El lado oscuro de la luna

Francisco José Segovia Ramos

 

 

—Desde la base central nos ordenan que volvamos a casa.

—¿Y dejar el proyecto “Génesis” para siempre? Saben que, una vez abandonemos el satélite, éste quedará a merced de los elementos.

—Cierto, además de que los problemas de nuestro planeta van a impedir que regresemos pronto. Está también el peligro de guerra que se nos avecina.

—Son demasiados elementos los que están en contra del proyecto.

—Demasiados y muy difíciles de contrarrestar. No nos queda otra opción que ordenar el embarque del personal y el cierre de todas las instalaciones.

Se miraron fríamente. Después de mucho tiempo, esfuerzo y costes económicos, el proyecto “Génesis” iba a quedar relegado al olvido. Sospechaban que nunca se retomaría el mismo y que quedaría olvidado, como tantos otros a lo largo del cosmos.

Poco después las grandes naves de carga partieron del satélite artificial y se perdieron en el firmamento, con destino al planeta madre.

Detrás dejaron el satélite artificial, bautizado por su civilización como “Génesis”, que orbitaba el pequeño y joven planeta azul, y que millones de años después otro grupo de seres, muy diferentes y bastante menos avanzados, que habitaban el planeta objeto de sus estudios, llamarían “Luna”.

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