Carla Demark

Andar desapasionados.
Sonámbulos.
Taciturnos.
Y de repente,
repiquetea la alarma de la angustia
como un grito callado.
Y se abren múltiples caminos
llenos de malezas.
Los transitás
uno por uno.
Machacás cada pastucho
que te estorba,
y a mazazos derribás cada maraña
que te duele.
Y no sabés bien en cuál,
pero tenés la certeza
de que al final
de alguna de esas sendas
habrá una intensa
luz.
Supongo que de esto
se trata vivir.
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