Sergio Coello
Cuatro jugadores de parchís tienen la piel puesta sobre el tablero en lugar de las fichas. Respetan el turno a la hora de lanzar los dados de su inocencia y avanzan comiéndose unos a otros. El objetivo irrenunciable es sobrevivir a los otros tres porque sólo uno de ellos llegará el primero a la meta del centro multicolor. Es decir, viven.
