Lucía del Mar Pérez
Los orígenes de la palabra magia son remotos. Proviene del griego mageia, que a su vez podría derivar del persa, un término relacionado con su antigua casta sacerdotal. La raíz magh significa “tener poder”. En sánscrito hace referencia al término ilusión.
La Humanidad siempre se ha servido de la magia, en principio ligada íntimamente a la religión. En las tribus o clanes prehistóricos existía la figura del brujo sanador en comunicación continua con los espíritus: el chamán.
Las antiguas polis griegas contaban con oráculos, como el oráculo de Apolo en Delfos, donde la Pitia o Pitonisa escuchaba las preguntas del consultante y tras realizar el pertinente sacrificio daba las respuestas a un sacerdote que las escribía en verso.
En la Edad Media la magia se relacionaba con la alquimia heredada de antiguas civilizaciones orientales y transmitida a occidente por el mundo islámico. La alquimia era una pseudociencia que mediante la experimentación pretendía encontrar la piedra filosofal, capaz de convertir los metales en oro.
Una figura imprescindible en la tradición mágica es la bruja. Su persecución implacable comenzó en la Edad Media, y se extendió durante toda la Edad Moderna. La cacería inquisitorial aumentó considerablemente con la actitud intolerante del pontífice Juan XXII en el siglo XIV, quien se convirtió en el azote de hechiceras (mayoritariamente mujeres, consideradas seres impuros en conexión directa con Satanás).
En el Renacimiento se desarrolló el Hermetismo, cuyo nombre deriva de Hermes Trimegisto, una deidad sincrética grecoegipcia y legendario alquimista. En 1463 Cosme de Medici encargó la traducción de su obra, contribuyendo así a su difusión.
A las artes adivinatorias de predicción de hechos futuros basados en métodos tradicionales como la observación del vuelo de las aves y la lectura de las entrañas de animales, se sumarían las cartas del Tarot, de plena vigencia en la actualidad.
Pero sin duda hay un tipo de magia con la que convivimos diariamente: el Ilusionismo. Es heredero directo de la magia callejera, una magia cuyo fin es crear un espectáculo de habilidad e ingenio, capaz de producir efectos inexplicables para la razón. Lo imposible se vuelve real, pero es una mera ilusión provocada por habilidosos prestidigitadores, cartománticos o mentalistas.
Estos “efectos mágicos” se desarrollaron en el siglo XVIII, de la mano de Robert Houdin, especialista en escamoteo (hacer desaparecer un objeto para encontrarlo en otro lugar distinto de aquel en que debiera estar o hacer aparecer otro en su lugar). Pero sin duda el mago más famoso fue Harry Houdini (1874-1926), maestro del escapismo.
Y hasta aquí, lo seductor. Lo terrible es lo que viene ahora.
En la actualidad ha florecido toda una casta de ilusionistas maestros es la aplicación de técnicas mágicas. En primer lugar, los Gimnicks, elementos invisibles al público que posibilitan un efecto mágico. Son los datos falseados en una constante manipulación de los medios los que recrean una verdad a medias, una realidad social y económica maquillada por falacias inconsistentes.
En segundo lugar, el antiquísimo Principio de Distracción: El mago dirige su mirada a un punto concreto del escenario y el público invariablemente sigue la dirección de sus ojos, perdiendo momentáneamente de vista lo que el mago-político tiene entre manos. Un truco muy común es la búsqueda de un enemigo exterior al que culpar de los males propios, método habitual para acallar las voces de opositores.
El Principio de Distracción también utiliza el deleite de los sentidos para imponer finalmente una ceguera colectiva, una venda que nos ciega y una mordaza que acalla las protestas. Una política de pan y circo de la que los romanos sabían mucho.
Una óptima ambientación es indispensable para lograr el efecto mágico: un truco es más creíble si la población se encuentra diezmada psicológicamente por una crisis devastadora que va desde el paro a la delincuencia, del desahucio a la subalimentación, de la caridad al suicidio.
Así, algunos grandes escapistas imitan al insuperable Houdini. Él era especialista en liberarse del interior de cajas fuertes arrojadas al mar, de camisas de fuerza colgado boca abajo y esposado, de baúles cerrados con candados y cadenas. El mundo de la política ha dado grandes maestros al mundo del escapismo: aquellos que son esposados y en un abrir y cerrar de ojos logran liberarse de las cadenas de la justicia.
Pero existe una artimaña que provoca la fascinación del gran público: la Luz Mágica que asciende por la punta de los dedos y pasa por todo el cuerpo. Provoca un gran impacto, una gran ilusión, que no es verdadera: porque la verdadera luz es la del conocimiento y la razón, que se halla en nuestro interior y necesita ser liberada. Sólo el conocimiento alumbrará las penumbras del engaño.
