Amor eterno

Emilio Westphalen

 

 

Da miedo, a veces, encontrarse con que el camino cae a pico y que hay que bajar agarrándose con las uñas de las rocas. /
En esta circunstancia, no se puede sino aconsejar que a cien metros del suelo se suelten las manos. /
La caída es deliciosa: el cuerpo se ha hecho permeable; lo atraviesan flores, hojas aromáticas; riachuelos, algas, /
espuma del mar, hilos de lluvia, cabellos de mujer, copos de nieve. Estos, al fin, se solidifican a su alrededor, para luego /
estallar tal una granada arrojada con violencia al rostro de la mujer amada, que aparece sonriente tras las trayectorias /
vertiginosas de los granos rojos.

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