A cántaros

Miguel Rubio Artiaga

The Storm (1899)-Ivan Constantinovich Aivazovsky

 

 

 

 

Decía el trovador
“Tiene que llover a cántaros”
lo dijo cuando la tierra
estaba tan seca
por falta de lluvia
como de libertad.
No era cuestión de lloviznas
ni de sirimiris serenos,
para que la libertad germinara
hacían falta tormentas
con rayos terribles y justicieros
capaces de hundir catedrales,
parlamentos y palacios
en sus mismos cimientos.
Relámpagos que hagan brillar
para saber dónde viven
los relojes de oro blanco
de esos inhumanos
que al pasear por la calle
se inclinan hasta los cajeros.
¡Que los relojes les corten las manos
al ritmo dominante de los truenos!
Que sean tantos los cántaros
y que caigan con tanta fuerza
que todo sea nuevo y justo,
que el aire huela a limpio
cuando acabe la tormenta.

 

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