Menos mal que soy un tipo sano

Alberto Ernesto Feldman

Portero I

Afortunadamente tengo salud. Hace tres años que le pido que legalice mi situación  como encargado y me ponga en blanco, pero dice que, con los morosos que hay en este consorcio,  ella tendría que poner plata de su bolsillo. Nos hicimos amantes y ni siquiera  así  dio el brazo a torcer.  Si me llego a enfermar o me tienen que operar de algo, no sé  cómo  podré salir  adelante.

Me ordenó notificar, en cada uno de los cuarenta y cuatro departamentos, que se iba por un mes.  Yo mismo avisé.  Me dijo que trataría de poner distancia mental  para pensar lejos de mí, en total libertad y se instaló en mi cama.  Si se pone a pensar, puede pasar cualquier cosa.  Un viaje es un cambio grande. Es cierto, cualquier cosa puede pasar… y pasó.

Fue demorando el regreso. Primero lo prolongó  dos semanas más del  tiempo previsto, después otro  mes  y, cuando por tercera vez alteró la fecha,  dejó  de comunicarse.  Aguanté ese  silencio  absoluto durante una semana, pero comenzó a invadirme la rabia y dejé de llevarle la comida a la cama.

No mostró ninguna reacción durante una semana, ni siquiera se quejó, por lo cual la dejé sin comida otra semana, ni agua pedía la muy jodida, pero no me iba a doblegar. Se bancó  otra semana más en las mismas condiciones y ni se mosqueó,  se ve que la muy ladina dobló la apuesta.

Cuando escuché hablar a un par de vecinos del consorcio que, desde hace cuatro meses, nadie cobra las expensas, extrañados por la  larga ausencia  de la administradora  y el  feo olor que hay en los pasillos, decidí que debía deshacerme de ella antes  de que algún alcahuete haga la denuncia, porque ya empiezan a llegar las intimaciones por los servicios impagos.

No se puede creer, la desaté, le saqué la mordaza y seguía haciendo como que nada le importaba, no estoy seguro, pero me parece que hasta me hizo pito catalán.

Tengo que apurarme por si cortan la corriente y no puedo usar el ascensor. Esta noche, una vez que todos duerman,  la ato a  una silla, bajamos y  la  meto en la caldera. ¡Vamos a ver si ahí también  se la banca! Esto le pasó  por no cumplir con la ley,   así que no sé por qué estoy llorando ahora, si ella se lo buscó…  ¡Menos mal que soy sano!

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