Miguel Rubio Artiaga

La niña triste (1921)-Carlos Saenz de Tejada
Era un niño pequeño
con mirada de adulto
con manos de adulto
con alma de anciano.
con sueños de niño
con el corazón gastado.
Era un hijo sin padres
un nieto sin abuelo
un hermano sin hermanos
un ser vivo sin sombra
una silueta enferma
de luz agónica
y macilenta.
Era una vida sin vida
un dolor ambulante
un perro lazarillo ciego
que solo sabe encontrar
el camino de la muerte
o la senda de la cárcel.
Era un ser invisible
una nada iridiscente
un solar abandonado
lleno de gargantas rotas
y resecas fuentes.
Un punto negro en lo oscuro
una gota de cal en la nieve.
Era un niño pequeño
y una estrella apagada.
Una luna siempre roja
y una flor de basurero.
Una muerte anunciada,
un suicida inocente
sin lugar siquiera en el cementerio.
Era un cuerpo de niño
tristemente cubierto
por una miseria heredada
y por la costra sucia de siglos.
La mirada de un perro fiel y manso
con un “porqué” en los ojos
mientras se deja degollar por su amo.
Era el demonio disfrazado de humano
porque es imposible pensar
que un niño sea considerado
menos Hombre que un gusano.
