Miguel Rubio Artiaga

Abadía en el robledal (1810)-Caspar David Friederich
No saldrán los leopardos
esta noche a cazar,
ni las panteras
invisibles en la oscuridad
estarán acechando.
Oscuridad sin sombras
de tristeza deslunada
en un escenario irreal
donde todo permanece quieto
y todo está callado.
Huele a melancolía,
lágrima retenida,
penar y desconsuelo,
desamor y llanto atragantado.
Noche maldita, envuelta
en un telón macabro
como un tapiz
hecho de lotos negros
crecidos en un cementerio,
pequeño, ruinoso y asilvestrado,
flotando donde el pozo
cubierto por un sauce
seco y olvidado.
Noche que nunca acaba
parece clavada en el Tiempo,
las manecillas, dos estoques
que arañan el cristal
intentando pararlo.
Hoy, la estrella desertora
el aliento de la nube pútrida
y la voz tenebrosa,
como venida del Inframundo,
que sale siempre
de los confesionarios.
¡Que acabe ya esta noche
de fantasmas crueles
que no permite a los sueños
hacer su trabajo!

Maravilloso como siempre, amigo poeta, un abrazo cósmico.