Alberto Ernesto Feldman

Era en 1981. Con la dirección de Luca Prodan, se estaba organizando en una quinta de Mina Clavero, Córdoba, la banda de Rock “Sumo”. Como contó Luca en un reportaje, había en ese lugar caballos y toda clase de bichos, pero eran todos machos, algo faltaba.
Después de una agotadora jornada de ensayos, haciendo “zapping” por TV, se detiene en una vieja película de Virna Lisi, filmada treinta años atrás, y, enamorado hasta los tuétanos de la bellísima italiana, espléndida veinteañera en el celuloide, escribe para ella su tema “TV Caliente”, con música de rock y una letra ardientemente poética, plasmando una mágica historia de amor: la suya, sin tiempo y sin espacio, y por lo tanto, rica en desencuentros de años y kilómetros. Como corresponde al final de una página romántica destacable, cuando Luca murió, a los 34 años en un viejo departamento de San Telmo, su hermano actor, Andrea, acababa de filmar casualmente una película en la que hacía de hijo justamente de Virna Lisi, ya una mujer madura pero siempre hermosa, y estaba viajando apresuradamente de Roma a Buenos Aires, enterado de la deteriorada salud del músico , trayéndole una foto autografiada y dedicada con gratitud por Virna, que había sabido de su adoración y recibido el CD con el tema que la homenajea , pero la foto y las palabras que quizás hubieran obrado un milagro, no llegaron a tiempo.
Para quien va a cumplir setenta y cinco años, como es mi caso, y que por razones laborales, gustos musicales y también de edad, desconoce casi toda la evolución del rock, tanto nacional como mundial y a sus cultores, hablar de un personaje tan famoso como Luca Prodan, de quien sólo conocía el nombre, no era fácil, así que comencé escuchando la famosa canción, pero la punta del ovillo vino por otro lado, por el lado del nombre de Virna, quien nacida en 1936, produjo con su fulgurante belleza , un gran magnetismo sobre quienes eran jóvenes y adolescentes desde 1955 en adelante, avivando el fuego que habían encendido Gina Lollobrígida y Sofía Loren en Italia, Brigitte Bardot y Mylene Demongeot en Francia y Marylin Monroe en EEUU.
Yo era uno más de los tantos que fuimos atraídos por Virna, quien no tenía un físico tan exuberante como el de sus coterráneas, pero sí un rostro bellísimo y unos ojos celestes inolvidables ; además era muy buena actriz, y tenía una fuerte personalidad, como lo demostró al negarse a seguir trabajando en EEUU, donde estaba filmando con éxito , para no someterse a la maquinaria de Hollywood.
La semana pasada, mi esposa y yo tomamos unos días de descanso en Mar de Plata con un numeroso contingente de jubilados de Comercio, nuestro gremio. La atención fue excelente como siempre , y los tres jóvenes coordinadores, dos chicas y un muchacho encargados de entretenernos y hacernos la estadía tan placentera como fuera posible, lo consiguieron sobradamente. Integraron a cuarenta viejos desconocidos entre sí en paseos, bailes, canciones, poesías e improvisaciones teatrales, promoviendo con sus palabras y su acción una fuerte necesidad de compartir. Para esos jóvenes animadores, también fue un éxito total, era la primera vez que trabajaban con adultos mayores, estaban expectantes al principio, pero rápidamente adquirieron seguridad. Al segundo día parecía que todos nos conocíamos desde siempre. No es lo más común.
Una de las chicas, un ángel de Bariloche, se llama Virna. El origen de su nombre vuelve a remitirme al principio de este trabajo. Su padre, adolescente contestatario, lírico y solidario en el “Destape argentino”, hoy de cuarenta y cinco años, guitarrista, estudiante de piano, profesor de filosofía oriental, fanático admirador y seguidor de Luca en sus recitales por todo el país hasta su último concierto en 1987, le puso a su hija el nombre de la Estrella que tenía su corazón en Roma, a 11.800 Kms. y a diecisiete años de Luca Prodan.
Virna Lisi falleció en diciembre de 2014, y al fin se achicaron las distancias.
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