El 25 de diciembre de 1.836, aparecía un artículo de Mariano José de Larra titulado “Horas de invierno”, del que ha quedado para la posteridad, en la memoria de todos, la frase: “Escribir en Madrid es llorar”. Una famosa frase escrita por Larra hace 200 años referida a lo difícil que es que la prensa, con sus opiniones y denuncias, pueda influir en la realidad. Aunque mucha gente cita esta frase en otro sentido, refiriéndose a que también se llora intentando ganarse la vida como escritor.
Quizá la frase tenga aún validez, o esté todavía vigente la idea que pintan sus palabras. Sin embargo yo aún no he llegado al extremo de derramar lágrimas por la escritura. Es posible que padezca alguna clase de enfermedad que me impida emocionarme, desahogándome con el llanto, o simplemente que escriba, sin enterarme del drama que me acompaña y que lleva implícito el hecho de ser escritor.
Me interesa la opinión de Larra y pienso que, por desgracia, tenía y tiene toda la razón. Y me interesa más aún desde que leí dos libros que hablan de este periodista y escritor. Uno es de Azorín y se titula Lecturas Españolas y el otro es Anatomía de un dandy de Francisco Umbral. Estos dos escritores pintan con sus palabras un retrato triste y curioso de este personaje.
Desde hace ya bastantes años escribo en Madrid. Lo hago de forma discreta y constante, con algunas alegrías pero, afortunadamente, sin grandes penas. Escribir poco a poco se ha convertido en una de las actividades más importantes de mi vida. Escribir, leer o, para ser un poco más precisos, la literatura. Y así, a lo largo de los años me he ido situando en un mundo que desconocía, y que ahora es posible que desconozca aún más.
Porque la visión del mundo de la literatura, su visibilidad, es muy complicada, al igual que pasa con nuestras propias vidas que, según vamos profundizando en ellas, nos vamos dando cuenta de que es imposible despejar una cierta capa de niebla que nos envuelve a todos. Pero no sólo a nosotros, los de carne y hueso, sino también a los personajes literarios.
Se dice que al ser humano le falta algo, que somos seres de lejanías, que estamos dentro de un cuerpo, que en realidad es algo extraño, o que, como dijo Pessoa, que la vida no basta. Se dicen muchas cosas. Pero la literatura, los libros, están ahí, esperándonos, a veces cientos de años, para enseñarnos nuestro propio retrato, nuestra propia identidad, perfectamente reflejada en sus páginas.
Leyendo y escribiendo no sólo te conoces mejor a ti mismo, sino que además terminas por conocer a otras personas de tu misma cofradía. Personas que disfrutan de la literatura, como tú mismo, y que se entregan a ella, desinteresadamente y con amor; y en este periódico hay buena muestra de ello.
Pero volvamos a Larra, que decía que escribir era llorar. Terminó quitándose la vida, lo que prueba que no estaba sano, y que no era capaz, por su enfermedad, de apreciar su propia existencia.
