Alberto Ernesto Feldman

Atento a las pocas posibilidades que tenemos los seres humanos, especialmente los jubilados escépticos como yo, de vivir situaciones sorprendentes, quiero contar algo que me sucedió en los últimos días, que pone de manifiesto la Magia de la combinación de Música y Literatura.
El sábado 27 de diciembre asistí a un concierto de la Orquesta Sinfónica Municipal de Gral. San Martín, dirigida por Daniel Batistta, maestro y amigo, quien entre otra obras, ofreció una brillante versión de “Concierto en la Luna”.
Como desde muy chico soy aficionado a toda clase de Música, y dentro del Tango Osmar Maderna es uno de los preferidos por sus creaciones como autor y su personalidad como ejecutante, salí emocionado y sin poder dejar de tararear sus temas.
Volví a tener unos jóvenes años y a sumergirme en la Época de Oro del Tango, oyendo en mi interior el inconfundible sonido de Miguel Caló y su Orquesta de las Estrellas, con el piano tejiendo filigranas entre las cuerdas y los bandoneones y el final característico con la firma de Osmar.
Al día siguiente, domingo 28, invitado por un joven amigo, acudí a una función de fin de curso de una escuela de Música, donde entre muchos y muy buenos números de conjuntos y solistas, una chica, cantó el vals “Pequeña” con una voz cristalina y un profundo sentimiento. Fue demasiado. Desde ese momento supe que tenía que decir algo sobre un músico que, como Mozart, Gershwin o Schubert, nos abandonaría poco después de los treinta años.
Es enorme la riqueza que encierra la corta vida de Osmar Maderna, su profesionalidad desde pequeño, cuando siendo casi un niño, formó su primer conjunto típico en su Pehuajó natal, la fantasía y la emoción que transmite a su auditorio y su pasión por el vuelo y todo lo relativo al cielo, que se trasluce en muchas de las letras y títulos de sus obras. Esa misma pasión se lo llevó muy joven, subiendo por una “Escala en azul”, para darnos un “Concierto en la Luna”, desde donde ojalá durante muchos años luz nos envíe una “Lluvia de estrellas”.
El martes 13 de enero, de regreso de las vacaciones, me puse a buscar material sobre Osmar para el taller literario de verano al que concurro y lo completé escuchando atentamente grabaciones de sus temas y de sus interpretaciones de temas ajenos. Fue una fiesta.
Osmar Maderna se merece una película. Su corta y rica vida, sus aventuras en el aire, hasta la trágica pirueta final y la banda sonora, con su maravillosa música, constituirían, en las manos de un buen equipo de filmación, un merecido homenaje y un regalo para los ojos y los oídos.
Ayer, jueves 15, en el taller literario, ¿cuál fue el tema que nos dio nuestro profesor para trabajar?… pues la relación entre Música y Literatura, así que me puse a escribir esto que estás leyendo.
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