Miguel Rubio Artiaga

Baika Shokinzu-Ito Jakuchu (1716-1800)
De la nieve disfrazada
de carbón en pétalos
al unirse con el agua,
incesto sacralizado,
nacieron los lotos negros.
Nenúfares enlutados
que contrastan al paso
de carpas anaranjadas
y ranas esmeraldas
que bailan juntas
donde el estanque sereno.
Loto negro, veneno astral
de la leyenda milenaria,
el que te pone alas
y te lleva a volar
entre puestas de sol
e islas imaginarias.
Flor de terciopelo
con el aroma enamoradizo
de un cupido travieso.
De los montes de pizarra
y rocas de azabache
empapadas en lluvia
brotaron los jazmines negros.
Crespones las oscuras flores
con su perfume estelar
que entrando por la ventanas
ahuyenta las pesadillas
y colorea los sueños.
Jazmín negro, alquimia de fábula,
quimera de mandrágora
compositor de mantras.
Te convierte en espuma de mar
en la cresta de las olas
y te lleva a navegar.
Corona del minotauro
que con hojas de laurel
te hace sentir inmortal.
De los almendros encalados
clavados en tierra blanquecina
donde hasta las piedras
moldeadas por esclapes de brisas
y pintados por girasoles
son de formas amarillas.
Espejismo de ensalmos
hace mucho tiempo olvidados
en el secreto de sus semillas.
Flor de almendro embrujada
copo de nieve hechicero
y reflejo de la belleza cifrada
en un lenguaje perdido
que solo los troncos viejos
recuerdan oídas a sus ancestros
algunas extrañas palabras.
