Fuentes es mucho Fuentes

 

Raúl Argemí*
Fue en noviembre de 2011. Raúl Argemí le había lanzado a Carlos Fuentes una pregunta en un encuentro con la prensa en Casa América Barcelona, y luego lo contó en este artículo, que es un homenaje. Le puso título con verbo en presente. Y así se va a quedar para siempre.
 
 
Carlos Fuentes impone. Y no por su presencia física, pese a la agilidad de cuerpo y de mente que muestra, al menos en público, con 83 años. (Subrayo lo de “en público” porque he visto a viejos políticos y viejos actores que en su salida a escena brillaban, rejuvenecían, su jugaban el resto, y después, volvían a ser tiernos, gastados, y tal vez peligrosos ancianitos).
Creo que la razón que me llevó hasta la conferencia de prensa –no me siento a gusto en ellas- fue saber que se nos impondría, y que yo quería verlo ahora, como fui a ver a los Rolling Stones, porque en cualquier momento la Parca termina con una leyenda.
Ese es el tema. Quién es Carlos Fuentes. Es, junto con García Márquez y Vargas Llosa uno de los pocos que quedan de la gran literatura latinoamericana de los años 70. Entonces se hace inevitable la sensación de encontrarse ante una cabeza olmeca, la altura de un templo maya o el eco de recogimiento que provocan las catedrales renacentistas. Carlos Fuentes impone porque es todo eso. Tal vez ayuda su gesto de charro mexicano de las huestes de Zapata. No sé. Sí sé que cuando se abrió la rueda de preguntas se hizo un silencio largo, que Fuentes comentó con humor, porque a ver quién es el macho que rompe el fuego, y con semejante ícono delante.
Supe de la literatura de Fuentes con La muerte de Artemio Cruz, allá por los 60. Un libro ácido, por momentos sórdido, que se narra en la cabeza de un moribundo que cruzó la revolución mexicana, como muchos, para terminar negándola, negociándola, como tantos.
Le pregunté a Fuentes sobre su rescate enfático de Facundo, un libro de Domingo F. Sarmiento, que en el siglo XIX se saltó todas las barreras de los géneros y es, al mismo tiempo, historia, geografía, panfleto sangriento, ensayo y narrativa corta y larga. Tenía que hacerlo porque comparto su opinión, y porque Facundo es tan combativo que, aún hoy, muchos argentinos se resisten a leerlo. Por eso mi pregunta:
-¿Es un destino ineludible, para los escritores latinoamericanos, el compromiso político?
Esto es lo que dijo:
-En otro tiempo eran muchos los que no tenían voz y tratamos con nuestros escritos de darles voz, que se los escuchara. Hoy las cosas han cambiado. Los diarios, la televisión, las radios y todos esos medios de internet de los que me entero, pero de lejos, permiten que sean muchos lo que pueden expresar lo que piensan y sienten. Para los escritores más jóvenes ya no es una obligación asumir una posición política desde la literatura. Por eso pueden hablar de muchos otros temas, con mayor libertad creativa. Claro, en que haya muchos canales de comunicación no termina todo. Hay que pelear para que sean verdaderamente libres, sin manos dictatoriales que los limiten.
Si hubiéramos estado mano a mano habría profundizado en eso, en su fe en los medios. Pero éramos muchos en esa conferencia de prensa en Casa Amèrica Catalunya, institución que lo considera uno de sus “padrinos”. Éramos muchos, y me limité a escuchar las preguntas previsibles y las respuestas en piloto automático. Como dijo alguna vez Norman Mailer, un entrevistado nunca puede ser más inteligente que su entrevistador. Por eso Norman Mailer odiaba las entrevistas.
Carlos Fuentes fue diplomático, es decir político, y es escritor, dos cosas que, como nacer contrahecho, no te abandonan nunca. Pero se nos impuso el ícono, y ya se sabe lo que pasa.
Ah, el encuentro fue para presentar dos libros editados por Alfaguara: La gran novela latinoamericana –un largo y jugoso ensayo en el que el autor comparte sus gustos y entusiasmos- y un libro de relatos, Carolina Grau.
El primero es, de alguna manera, continuidad de su La nueva novela hispanoamericana, publicada en 1969. Seguramente más de un crítico señalará los que no aparecen, aquellos autores que a su criterio debieran ser mencionados y brillan por su ausencia. Pero, como dice Carlos Fuentes: “Esto no es una enciclopedia. Comparto mis entusiasmos y mis gustos. Es algo así como mi canon personal”. Y al que no le guste, ya sabe, a llorar a la iglesia; podría haber agregado.
Carolina Grau es un conjunto de ocho relatos en los que se nombra, o aparece, una mujer con ese nombre, pero no siempre la misma. Personaje y mención que Fuentes explica diciendo: Es la mujer. La de antes y la de ahora. La de siempre”.
Puesto en pasión de lector, me quedo con La gran novela latinoamericana. Pero, eso no significa nada que no sea compartir entusiasmos propios. Por lo demás, cada lector es un mundo, y mundos hay miles. Para mí, como escritor y lector, con La muerte de Artemio Cruz Carlos Fuentes ya se ganó el lugar que ocupa. Lo demás es lo de menos.
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*Publicado originalmente en sigueleyendo.es en nov. 2011
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