Inés y la alegría, de Almudena Grandes

por Juan Mal-herido

Cuando yo me asomo a algunos experimentos de novela hechos en la red veo que la calidad literaria es ínfima. (Almudena Grandes)
Y cuando yo me asomo a las columnas de opinión más destacadas del panorama nacional, ni te cuento.

Me estoy leyendo Inés y la alegría, 700 páginas, de las que llevo vuelta y vuelta unas 110, más la nota final de la autora, que me he leído in media res por eso de contextualizar el desconcierto, y el pavor.

Con el tocho negro y alacre a cuestas, me metí en un bar, mira tú, y sobre la cámara de los helados vi El País portadeando pilotos triunfales. Bastó un vuelta y vuelta para encontrarme con la columna del día, que era, dios nos bendiga, de Almudena Grandes.

Asumí que era una señal del cielo, en efecto.

Leí la columna. Pues Almudena está en México, tan contenta; que si come y bebe, que si trasnocha, que si canta, que si ve a sus amigos, que si hotel y playita, playita y hotel. Sí, tan contenta.

Y con una calidad literaria de la rehostia.

Andaba paladeando dicha calidad, al calor de un café de 1.10 euros, y, de pronto, me entró como un nopoderser de calidad literaria, de abrumadora inteligencia, de insoportable inferioridad. Vi, para aclararnos, este artículo de Almudena GRANDES, donde nos cuenta que come guacamole; vi, para centrarnos, todos esos artículos de Javier Marías donde nos dice que le enerva esperar cola para comprar tabaco; vi, para esclarecernos, esos artículos últimos de Ray Loriga donde nos dice que está triste (repito: nos dice que está triste), y vi, finalmente, esos artículos de Rosa Montero o Maruja Torres donde nos dicen que cogen un taxi (repito: nos dicen que cogen un taxi).

Y realmente no pude por menos que ir pillando qué es eso de la calidad literaria. La calidad literaria, nos aclaramos, nos centramos, nos esclarecimos, es, básicamente, cobrar por escribir gilipolleces.

En papel.

Nos queda mucho que aprender del guacamole de Almudena Grandes, amigos blogueros. Muchísimo.

Atendamos al hecho de que,
si bien el 50% de la columna trataba de esa cosa tan acojonante que es ir a México a hacer turismo, el otro 50% del artículo solventaba un problema descomunal en las tres últimas líneas. O sea sé: en la primera mitad, tenemos: guacamole, tequila, playita, mariachis y rancheritas; y en la segunda: 20.000 muertos debidos a la mafia del narcotráfico. Y en las tres últimas rayas, la Grandes dice: legalizamos la droga y todo resuelto.

Y así es como sigue luego una comiendo guacamole tan increíblemente contenta: solucionando el puto mundo en cinco palabras. Legalizar la droga y listo. Olé.

¡Si es que matan a 20.000 personas por no tomarse la molestia de leer sus columnas, coño!

Lo veo claro.

No tan claro vi, otrodía, un articulín de Almudena Grandes sobre Mario Vargas Llosa. Que sí, que guay el Nobel, que fue mi maestro. Que lo admiro mazo. Sobre todo los pies. Y entonces pone la calidad literaria, porque iba el articulín como extenuado de perogrulladas; y dice: «unos pies (…) que se movían como peces desnudos.»

lector atento: ¿Como peces desnudos? Quiero decir, ¿como peces desnudos?
juan: Cosas de la «calidad literaria», tío. Tú es que has leído muchos blogs, y no sabes de epítetos.

Porque de epíteto hay que calificar ese «desnudos», si observamos el hecho de que los peces, de común acuerdo, no tienen temporada de otoño-invierno, ni de primavera-verano, sino que van siempre con la misma ropa puesta, que es ninguna mi amor.

Lo explica Dámoso Alonso en su Estilística:

El epíteto implica un juicio analítico; el adjetivo pospuesto, un juicio sintético. De manera que a la asociación adjetivo-sustantivo la podemos llamar sintagma analítico, y a la sustantivo-adjetivo, sintagma sintético. En el sintagma analítico se extrae del sustantivo una cualidad inherente a él, para realzarla por medio del adjetivo; en el sintético se atribuye al sustantivo una cualidad no inherente a él. El adjetivo analítico nace de un deseo de realzar o manifestar la inherencia del ser. (…) El epíteto tiende a repetirse y a perder, por tanto, el especial valor matizador que primariamente tenía, convirtiéndose en forma estereotipada

O sea que la calidad literaria de «pies como peces desnudos» está en que la autora quiere «realzar» que los peces están desnudos.

Se nos ha quedado buena tarde, sí.

A no ser que Almudena Grandes recupere el difícilisimo y muy particular recurso literario (hipálage) que vemos en Federico García Lorca´s Romancero Gitano, cuando versifica:

Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.

Esto es, donde el adjetivo o epíteto de un nombre (pechos redondos) se ve emparejado con otro nombre (canciones redondas) para mayor gloria de la puta poesía, cuando la hubo, que la hubo, gracias virgensanta.

La tercera opción es que «pies como peces desnudos» sea una completa gambaza de Grandes y de todos los correctores del periódico: pero eso es imposible, porque la CALIDAD LITERARIA no la perdemos nunca. ¡Nunquita!

Eso, en el puto internet de analfabetos.

(Como no dejo ya hacer comentarios, sigo, sigo; sigue el post, de calidad literaria ínfima, como es fácilmente comprobable: coño, si lo hago gratis. Y con tacos.)

Y con tacos, efectivi. Porque también he leído estos días una columna de Juan Cruz, donde afirmaba, en última instancia, que debe practicarse «tolerancia cero con el insulto y la burla». Viene la cosa de los «morritos» que el alcalde de algún lado ha apreciado en la ministra de alguna cosa, y que no, verdaderamente, no se pueden decir esas cosas en público, que para eso están los micrófonos de Esperanza Aguirre, hijodeputa y todo lo demás. Para cagarla sin querer; que cagarla queriendo es realmente de idiotas.

Da igual.

Porque Juan Cruz venía a decir también que, jo, en internet hay tanta máscara escupiendo sobre las buenas personas, tanto insulto soez soterrado por pseudónimos poco menos que delirantes; tanto hijo de puta, que no se puede consentir.

Consentimos el guacamole de Almudena, la cola que no quiere hacer pero tiene que hacer Javier, la tristeza de Jorge, los taxis en que viajan cada noche Rosa y Maruja, sirena y corazón -respectivamente- de los taxistas (Luis García Montero); lo consentimos y lo pagamos (a 1000 euros la pieza, más o minus); pero que en Internet la gente diga cosas, así como violentas, así como que tal, y encima gratis, y con esa calidad literaria ínfima, NO: eso «tolerancia cero».

Pues echen a Carlos Boyero pero ya; y a Fernando Vallejo; y que no suene nunca Mondúber, de Nacho Vegas, donde dice, ¡dos veces!, «a puta no te gana nadie».

Tolerancia cero con esa gente que está enfadada. Que, además, ¿por qué están enfadados? ¿Es que no les dan guacamole?

¿Es que no pueden coger taxis? ¿Qué coño les pasa, aparte de ser malas personas, con máscara (y una ínfima calidad literaria)?

Salvedad hecha de mí, que escribo cienmil veces mejor que Almudena Grandes, aceptamos que Internet es una puta mierda.

Aunque este post nos haya dicho más y dado más ánimos que nada que saliera en papel ese día; aunque este blog de análisis literario deja en paparruchas al 90% de los suplementos «serios» de tirada nacional; aunque en este otro blog se destila más ternura, más vida, más cojones, más socialismo, más dolor real por la vida que en todos los artículos de domingo del año; aunque en cientos de blogs (de mierda) y foros (ínfimos) mucha gente dice sin cobrar cosas infinitamente más interesantes que que comen guacamole o que se han comprado una figuriña en el Sothebys de los cojones.

Porque aquí estamos, señores columnistas eméritos, opinadores áureos, en la mierda de Internet, después de un largo día de amigas embarazadas siendo despedidas con 6 meses de preñez, familiares siendo despedidos porque sí después de no cobrar durante cuatro meses, amigas que cenan una lata de atún, amigas que ganan 700 euros al mes, casas que se caen a pedazos, camareros en quimioterapia, hermanos que roban comida en las cocinas donde trabajan, bohemias que viven del subsidio final del paro (400 euros), ex compañeros de trabajo que comen de los tickets de comida que les dieron cuando trabajaban, locos, paranoicos, esquizofrénicos, gentuza toda escribiendo en internet gratis, sin la más mínima calidad literaria, y con pseudónimo, jugándose la vida en un puto post.

Y la alegría, sí; y la alegría.
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Juan Malherido edita el blog más deslenguado y temido del orbe hispano: lector-malherido.blogspot.com

Acaba de publicar en libro algunas de sus mejores contribuciones: Vida y opiniones de Juan Mal-herido, Melusina, Madrid, 2010

2 Respuestas a “Inés y la alegría, de Almudena Grandes

  1. Los peces desnudos podrían valer en una poesía, como licencia poética. Pero no en una novela moderna. Almudena Grandes tiene muchas de estas. Sobre lo otro… hay blogs de wordpress y blogger y notas en Facebook de gente que sólo le falta abordar un proyecto largo para darle cien vueltas a ésta, otras, y otros escritores españoles con 35k de ejemplares vendidos y poco más.

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