“Miami Blues” de Charles Willeford

Violeta Balián

Willeford II

Allá por los años 60, cuando John D. MacDonald iniciaba la tónica de la novela policíaca en la Florida, y hacia mediados de los 80, momento en que se desataba el “boom” en el género de la novela negra, residió y escribió en Miami Charles Ray Willeford III (1919-1988), un escritor dotado y elegante cuyo trabajo establecería una línea directa con ese tipo de narrativa.  Hoy, casi cuarenta años más tarde, la asociamos libremente con la ciudad de Miami y la región en general.   A este escritor norteamericano de narrativa, poesía, autobiografía y crítica literaria se lo reconoce particularmente por las novelas que protagoniza el “duro” detective Hoke Moseley  a partir Miami Blues (1984), el primer libro de la serie.  La novela, considerada hoy en día como un verdadero clásico ha sido uno de los trabajos más influyentes del género novela negra de su época.

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Miami Blues

John D. MacDonald, el escritor, comentó en cierta ocasión que en la Florida “la gente siempre viene de algún otro lugar”.  Se refería no sólo a los exiliados cubanos sino también a los magnates inmobiliarios, los jubilados crédulos, contrabandistas y aventureros románticos agrupados por su falta de conocimiento de cuán pacífico había sido el lugar antes de su llegada.  Tal fue el caso de Charles Willeford.  Comenzó su vida en Little Rock, Arkansas, perdió a sus padres en la tierna infancia, vivió con parientes en Los Angeles y a los trece años, huyendo de los problemas que acarreaba la Gran Depresión asumió una falsa identidad, se hizo pasar por un muchacho de diecisiete años y por un año entero viajó en tren a lo largo de la frontera mexicana.   Y hasta llegó a Lima, Perú donde se enroló en una universidad de la que lo expulsaron en cuanto se hizo evidente que no había hecho  previos estudios superiores.  En 1935, se enlistó en el ejército y sirvió a su país en las Islas Filipinas, California y Europa.  Durante la Segunda Guerra Mundial se destacó por su heroísmo en combate, razón por la que fue galardonado  y a su muerte, recibió sepultura en el Cementerio de Arlington (Washington, DC).

Pero cuando abandonó su afiliación militar, Willeford se desempeñó en una variedad de oficios: boxeador profesional, actor, entrenador de caballos y locutor radial.  Por un tiempo estudió pintura en Francia,  luego regresó a los EE UU  y se radicó en el estado de la Florida.  En 1964 completó sus estudios de literatura en la Universidad de Miami y posteriormente dictó cursos en humanidades, inglés y filosofía en dos universidades.  Sus funciones como editor asociado de la Alfred Hitchcock´s Mystery Magazine, le valieron un puesto permanente como crítico literario en el matutino Miami Herald.

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El  estilo literario de Charles Ray Willeford

En su género, según sugiere el novelista Steven Erickson, las novelas de Willeford equivalen a los mejores trabajos de ciencia ficción de Philip K. Dick.   “Y aunque no encajen en el género”, como afirma el crítico Marshall Jon Fisher, “el distintivo de la escritura de Willeford es el humor, a menudo “malhumorado”, burlón, cachondo, soez y, en todo lo que concierne al género novelístico, satírico”.  A sus trabajos y personajes se les han aplicado otros términos, entre ellos, extravagantes y estrafalarios y marcados por un desdeño por lo que la gente pudiera pensar.  Erickson agrega que “la cámara no está realmente enfocada en el medio de la escena, sino un poco fuera de ella.”

La narrativa de Willeford es independiente:  no obedece a una trama ni a un lenguaje.  Su prosa es uniforme y la cadencia estable. Y es eso mismo lo que la distingue de la mayoría de las novelas de crimen y suspenso aunque a veces someta a los personajes de forma astuta y excéntrica.  Se dice también que la obra de Willeford se caracteriza “por la carencia de sentimentalismos y melodrama ” y como consecuencia, lo aparta del grupo de escritores policíacos.  ¿Será porque a las emociones las mantiene en “neutro”  a semejanza de los rostros “en blanco ” de sus humanos sociópatas?  Su estilo se complementa con una cuidadosa adicción a los detalles que van sumando una verdad incontrovertible al tiempo que demuestran un conocimiento íntimo de los personajes y sus motivaciones.

En  The Woman Chaser (1960) Willeford ya se destacaba por la estructurada de autoconsciencia que prefigura subsecuentes textos postmodernistas.  Lee Horsley, el crítico literario, explica cómo Willeford al igual que sus contemporáneos, Jim Thompson y Charles Williams, “elabora narrativas enteras  en torno a la presentación satírica del punto de vista masculino…socavando los estereotipos y creando un espacio dentro del cual la mujer fuerte e independiente puede, a veces, ganar partido”.   Y, si bien sus protagonistas no son tan sicóticos como los de Thompson, a la larga, resultan más perturbadores porque dan la impresión de ser normales.   “La mayoría de ellos”, añade el escritor David Cochran,  “se han adaptado a la sociedad americana de la posguerra lo cual, en su condición de sicóticos, les sirve para efectuar una imputación directa a la cultura imperante.”

A lo largo de su vida, lo acompañaron a Willeford una variedad de intereses que refleja fielmente en sus trabajos.  En La Gran Sacerdotisa de California (1956 y 1987) por ejemplo, cita al poeta T.S. Eliot, al Ulises de James Joyce y al compositor Béla Bartók.   En La Herejía de la Naranja Quemada (1971) hace chistes sobre Samuel Beckett entre observaciones y contemplaciones de las fuentes de la pintura Dadá y surrealista.    El escritor Lawrence Block señala que Willeford “combina la sólida novela criminal con una incursión feroz de arte moderno con el objeto de elaborar el chiste más largo y pesado de la historia”.  Y que su escritura también encara diferentes tópicos, de manera explícita y comprometida, como la emergente revolución de los derechos civiles en La Misa Negra del Hermano Springer (1958).  En tanto Woody Haut opina que Willeford “crea personajes que buscan la autonomía pero se resignan, finalmente por la sobrevivencia sin abandonar jamás la perspectiva de la lucha de clases”.  Y en aquellas novelas que protagoniza su detective Hoke Moseley, “utiliza tanto a transgresores como a su propio detective…a modo de “reporteros” para revelar las injusticias de clase dentro de un sistema que aparenta estar preocupado con el dominio y control de la vida humana.”

Mitch Kaplan, librero  y experto en la escena literaria del sur de la Florida, sostiene que  “Miami Blues” lanzó la novela negra de Miami a la era moderna.  Otros, aluden a la “gran deuda” que tienen  con Willeford los escritores floridenses y también los de otros sitios y  la enorme influencia que ejerció sobre todos ellos.  Cabe recalcar que la yuxtaposición de humor y violencia influenció también el trabajo cinematográfico de Quentin Tarantino (Pulp Fiction).  Finalmente, en 2004,  el crítico Jonathan Yardley del Washington Post apuntó que Willeford fue “uno de los más talentosos, interesantes, logrados y fructíferos escritores dentro de una narrativa que el establecimiento literario insiste en encasillar como ficción de “género”.

oldcharleswilleford

Cuenta Betsy, esposa de Charles Willeford, que él tenía un credo que usaba como advertencia a todo aquel que aspiraba a ser escritor:

 “Di la verdad, y te acusarán de escribir humor negro.”

piedepaginacrime

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