Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Ya no estoy en edad de”

Ítalo Costa Gómez







Se está yendo un año más de mi vida o lo estoy sumando a los que cargo, más bien.

Estuve pensando en la frase del título de este relato a raíz de una sugerencia que le di a una amiga que quiere ser mamá. Buscó mi consejo y le dije lo que pienso: «Si quieres serlo, pues selo. Si te provoca y puedes hacerlo, ¿Qué te detiene?» Y me contestó que «ya no estaba en edad de ser madre». Me quedé callado porque cómo se mete uno en un terreno tan delicado que únicamente le incumbe a ella.

Después de esa charla repasaba mi propia ruta, empecé a ver mi propia vida según aquella frase que retumbó en mis oídos.

¿Ya no estoy en edad de irme a bailar todos los fines de semana? Lo hice en su momento. ¿Es que tenía edad para hacerlo? Qué relativo porque hay personas de mi edad que en aquella época vivieron estudiando como locos y ahora salen de juerga seguido porque tienen el tiempo y la plata para hacerlo.

¿Ya no estoy en edad de ver «Nubeluz» y «Hannah Montana» cada vez que tengo tiempo libre? Qué injusto. Mis amigos se la pasan viendo a Gokú y a los Súper Campeones y ya peinan canas hace rato.

¿Ya no estoy en edad de irme a acurrucar a la cama de mi mamá cuando me siento triste?, ¿Ya no estoy en edad de mandarle dibujitos de elefantes y conejos a mi hermano?, ¿Ya no estoy en edad de ponerme cuatro collares al mismo tiempo?, ¿Ya no estoy en edad de tomarme fotos junto a las donas?

[Cojudeces. Boludeces. Pelotudeces. Boberías. Fierro. Catre. Botellas.]

Nos dejamos limitar por lo que dictan normas absurdas. Mucha gente deja de hacer cosas porque temen que la gente diga: «Ay, qué barbaridad. Mírala a la chiquivieja usando minifalda» o «Ese pata se cree chibolo usando su mochila de los Thundercats». La edad es un jodido número que mucha gente frustrada usa para atacar a los demás, para cortarles las alas y frenarlos en su alegría. También es algo que usamos para atacarnos a nosotros mismos y dejarnos paralizar por el miedo.

Nooooooooo, mi amoooooor. Yo no lo pienso permitir jamás. Siempre tendré edad para decirle a la gente que «la quiero mucho» cinco veces al día buscando sus mimos. Siempre tendré edad para dormir con mis sábanas de las dalinas. Siempre tendré edad para jugar y soñar. Siempre tendré edad para irme con mí mochila de hadas al parque a leer mi Diccionario.

Qué importante es recordar que los prejuicios solo sirven para no vivir como realmente queremos vivir y hacer lo que se nos canta la soberana gana con nuestra ropa, cuerpo, horarios y estilos.
No importa cuántos años pasen, por dentro siempre seguiremos siendo los mismos. Lo único malo es que sí tenemos un límite de tiempo para vivir, así que vamos a hacerlo como nos provoca y sí el resto quiere criticar pues problema suyo, ¿No?

¿Ustedes creen, amores míos, que voy a dejar de hacer algo porque ya no tengo veinte años?, ¿Creen acaso que voy a dejar que otras personas me digan cómo vivir? No, corazones. Ya no estoy en edad para aguantar huevadas y ¡Ustedes menos! que me llevan varias primaveras. Mentira, mentira. Los quiero aunque estén viejitos. ¿Sí o no, coco loco?

Qué viva la gente que es feliz sin mirar temerosos a los costados. Seamos de ese team.

Espero que hayan pasado una bonita Noche Buena y una Feliz Navidad. Nos encontramos el lunes tres de enero para desearles un gran año 2022, Irreverentes queridos.

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