Entrevista a Daniel Hernández Barreña

Francisco José Segovia Ramos

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Daniel Hernández Barreña (Salamanca, 1987) es educador ambiental, divulgador y licenciado en Geología por la Universidad de Salamanca. Ha trabajado como educador ambiental en diferentes proyectos educativos, tanto en el sector privado como para las administraciones públicas, y ha realizado varios estudios de investigación científica, especialmente dentro de los campos de la vulcanología y la geoarqueología. En los últimos años ha colaborado en la puesta en marcha de la “Colección de Vertebrados Fósiles de la Cuenca del Duero”, un proyecto museístico paleontológico que se está llevando a cabo en Salamanca. Es autor de dos novelas de muy diferente naturaleza, así como de varios relatos que han sido publicados online.

En 2017 publicó La decadencia de un mundo: el comienzo del fin (Ediciones Unamuno), una novela histórico-fantástica con la que ha llevado la fantasía épica a un nuevo nivel de madurez, con una prosa más próxima a la de la novela histórica y un desarrollo de personajes muy alejado de lo que es habitual en su género. En ella nos narraba una historia en tres tiempos que le servía para reflexionar sobre el origen de las leyendas y sobre cómo las personas tienden a mitificar los sucesos que consideran importantes. Esta novela será además la primera parte de una tetralogía cuya continución está a punto de ser terminada.

En 2019 publicó IPES (Editorial MaLuma), una novela contemporánea con tintes de thriller que nos trae una historia real pero poco conocida, la del histórico secuestro popular de Luis Calvo Rengel, exvicepresidente segundo de la Diputación de Salamanca, que en 1987 vio cómo el pueblo de Aldeadávila de la Ribera le privaba de su libertad para mostrar su rechazo al proyecto I.P.E.S. En ella mezcla realidad y ficción para ir más allá del secuestro y contarnos una historia sobre el nacimiento de la moderna España, a partir del trasfondo social y político de la Transición española.

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P: Hasta la fecha has publicado dos novelas. ¿Podrías hablarnos brevemente de ellas?

R.: Son dos novelas muy diferentes que nacieron de distintas necesidades.
La decadencia de un mundo: el comienzo del fin‘ fue mi opera prima y nació de mi necesidad de seguir explorando el personaje que creé para una partida de rol. Será la primera parte de una tetralogía de, un nuevo tipo de fantasía épica que, por su fuerte ambientación histórica, he decidido denominar como literatura histórico-fantástica.
Por su parte, IPES es una novela más bien social, un thriller que nació de la necesidad de dar a conocer el secuestro de Luis Calvo Rengel, antiguo vicepresidente de la Diputación de Salamanca, por parte de la población de Aldeadávila de la Ribera. Este suceso formó parte de una serie de movilizaciones antinucleares que se produjeron contra el proyecto I.P.E.S., que da nombre a la novela, y que incluyeron también el uso de explosivos. Siempre me pareció que era algo con gran potencial dramático, y el hecho de que además sea poco conocido lo convirtió en algo difícil de no novelizar.

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P: Aparte de estas novelas ¿tienes algo más publicado, ya sean relatos, o artículos, aunque sean de investigación?

R.: Sí. Tengo algunos relatos que he subido a mi perfil de WattPad, pero no sé por cuánto tiempo tendré activo ese perfil. También he escrito algunos artículos de opinión publicados en diferentes medios, dedicados en la mayoría de los casos a la creación literaria, y un par de publicaciones científicas dentro del campo de la geología. Antes que escritor soy geólogo, y es en este campo en el que suelo ser más activo.

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P: Aparte de escribir, tu perfil es el de geólogo. ¿Hay influencias de tu profesión en tu faceta literaria?

R.: Procuro separar ambas facetas de mi vida, aunque es imposible que una no influya en la otra. Sin mis conocimientos en geología no podría haber creado el rico mundo de La decadencia de un mundo, pero tampoco habría podido comprender los detalles que había detrás del proyecto I.P.E.S., algo que me parecía crucial antes de poder abordar una novela tan compleja como es IPES.

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P: Cada época histórica ha influido en los autores que la han vivido, ya sea una guerra, una crisis económica o, como sucede ahora, una crisis económica y médica ¿Influirá esta pandemia en la forma de escribir y contar historias en los autores contemporáneos?

R.: Yo creo que sí. Este tipo de situaciones sociales delicadas influyen en nuestra forma de ver el mundo, y eso, cuando hablamos de escritores, significa que también se plasmará en su forma de escribir o los temas que elegirán. Yo, por ejemplo, soy una persona muy crítica y con una fuerte conciencia social, dos aspectos que se aprecian con facilidad en todo lo que escribo. Y estoy seguro de que, si hubiera vivido en un periodo de mayor bonanza o menor desigualdad, mi visión del mundo sería diferente y también lo sería mi estilo de escritura. Así que sí, creo que lo que estamos viviendo acabará marcando una nueva generación de autores.

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P: Acabas de hablar de compromiso ideológico, político, social si queremos llamarlo así. El artista, el creador, por tanto, ¿debe comprometerse con su época en su forma de hacer, crear y decir? ¿Esto perjudica o, por el contrario, realza su propia obra?

R.: Todos somos hijos de nuestro tiempo, aunque no siempre vamos a estar de acuerdo con lo que nos ha tocado vivir. Por eso creo que el compromiso ha de ser con su obra, no con su sociedad o con su época. Porque el creador, cuando crea algo, está abriendo su alma y está poniendo parte de sí mismo en lo que crea. Se está exponiendo. Y si quiere que su obra perdure en el tiempo deberá estar comprometido con ella. Personalmente creo que sin compromiso no hay alma, y sin alma una novela solo es un libro más, que la gente olvidará igual de rápido que leerá.

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P: Y ¿cómo calificarías a tu obra literaria? ¿Cómo te presentarías ante un lector o lectora que llegue por vez primera a ella?

R.: Realista. Creo que la característica principal de mi obra literaria es el realismo, siempre con la máxima verosimilitud posible como objetivo prioritario y con personajes ordinarios que hablen y actúen como lo haríamos cualquiera. Me gusta además documentarme a fondo y escribir apoyándome en esos personajes, que se van a mover siempre en un trasfondo que va a estar muy desarrollado. Opino que, con una buena ambientación y unos buenos personajes, cualquier historia puede merecer la pena ser contada.

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P: Por lo que nos cuentas, eres un escritor metódico que planea en detalle su obra pero ¿hay espacio para la intuición, las ideas sobrevenidas o los giros en el argumento provocados por los propios personajes?

R.: En realidad soy metódico en cuanto a los rasgos generales de la obra, sobre todo en cuanto al dónde empieza y hacia dónde quiero que vaya, pero el desarrollo de mis novelas tiene bastante libertad. Básicamente yo lo que hago es crear el mundo, crear a los personajes y dejar hacer a estos últimos. De ese modo consigo que hasta a mí me sorprenda la historia, pero con decisiones que siempre van a ser orgánicas y lógicas dentro de la coherencia interna de personajes e historia. No hay nada que odie más que un «Deus ex machina».

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P: Controlar la obra, que no se vaya de las manos pero, sin embargo ¿cuál es tu mayor terror cuanto has terminado y publicado? ¿Los errores gramaticales, la maquetación, la portada…?

R.: Que algún día vuelva a leer la novela y no me guste o me parezca mal escrita. Por eso no suelo volver a leer las novelas que ya he publicado, para no frustrarme y dejar de escribir.

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P: ¿Qué autores han influido o influyen en tu obra? ¿A quiénes destacarías en el panorama actual?

R.: Creo que mis dos grandes referentes son Galdós, por la importancia que le da al contexto social y a los personajes cotidianos; y Hemingway, por su manera de narrar y su costumbre de crear mundos llenos de detalles que enriquecen la experiencia lectora.
Del panorama actual destaco a Posteguillo y a Pérez-Reverte, que son dos autores que me suelen gustar bastante.

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P: ¿Qué proyectos literarios tienes para el futuro? ¿Te has marcado objetivos a medio y largo plazo, o vas paso a paso?

R.: Voy paso a paso, ya que la escritura sigue siendo para mí poco más que una afición. Pero en estos momentos tengo varios proyectos empezados, entre ellos la segunda parte de la saga de La decadencia de un mundo, una novela negra sobre un asesino en serie y una novela histórica ambientada en época romana. Espero poder irlas publicando en los próximos años, aunque la novela histórica va para rato.

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P: Tal y como está el mercado editorial y con librerías que cierran debido a la crisis provocada por la pandemia ¿cómo ves el futuro del libro? ¿Se impondrá de forma definitiva el formato digital sobre el papel?

R.: Esta situación está dejando muchas incógnitas de cara al futuro, pero creo que nunca terminará de imponerse del todo el formato digital sobre el físico, sino que más bien se acabará encontrando un equilibrio entre ambos. Yo, por ejemplo, sigo siendo un habitual del papel, tanto como lector como escritor.

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P: Cuando escribes ¿piensas en lo que puede gustar al lector o solo escribes lo que te gustaría leer, o buscas ambas cosas?

R.: Escribo lo que me gustaría leer porque antes que escritor soy lector. Además, creo que si te gusta lo que escribes llegarás con más facilidad a esos lectores con los que compartes gustos, ya que si te gusta a ti habrá a más gente a quien le guste. Lo contrario, escribir pensando en qué gustará, me parece un poco mercenario.

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P: Y sobre gustos ¿qué tipo de literatura prefieres? ¿Algún género en concreto, o leer de todo?

R.: Leo un poco de todo, aunque tengo especial predilección por la novela histórica y, desde hace algunos años, también por la novela negra y el thriller.

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P: Y, para terminar, y agradeciéndote el tiempo que nos has dedicado, porque el espacio se nos acaba ¿Hasta dónde quieres llegar en la literatura? ¿Es un objetivo de por sí o solo una faceta o afición más en tu vida?

R.: Por el momento la escritura es solo una afición y quiero que siga siendo así. Disfruto mucho escribiendo y compartiendo con otras personas las historias que se me ocurren, pero a veces pienso que, si algún día dejara de ser una afición, dejaría de gustarme escribir y seguramente acabaría abandonando esta actividad. Aunque no puedo negar que, como autor, me gustaría que mi obra tuviera algún tipo de repercusión futura, pero no es mi objetivo.
Gracias a vosotros por darme esta magnífica oportunidad de poder hablar de mi faceta como escritor. Ha sido todo un placer.

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