizu y se quita los zori. En ese momento me fulmina una visión estremecedora: veo un río que refleja la luna en sus aguas y una sombra que la desafía desde las alturas.
Me saco el calzado y antes de saltar pienso:

Terraza para coger
la luna:
ahí está la poesía.

 


Iniciar el viaje
(Diego Alonso Sánchez Barrueto – “Por el pequeño sendero interior”)

Hoy es el quinto día del Quinto Mes. He remojado pétalos de lirio para limpiar mis pies cansados mientras observo a unos niños zarandear a un muñeco vestido de senshi. El río Hirose no está lejos, y aunque hoy – más que nunca – las carpas deben estar nadando contra la corriente, yo me consuelo en pensar si ya es tiempo de emprender viaje en busca de Li Po.
Mi hermano Yoshitada diría, sin duda:

Una carpa de papel
más valerosa
en río bravo.

En su honor decido abandonar Sendai y Matsushima, para redescubrir mi espíritu en alguna ciudad olvidada por la memoria.
Como despedida, al iniciar el viaje, cuelgo estos versos en uno de los pilares de mi casa.

Hoy Kodomo no hi
Pétalos de lirio
desatan mis pies.

.

.

Antes y después de los dioses
(José Agustín Haya De La Torre – “Un bosque ardiendo bajo un mar desnudo”)

Antes y después de los dioses, el hombre del desierto no deja de desbrozar con los picos de las aves muertas toda materia grasa que lo alimente. No evita toparse con otras formas vivientes para palear su soledad unos momentos (tal vez recuerde el amor o la ternura y luego encimarlas y deglutir de ellas toda proteína.

Antes y después de los dioses, el hombre del desierto es la misma duna que grano a grano se esparce, y se acumula, y se disipa, el excremento arrastrado por el escarabajo para alimentar a sus hijos, la escama pulverizada de la serpiente que es nuevo mineral. Vive en el sahumerio del calor sofocante, en las grutas donde nunca irrumpe centelleo
[alguno.

Antes y después de los dioses, el hombre del desierto se investirá con cada uno de los huesos que en su sendero
[encuentre.
Su centrípeto andar fabula semejanzas y diferencias: él es la borrasca que difumina sus delicados trazos endurecidos por la sal, la inerme marea arenal
que se fagocita; mas ante el gorjeo de las ventiscas
se desvela: designa el movimiento que lo rodea,
el silencio mismo, y le confiere desde el vacío
su voz, aunque muera ahogado de sed.

.

.

Extramuros
(José Agustín Haya De La Torre – “Un bosque ardiendo bajo un mar desnudo”)

¿A dónde has de volver, si los confines
resuelven el siguiente paso, la dispersión
anotada entre los barullos del cuerpo
que acompañas? Cíclico ante la galaxia,
engendras, originario, la entrañable danza
del dios hallado en tu interpretación:
el que te ayuda a colocar las vigas, el que arregla
las suelas de tus zapatos, el que remienda
el uso de tus pantalones, si tú como el gato
también te acicalas en el silencio, si tú
en tus huesos con todo cariño vuelves
a compartir el alimento del día de mañana
aunque no lo obtengas para ti, si tú perseveras
en la crianza de lo que no te pertenece
y otros versos y hallas ese único lugar
deshabitable en ti mismo. Ahora llegan
los respiros de las flores cuando se cierran
al anochecer, ahora la tensión del aire
hincha tus pulmones mientras sostienes
el cuello de un cisne negro que como tú
también sueña, ahora la candela indica
la intensidad del polvo lunar. Mantener
cerrados los párpados no te ciega, la luz
se puede vislumbrar el ardor de cada
uno de los umbrales de tus términos.

.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .