Palestina

Francisco Segovia

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Hablar a favor de Palestina y en contra de los gobiernos de Israel supone, en muchas ocasiones, la acusación de antisemitismo. Israel está aplicando la misma política de “lebesraum” que los nazis alemanes, sin más. Obama, que ha demostrado que el “yes, wes can” no es sino el “se puede seguir haciendo las mismas barbaridades”, confiesa torturas, mantiene el campo de prisioneros de Guantánamo, sigue vendiendo armas al gobierno sionista, y veta cualquier resolución de apoyo a Palestina, vamos, igual que hacían los nazis con los gobiernos aliados (léase la Italia de Mussolini o la España de Franco), sin más.

Si alguien critica la guerra de exterminio llevada a cabo por Israel, apaga y vámonos, que saltan los Jon Voight de turno –mequetrefes fascistas metidos a actores- a defender lo indefendible, con los mismos argumentos manidos de siempre. Si un periodista habla de lo que está pasando en Palestina, llega el bocazas de la embajada israelí y exige al gobierno español que retire a dicho corresponsal, hecho que, por cierto, ha denunciado la organización Reporteros Sin Fronteras. Vamos, que se hace lo que el “bueno” del nazi Goebbels practicaba en la Alemania de los años treinta y cuarenta.

Que hace falta mentir, acusando a Hamás de haber secuestrado y asesinado a tres jóvenes israelís, cuando después se ha demostrado por los propios investigadores judíos que fueron dos palestinos, sin vínculo alguno con la organización, los que cometieron el crimen, pues se miente. Si se dice que han secuestrado a un soldado judío y que ha sido Hamás, pues viene Obama y toda la prensa internacional, y lanzan la campaña para justificar más bombardeos y muertes… aunque después el propio gobierno sionista confiese que se confirma que el soldado… murió en combate.

Si se firma una carta de apoyo al pueblo palestino, clara y contundente, los medios sionistas lanzan su campaña de acoso y derribo, para que el inocente que ha cometido la imprudencia de condenar un exterminio se deba retractar y firmar otro documento en el que equipara a víctimas y verdugos. Vamos, igual que se justificaban los nazis cuando invadieron Francia, Polonia, Grecia, Yugoslavia, o Rusia.

Quien a estas alturas no tenga claro que el estado sionista israelí es igual, en esencia, al nacionalista alemán de Hitler, sigue viviendo en otro mundo; en esa realidad paralela en la que los EE.UU. e Israel, con sus líderes a la cabeza, defienden la democracia, la libertad y la justicia ante un enemigo maquiavélico, despiadado, satánico y violento, que puede ser la Rusia de Putin, la Venezuela de Maduro, la Cuba de Casto, o la Palestina de Hamás. Vamos, igualito, igualito que hacía Hitler.

Y ya sabemos qué hubo que hacer para acabar con el del bigotito.

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