Maltrato

Miguel Rubio Artiaga

Golpeada

Se había convertido en una sombra,
una sombra, enjaulada por la tristeza
y los negros barrotes del miedo.
Era una mirada triste y esquiva
como los ojos de un perro abandonado
que no concibe la vida sin dueño.

La espera solitaria y temblorosa,
el dolor de la libertad enterrada
en un nicho de desilusiones,
junto con esperanza y sueños.

Era la estrella rota y apartada
que olvidada en la noche,
parpadea sola en el firmamento.
Las heridas de fuego del rayo
en el tronco de un árbol milenario.

Era la rosa sangrante de los jardines,
el golpe criminal y cobarde,
el grito atravesado en la garganta.
Presa inocente del miedo irracional,
de un terror permanente
que le impide reaccionar,
que le deja paralizada,
como los ojos de una serpiente.

Era la amiga, la vecina invisible
la que nunca oíamos por la noche,
la de las gafas negras permanentes.
Era vuestra sonrisa forzada
al cruzarse en la calle.
Vuestra falsa compasión cobarde.

Acabó muerta de una puñalada,
sin lanzar un solo grito.
Ya le daba igual, por experiencia,
que le escuchasen los vecinos.

Pero aquí no es el verdugo,
la persona más despreciable,
si no los que con su silencio,
disfrazados de sordomudos,
le sirven como ayudantes.

—–

Poema del libro «Jaulas para tiranos», de Miguel Rubio Artiaga

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