LA PUERTA DE AL LADO, de Martín Luna

Francisco José Segovia Ramos






Tras un trienio de espera Martín Luna vuelve al ruedo literario con una nueva novela, La puerta de al lado que, al igual que sus dos obras anteriores Ya no hay tiempo y Huida (ambas bajo el nombre de Martín Lucía), trata la cotidianidad con una finura y estilo propios de quien maneja con habilidad la prosa y quien también es un gran poeta. Esta faceta poética puede atisbarse en muchos fragmentos de La puerta de al lado.

“Camino en esta mañana que amenaza con hacer de mi cuerpo un sumatorio de fragmentos de hielo, una arquitectura de la escarcha”. Este es un ejemplo de esa vena poética de la que hemos hablado, que encaja perfectamente con un lenguaje actual, cotidiano, descarnado por momentos, en una historia que se divide en dos partes claramente diferenciadas; en la primera, la más extensa con diferencia, su protagonista nos habla de su pasado y de María, su amor perdido. Sus paseos por la Sevilla de su pasado y la de su presente es una suerte de viaje iniciático inverso, donde no se puede recuperar del pasado nada más que recuerdos que, tómese esto en cuenta, quizá no sean la realidad sino una construcción ideal y subjetiva. “Recuerdos, recordar, volver a pasar por el corazón. Eso es la vida. Vivir en los recuerdos e ir creando recuerdos nuevos para poder seguir viviendo en ellos y poder volver a transitarlos…”, dice nuestro protagonista en una de sus reflexiones.

En la segunda parte, mucho más corta, hay un cambio brusco que sorprenderá al lector. Un añadido, llamémosle así, que más que ampliar la primera parte de la trama, la enriquece con otra mirada, con otra realidad, con otros recuerdos.

Martín Luna trabaja, con una habilidad propia de quien sabe lo que tiene entre manos, una historia sevillana que, no nos equivoquemos, podemos llevar a la ciudad de nuestra juventud; con nuestros amigos, amores, aventuras y desventuras, bares y tugurios, y cervezas, sean Cruzcampo, Mahou o Alhambra, o cualesquiera otra que apetezca beber en ratos de ocio o desvarío.

Sevilla es una excusa, un lugar, una isla a lo Kavafis, en la que su protagonista, y sus recuerdos giran siempre sobre un mismo eje (no diremos si equivocado o no), para volver al principio en un bucle sin salida: al encuentro y la pérdida, y las razones por la que se produjo.

Porque, como bien explica Martín Luna en La puerta de al lado, el amor y el desamor son una moneda que tiene dos caras, dos historias, dos personas con realidades distintas e, incluso, contradictorias.

No diremos más de esta novela salvo que hay que leerla y disfrutarla como merece. Pasear por sus páginas quizá lleve al lector o lectora a su propia juventud y, quizá también, le cree un nudo en el estómago o le provoque una delatora lágrima que recorra su mejilla al pensar que tras el amor “Quedaron restos de huesos rotos por todo el piso”.

LA PUERTA DE AL LADO, de Martín Luna (Ediciones en Huida, 2025)

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